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Piñeiro Docampo
Conchi Basilio
Territorio Comanche

Lágrimas en la lluvia

27-07-2015

Uno de los momentos más perturbadores, poéticos e inolvidables de la historia del séptimo arte podemos encontrarlo en el tramo final de “Bladerunner”, la obra maestra filmada por Ridley Scott que, junto con “Alien”, supuso un punto de inflexión en el devenir del cine de ciencia ficción.         

El parlamento del Nexus 7 Roy Batty, encarnado de manera soberbia por RutgerHauer, es de una rotundidad metafísica y existencial difícilmente superable, por la sencilla razón de que nos concierne directamente a todos. Cualquiera puede verse reflejado en las postreras palabras del androide y extraer sus propias conclusiones.         

Es un momento estremecedor, potenciado por la magnífica banda sonora de Vangelis, que pocas veces uno ha tenido ocasión de contemplar en la gran pantalla. Mientras Roy Batty habla ante un Harrison Ford sorprendido por el cariz de la situación, los espectadores tenemos ocasión de asistir a un emotivo discurso extensible a la vida de todos.         

El célebre parlamento dice: “Yo he visto cosas que no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser y todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. No es necesario añadir nada más para sobrecogerse ante semejante elocuencia.         

La escritora Rosa Montero, por ejemplo, escribió una novela titulada también “Lágrimas en la lluvia” –que ha tenido recientemente una continuación- y cuya principal protagonista –Bruna Husky- en claro homenaje al Roy Batty de “Bladerunner”, es una androide que se dedica a la investigación y que está obsesionada por el tiempo que le queda.         

Quizás a eso se reduce todo: a saber el tiempo que nos queda. A tener conciencia de nuestra frágil condición de seres contingentes,  a asumir dolorosamente la certeza de nuestra caducidad. Uno no sabe muy bien cómo ha llegado hasta aquí y, con frecuencia, nos acordamos de la vida pero también nos preguntamos dónde está todo lo que ha quedado atrás.         

En consonancia con lo que Ridley Scott exponía en la película, el gran Jaime Gil de Biedma escribió un poema titulado “Nunca volveré a ser joven” y que dice más o menos así: “Que la vida iba en serio, uno empieza a comprenderlo muchos años después. Yo vine, como todos los jóvenes, a llevarme la vida por delante. Dejar huella quería, marcharme entre aplausos. Envejecer, morir eran sólo las dimensiones del teatro. Pero tienen que pasar muchos años para que la verdad desagradable asome. Envejecer, morir es el único argumento de la obra”.         

Ya no es necesario añadir nada. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Ángel Varela


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