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José Manuel López García
Piñeiro Docampo
Paso de tu rollo imaginario

Amar como acto revolucionario

10-06-2019

Decir que el matrimonio homosexual no tiene tradición en Galicia, es lo mismo que decir que el Reino de Galicia es una fantasía moderna del nacionalismo gallego: negar lo evidente. En 1901 tuvo lugar la primera y, hasta ahora, única boda lésbica por la iglesia. Su acta de nulidad nunca se llegó a firmar. Hoy, 118 años después, la historia de Marcela y Elisa está más viva que nunca gracias a la película de Isabel Coixet. Además, los premios Marcela y Elisa, celebran su XV edición, de la mano de A.L.A.S. A Coruña. 

Puede que en aquella época no lo supieran, pero aquel 8 de junio de 1901, tuvo lugar el acto revolucionario de amor más importante de nuestro país protagonizado por dos mujeres: la primera boda homosexual de la historia moderna. Fue en la parroquia de San Xurxo, en A Coruña, donde una pareja formada por dos mujeres, engañó al párroco para que las casase, 104 años antes de que se aprobase el matrimonio entre personas del mismo sexo en nuestro país.

La historia de Marcela Gracia y Elisa Sánchez no es solo la historia de un matrimonio insólito. Es la historia de dos mujeres que, a pesar de poder vivir una vida heteronormativa como dos maestras que vivían juntas, eligieron la vía revolucionaria, haciendo lo imposible para casarse tras doce años de relación. Haciendo frente a una sociedad conservadora y católica para poder vivir libremente. Relación que posteriormente terminó siendo uno de los mayores actos simbólicos de la lucha contra la discriminación sexual, el feminismo y el travestismo en nuestras fronteras.

Y digo travestismo porque quedan muchas incógnitas en el aire respecto a Elisa/Mario. Varias informaciones detalladas por un familiar, afirmaban que Elisa en realidad se sentía un hombre. Así como testimonios de varias antiguas alumnas de la escuela donde Marcela daba clase, que destacaban el carácter masculino de Elisa. Pero debido a la época en la que se recogen estas afirmaciones, debemos pensar que Elisa era tan sólo una mujer lesbiana, que se travistió para poder casarse con la mujer que amaba. Acto que, si cabe, hace aún más grande esta apasionada historia.

“El matrimonio sin hombre” fue uno de los titulares más sonados en aquella época, cuando las descubrieron y tuvieron que huir (con Marcela embarazada) a Portugal, después de ser humilladas y ridiculizadas en el pueblo donde ambas vivían, Dumbría.

Fue gracias a un grupo feminista de Oporto que exigió su liberación, recaudando fondos para las dos mujeres y su bebé, que huyeron a Argentina a empezar una nueva vida. Aunque según las investigaciones, tampoco allí les fue bien.

Son muchas las teorías de lo que pasó después, afirmando que terminaron malviviendo como criadas. hasta que Elisa se casó con un danés llamado Christian Jensen, para poder mantener a su verdadera familia. Tampoco salió bien y fueron descubiertas.

Finalmente, Elisa fallece en Buenos Aires a causa de un cáncer, aunque algunas teorías, dicen que se suicidó. El final de su mujer, es todavía más confuso. Marcela desapareció y algunas investigaciones, dicen que terminó sus días en un convento.

No es de extrañar que en Galicia celebremos el día de la visibilidad lésbica el 8 de junio (iniciativa promovida hace dos años por el BNG junto a Galiza Nova). Como tampoco es de extrañar que Galicia tenga un día especial para la visibilidad de las mujeres LBT, no sólo por el aniversario de este acontecimiento histórico, sino por la necesidad del colectivo lésbico que, a día de hoy, sigue pagando un alto precio por su visibilidad.

No sólo por el hecho de ser mujeres, sino también por su condición sexual, sufriendo una cosificación desmesurada para satisfacer las fantasías sexuales del hombre blanco hetero cis básico. No sólo en la calle, donde sufren agresiones constantes y machistas legitimadas por un sistema capitalista, patriarcal y cisheteronormativo, sino también en las consultas de los médicos o en algunas instituciones, que protegen con mano de hierro el modelo estándar de familia.

Pero en Galicia somos combativas y lucharemos día a día contra la lacra de una sociedad que deja a un lado a las que más lo necesitan. Plenamente conscientes de que todavía queda mucho camino por recorrer, cada vez somos más las que sostenemos la necesidad de unir colectivos que alcen su voz contra estos ataques comunes de una sociedad misógina que perpetúa sus ataques con políticas reaccionarias y heteropatriarcales.

Astronautico


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