El español Imanol Erviti, del Caisse D'Epargne, remató con victoria una gran
faena en solitario en el tramo final de la décima etapa de la Vuelta disputada
entre Tarragona y Vilanova i la Geltrú, de 175,7 kilómetros. En ella, Joaquim
"Purito" Rodríguez (Katusha) se convirtió en maillot rojo merced a dos segundos
de bonificación que arañó en un esprint intermedio.
Erviti prolongó la fiesta
en del Caisse D'Epargne, en sus últimos coletazos en el pelotón antes de cambiar
de nombre. David López conquistó Alcoy en solitario, y el navarro, de igual
manera, se presentó en meta para celebrar su segundo triunfo en la Vuelta, dos
años después de su estreno en Las Rozas.
El discípulo de Unzue cruzó la meta
con 37 segundos de adelanto sobre un grupo de 7 corredores que compartieron con
él la fuga del día, con los belgas Romain Zingle (Cofidis) y Greg Avermaet
(Omega) a la cabeza. Su primer pensamiento fue para Isaac Galvez, su compañero
de equipo que murió en Gante en el Mundial de pista hace 4 años.
A 1.38
minutos se presentó el grupo principal con Purito Rodríguez como líder real y
verdadero, sin sorpresas arbitrales, por un solo segundo, que le sobró para
saciar su sed de liderato. El catalán, por fin, pudo dedicar a domicilio la roja
a todos sus paisanos y familiares. Se quitó la pena de llegar a Cataluña a
rebufo de Igor Antón, que felicitó a su rival y se mostró tranquilo por quitar
un peso de encima al Euskaltel.
A sus 31 años, el antiguo gregario de
Valverde en el Caisse D'Epargne, dio otro salto en su palmarés, florido desde
que es jefe en el Katusha ruso. Esta temporada está sembrado, con triunfos en la
Vuelta a Cataluña, Gran Premio Indurain, una etapa en la Vuelta al País Vasco y
la perla del Tour de Francia con el triunfo en Mende. En la Vuelta ya está
líder, con un segundo sobre "Fuji" Antón y 3 respecto a Nibali. "Una sensación
increíble" para Quim.
La etapa inolvidable para el medallista de bronce en el
pasado Mundial, comenzó a toda mecha, a cincuenta por hora. El aliciente se
encontraba en el Rat Penat (murciélago en catalán), un puerto inédito en el
ciclismo profesional que es donde van a realizar ejercicios de masoquismo los
cicloturistas de la zona. Dicen que van al "infierno".
Pero no estuvo la
clave en ese puerto del Garraf, cuyas vistas nunca abandonan la costa. La clave
de la cuestión y del cambio de liderato fue el esprint anónimo de Valls, a 41
kilómetros de la salida. Purito pasó tercero y pescó 2 segundos de propina.
Suficientes para hacer el día.
Luego se formó la escapada de turno. Numerosa,
con 12 corredores: Allí estaban Erviti, Kadri (AG2R), Moreno (Andalucía), Erviti
(Caisse d'Epargne), Zingle (Cofidis), Cheula (Footom), Le Mevel (FDJ), Mori
(Lampre), Finetto (Liquigas), Ten Dam (Rabobank), Lund (Saxo Bank), Gilbert y
Van Avermaet (ambos Omega Pharma).
El Katusha empezó a ejercer de equipo de
líder. Mantuvo la fuga a raya, sobre todo por la presencia incómoda de Gilbert.
También llevó el ritmo cuando empezaron los terribles 4,8 kilómetros del Rat
Penat, con sus rampas de hasta el 23 por ciento. Los favoritos aguantaron a
rueda del los hombres del equipo ruso, que redujeron el grupo a menos de la
mitad.
Coronaron en cabeza el inédito Rat Penat el español Javier Moreno y el
francés LeMevel, con 2.15 de renta sobre el grupo de favoritos.
Hasta la meta
31 kilómetros con un descenso casi tan duro con el ascenso, con rampas
intercaladas. Bajando se unieron 7 corredores de la escapada
anterior.
Demarró Imanol Erviti en plena bajada, en busca de la gloria que
conoció David López antes de la jornada de descanso. Una carretera descarnada,
tortuosa, con subidas sorpresa intercaladas, un paraje bello, especial, de ahí
que en las proximidades se haya instalado una comunidad budista. Buen lugar para
la reflexión y la paz mental, dicen.
"Siempre pensé en meterme en esta
escapada cuando vi que se disputaba esta etapa y la marqué" dijo Erviti, un
rodador de postín que un día apostó por el premio gordo y la suerte le sonrió.
El murciélago no le metió el miedo en el cuerpo, le hizo andar si acaso, más
deprisa. Fueron a por él los depredadores que pretendían la misma presa, pero no
le alcanzaron. Gálvez bien se merecía otro homenaje.