En el libro más reciente de José Antonio Marina, titulado La vacuna contra las adicciones, el autor pone el énfasis en aquellas actitudes que empoderan a las personas ante los problemas y dificultades de la vida. Afirma este gran profesor y filósofo que el problematismo de la existencia es consustancial a ella y no puede ser remediado. Es la expresión de la realidad humana y de la propia naturaleza.
Desde su experta perspectiva una de las claves para una vida más armónica y feliz es la capacidad resolutiva y la competencia heurística o interpretativa. Está en lo cierto. Ante los problemas lo apropiado no es simplemente pretender que no se presenten. Se trata de buscar soluciones y afrontarlos de frente y con decisión y valentía. Es un planteamiento que se fundamenta en la fortaleza emocional y que se puede aprender.
La voluntad, indica Marina, se enseña y aprende. No nacemos necesariamente con una gran fuerza de voluntad y con mucha determinación. Son habilidades que se aprenden y desarrollan para impulsar una vida dirigida por la razón o la inteligencia. En cuanto a la atención voluntaria permite comprender los problemas y también orientar la inteligencia hacia los objetivos elegidos, para convertirnos en los auténticos creadores de nuestra propia vida.
Los deseos forman parte de una dinámica vital que proporciona una fuerza de motivación que es indispensable para aportar energía y dirección en las acciones y conductas para alcanzar los objetivos deseados. El libro parte de la idea de que todos los seres humanos somos vulnerables de una forma u otra a lo largo de la existencia. En este sentido, desde el planteamiento de Marina todos somos dependientes en distintos grados. Me parece un enfoque realista y valiente que expresa que no somos dioses, sino simples humanos.
El deseo de ampliar constantemente nuestras posibilidades es lo propio del ser humano. Es entendible, porque la inteligencia y la imaginación nos abren un inmenso mundo de posibilidades a elegir para nuestra realización personal. Marina pone de relieve la falsa solución que ofrecen las drogas, el juego y las conductas adictivas o compulsivas, que en realidad no resuelven los problemas. En realidad, los agravan. Algunas personas interpretan las conductas adictivas como una forma de soportar sufrimientos psicológicos, pero no es lo adecuado para salir de esas situaciones.
Una de sus afirmaciones es que cuanto menor sea la competencia heurística o interpretativa de una persona, mayor será su vulnerabilidad ante las conductas adictivas. Se trata de aumentar la capacidad para identificar problemas y también de generar posibilidades nuevas y encontrar soluciones. Los problemas son también oportunidades para saber de qué estamos hechos y para construir una vida mejor. No sabemos lo que podemos superar hasta que no surgen las situaciones problemáticas. Se deben imaginar alternativas y actuar buscando soluciones efectivas. La lucha es clave en la vida.
Es decisiva la educación de las personas, de tal manera que se fortalezcan sus capacidades psicológicas. De este modo, pueden afrontar los problemas sin recurrir a soluciones destructivas como son las adicciones. Considera que vivimos en una sociedad adicta al consumo y organizada alrededor de la excitación permanente. Utiliza la expresión capitalismo libidinal, ya que el sistema económico aprovecha y estimula los deseos, porque el deseo permanente favorece el consumismo en una sociedad muy materialista.
José Antonio Marina afirma que lo mejor es actuar, no lamentarse. Podemos elegir la persona que queremos ser y desarrollar el proyecto de vida que tenemos en nuestra mente.
Los hábitos pueden aumentar nuestra capacidad de acción y esto es realmente decisivo. Los malos hábitos, en cambio, son perniciosos y deben ser evitados a toda costa. Según Marina, no nacemos siendo libres, sino que aprendemos a serlo. La libertad se construye con decisiones inteligentes.
La verdadera libertad precisa de la deliberación racional para coordinar adecuadamente los deseos y las acciones bajo la dirección de la inteligencia. La voluntad también es esencial, pero debe estar apoyada en la razón, que modula las emociones y da energía y orientación a la conducta. La voluntad es una capacidad que se aprende desde la infancia.
En relación con la inmunología mental, escribe Marina en su libro, es necesario que las personas se defiendan contra tres tipos de patógenos: noticias falsas, virus mentales y marcos de insensatez. La filosofía adquiere un papel protagónico en detectar y desmontar esas falsedades antes de que condicionen nuestra forma de pensar.
La verdad no debe ser devaluada ni relativizada. Esto produce desconfianza y negatividad. La política se fundamenta en la posibilidad de alcanzar acuerdos que beneficien realmente a la sociedad y a todos los individuos. Los más vulnerables, indica Marina, son los que deben ser más atendidos en sus necesidades. Es lo prioritario. No alcanzar acuerdos políticos positivos aumenta la vulnerabilidad y esto es algo que no debe suceder en ningún país que se considere democrático.
La capacidad ejecutiva de una persona es clave. La personalidad resuelta o resolutiva que propone Marina no es solamente un sujeto capaz de gobernarse a sí mismo. Es quien contribuye al bienestar general. La felicidad, para este filósofo, es desarrollar y ampliar nuestras posibilidades vitales. Ver video
José Manuel López García