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José Manuel López García
Sociedad

El Servicio de Voluntariado Europeo permite a los jóvenes gallegos viajar sin gastarse un euro

Varias ONGs ofrecen la posibilidad de conocer culturas diferentes a cambio de ayuda y pagando sólo el avión

27-08-2006

Viajar por Europa sin tener que preocuparse por gastos de avión, alojamiento o manutención es posible cuando cuentas tan sólo entre 18 y 25 años. Basta con inscribirse en el Servicio de Voluntariado Europeo. Eso sí, el tiempo mínimo de permanencia es de seis meses. Más que de unas vacaciones, se trata de un viaje con el que se adopta un mayor compromiso. A través de una organización de envío y de otra de acogida, que facilita el alojamiento y la manutención, este servicio gestiona el programa de voluntariado. Amigos da Terra es una de estas organizaciones de envío que ayudó a Sonia Méndez a cumplir su deseo de viajar a Grecia. Sonia conoció este programa mediante una charla en la Facultad de Derecho de Ourense, y aprovechó para irse a una de las ciudades más importantes de este país una vez que acabó la carrera. El día a día no consistía sólo en organizar festivales, la celebración del Carnaval o de la Navidad en Grecia, objeto del proyecto cultural de voluntariado en el que estaba inscrita. Por las tardes asistía a clases de griego moderno y contaba con tiempo libre para poder viajar incluso a Estambul. Esta experiencia supuso una oportunidad única de viajar "vivindo nunha comunidade local", de forma que era mucho más fácil aprender la lengua y las costumbres culturales que como turista. La única dificultad con la que se encontró al principio fue la comunicación. Pero se adaptó tan bien que piensa regresar en septiembre para dar clases de español. Lamentablemente, el servicio de voluntariado no permite una segunda vez. Sin embargo, si lo que se busca son alternativas para un par de semanas de vacaciones, los campos de trabajo dan en el clavo. El abanico de destinos es muy amplio, pudiendo elegir entre municipios gallegos, comunidades autónomas o países tan dispares como Corea del Sur, Finlandia, Japón, Turquía, Serbia, Alemania o Marruecos. En ellos pueden participar personas de hasta 30 años, que pagarán unos 70 euros en concepto de inscripción. A cambio de ayuda en tareas arqueológicas, de reconstrucción, ambientales o culturales, se ofrece comida y alojamiento. Para participar en algunos campos de trabajo en el extranjero se exigen requisitos, como conocimiento de inglés. ONGs Una vez superada esta edad, las ONGs constituyen una posibilidad económica a la vez que distanciada del turismo de sol y playa tradicional. A ellas acuden no sólo jóvenes sino también gente madura que busca vivir una experiencia distinta durante sus vacaciones conociendo la realidad de otros países. El primer paso es ahorrar para el avión y acercarse a alguna organización que ofrezca esta posibilidad, como Amarante, Ayuda en Acción, Interred o Solidaridad Internacional. En algunos casos es tan sencillo como apuntarse en el grupo en el que aún queden plazas y asistir a una charla informativa. Así se hace en Solidaridad Internacional, que entre sus destinos ofrece desde Honduras al Sáhara y desde Ecuador a República Dominicana, con precios que rondan entre los 1.400 y 1.700 euros. En todos estos países la organización cuenta con algún programa de cooperación permanente, en el que colaborarán los voluntarios durante unas tres o cuatro semanas. Nacho viajó con ellos a Ecuador, ayudando en distintos proyectos de dinaminación y conviviendo con la comunidad indígena. Este periodista, veterano en esta forma de viajar, visitó también Honduras y Brasil con otras organizaciones. Tras el viaje, Nacho vuelve "coas pilas cargadas" y motivado al ver que la difusión que hace aquí de fenómenos como el Movimiento de los Sin Tierra tiene su materialización al otro lado del Atlántico. Además, siempre hay algo que aprender, como la generosidad y el "respecto e a educación" a la hora de relacionarse de los indígenas latinoamericanos, costumbres que "aquí se están perdendo". El programa Xanela ó Sur, promovido por Amarante, consta de tres fases, de formación, convivencia con comunidades latinoamericanas entre julio y agosto y una evaluación posterior. El ansiado viaje no se reduce a una experiencia estival. Algo tentador para educadores sociales como Noelia. Durante un mes y medio, se dedicó a visitar las comunidades de Brasil como voluntaria para apoyarlas "politicamente". Pero tanto en su pequeña odisea como en la de algunos conocidos, la compañía estaba compuesta por informáticos, abogados o artistas, "aínda que abunda o perfil social". Cualquiera que sea la opción elegida, los voluntarios regresan a casa con la maleta llena de experiencias y con la satisfacción de unas vacaciones sin horas perdidas.





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