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Piñeiro Docampo
Mi pluma

¿Asumiendo responsabilidad?

20-10-2016

Han pasado casi más de trescientos días sin la presencia de un gobierno en firme que pudiera intentar atender a los numerosos problemas de los ciudadanos, por cuanto, la falta de dialogo real mostrada por los miembros en funciones unido al motín flagrante en los socialistas ha hecho más delicada aún los posicionamientos políticos para la futura conformación de un gobierno para España.

En sí mismo, la futura abstención del Partido Socialista ha quedado convertido en un verdadero fingimiento, apariencia y teatralización de un movimiento no deseado en aras de conservar la famosa responsabilidad de estado a la que numerosos dirigentes se han referido en los últimos días. Aún resulta más grave cuando determinados personajes como Don Miquel Iceta Llorens siguen defendiendo su derecho de autonegación a pesar de los cambios en la dirección del partido. El partido socialista carece de los elementos de juicio político suficiente para defender a estas alturas su transformismo hacia posicionamientos más conservadores por cuanto sus inclinaciones ridículas y obstinamientos públicos, constantes y notorios hacen quebrar sus propias convicciones y creencias hacia sus decrecidos votantes que los apoyaron en las últimas citas electorales. E incluso, se observa el resurgimiento de Podemos con la dupla directora de Don Pablo y Don Iñigo, con las duraderas disputas por doquier, al convertirlos en la esperanza de oposición inquebrantable para con su programa.

La responsabilidad no es más que el cumplimiento de las obligaciones o el cuidado al hacer o decidir algo, o bien una forma de responder que implica el claro conocimiento de que los resultados de cumplir o no las obligaciones, recaen sobre uno mismo. Por otra parte, podría indicarse como la conciencia acerca de las consecuencias que tiene todo lo que hacemos o dejamos de hacer sobre nosotros mismos o sobre los demás. En cuyo caso, cuando un partido político con esperanzas de gobernar solamente se hubiera presentado con su negativa a todo cuanto representa otras formaciones, sus virajes ideológicos caen en saco roto cuando sus alegorías a la responsabilidad de estado son exaltadas por cuanto dicha posición ha durado más del tiempo indispensable y no ha sido aprobado ni por quienes han depositado su confianza en ellos ni por quienes participan activamente en la formación de los grupos socialistas.

En cuyo caso, la abstención hacia la conformación del gobierno encabezado por el partido popular deberá implicar inmediatamente la celebración del más que esperado Congreso para definitivamente fijar una línea ideológica clara y específica, la obligada renuncia al puesto de más de un dirigente político (o la solicitud de baja del partido y/o posterior ingreso en el grupo mixto, por dignidad, o en el grupo de Podemos al representar parcialmente las promesas con las que se presentaron) e iniciar definitivamente la renovación del partido en la totalidad de las formaciones socialistas nacionales, sin excepción alguna ni personalidad que lo niegue. Si el partido político que hasta el día actual más ha gobernado en España desea volver a convertirse en una posibilidad de gobierno, sería necesario un impulso profundo en todos los niveles para convencer y parecer a sus votantes presentes y futuros.

Resulta impensable que únicamente la elección de un nuevo secretario general o un futuro candidato para la presidencia del gobierno significara para la ciudadanía el deseado cambio que durante tanto tiempo han postergado, con la salvedad que deseen seguir en la línea continuista y decreciente que en número de votos se refiere.

Considero que los españoles no dispongan únicamente de una formación no populista ni de una creíble alternativa de gobierno para los tiempos convulsos que se avecinan. Si por alguna cuestión se ha caracterizado el partido socialista ha sido por la alternatividad política a los gobiernos del partido popular y a postulados más arriesgados de la izquierda, por cuanto dicha sensatez en tiempos demostrada ha sido perdida como consecuencia de la indefinición de sus fundamentos, proposiciones e idiosincrasias.

Ciertamente, la formación de un gobierno para España es primeramente la necesidad obligada impostergable, pero a continuación la reflexión socialista no debería postergarse indefinidamente a no ser que la próxima cita electoral hayan decidido desalojar sus propios escaños mediando la conversión en partido minoritario.

Carlos Mallo


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