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José Manuel López García
Piñeiro Docampo
José Antonio López Rodríguez

Evocando a Jovellanos

27-03-2019

El comienzo de la primavera es un tiempo ideal para perderse por los jardines del Pazo de Santa Cruz de Ribadulla, en la ribera coruñesa del río Ulla, muy cerca de Santiago de Compostela. El pazo es conocido también como casal o granja de Ortigueira.

La otra orilla del Ulla, el río salmonero que desemboca en la ría de Arousa, pertenece a la provincia de Pontevedra. Relativamente cerca está el coto salmonero de Ximonde.

Haciendo honor a su nombre, a la entrada del pazo hay un cruceiro y después está la puerta del recinto amurallado coronada también por una cruz. En Santa Cruz de Ribadulla hay capilla, que es iglesia parroquial desde mediados del siglo XVI. Tiene un precioso retablo del Santo Cristo y Nª Sra del Rosario. Entre la capilla y la casa hay un magnífico ejemplar de ombú o bellasombra. Un espectacular camino flanqueado de olivos centenarios da acceso a la explotación agropecuaria en la que destaca el cultivo de camelias.

En su jardín umbrío, además de camelias y setos de boj, hay magnolios gigantes, tulíperos de Virginia, palmeras Washingtonias y otras muchas plantas ornamentales. Hay fuentes y estanques con nenúfares y cantidad de rincones para extasiarse en la contemplación de las flores. La cascada de agua de un riachuelo que lo atraviesa junto al canto de infinidad de pájaros, aportan la sonoridad complementaria en este jardín de ensueño. 

Recorriendo los senderos del tupido jardín, hay un recodo con una mesa y un banco de piedra cubiertos de musgo frente a un pequeño manantial de agua.

Allí, dice la tradición, que Gaspar Melchor de Jovellanos firmó los Apéndices a la Memoria en defensa de la Junta Central. Fue en la primavera de 1811. Esto confiere al jardín un atractivo especial recreando la época y lo que se ha escrito de aquella estancia. Final del siglo de las luces, comienzos del XIX, la guerra de la Independencia… 

Jovellanos, empezó su vida profesional como juez en Sevilla, y en Sevilla en 1808 fue miembro de la Junta Central que asumió el poder en ausencia de Fernando VII, negándose a aceptar al Rey intruso José I. Hasta que Sevilla fue invadida por el ejército de Napoleón y la Junta se trasladó a Cádiz. Al disolverse la Junta Central y convocarse Cortes constituyentes en Cádiz, Jovellanos, mayor y enfermo por los años de cárcel en Mallorca, embarca con destino a su Gijón natal. Al parecer un temporal le obligó a desembarcar en Muros. 

Decide entonces escribir a su amiga la Marquesa de Santa Cruz de Ribadulla, Petra Guerra Briones, que lo recibe en su pazo. Allí se somete a un tratamiento contra la tisis a base de leche de burra. Fue a mediados de abril de 1811 y permaneció en la finca hasta principios de julio. Moriría a finales de ese año ya en Asturias. 

El Marqués, Juan Ignacio Armada Mondragón, estaba ausente preparando el Batallón de Estudiantes de Santiago que intervendría en la guerra. La bandera se conserva en la biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela, en cuya Catedral está enterrado en la Capilla de Mondragón también llamada de la Piedad y de Santa Cruz.

Al parecer, Jovellanos pasó en Ortigueira una agradable primavera, su última primavera, pese a la tos que no le dejaba dormir.

Había sido ministro ilustrado de Carlos IV. Godoy lo mandó a prisión. Al salir de la cárcel en 1808, sus amigos afrancesados y entre ellos Cabarrús, le ofrecieron entrar en el gobierno de José I, pero no aceptó. Además tuvo que defenderse de los ataques de absolutistas y liberales. Se definió a sí mismo como católico, español, monárquico y demócrata. Afirmó en sus escritos que la política, considerada como el arte de gobernar a los pueblos, no puede tener otro fin que el de su felicidad. 

La paz y el sosiego de aquella primavera en Santa Cruz de Ribadulla permitieron que aquel hombre moderado y reformista del siglo de la ilustración terminara de escribir sus Memorias en defensa de la Junta Central que finalmente se imprimieron en Coruña.

José Antonio López Rodríguez


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