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José Manuel López García
Jesús Antonio Fernández Olmedo
Mi rincón

Vivir no puede ser un lujo

28-09-2026

Hay cifras que pueden ser tranquilizadoras cuando se contempla desde un despacho, pero que adquieren otra dimensión cuando se enfrentan a la realidad de quien tiene que llegar a fin de mes contando cada euro. 

El último dato oficial disponible sitúa la inflación en España en el 4,3%. Es la tasa interanual correspondiente a agosto de 2026 y supone siete décimas más que en julio, además de ser la más elevada desde febrero de 2023. Los alimentos y bebidas no alcohólicas registran una subida del 2,3% mientras que el transporte alcanza el 9,5%. También la vivienda sigue experimentando incrementos. 

Ante esta realidad, surge una pregunta que merece una respuesta mucho más humana que matemática: ¿cómo vive una persona jubilada con una pensión pequeña? Porque no basta con decir que las pensiones se revalorizan. Hay que mirar cuánto cuesta vivir. 

Una pensión no se destina únicamente a comprar alimentos. Hay que pagar la vivienda, y algunas personas todavía afrontan una hipoteca. Hay comunidad, electricidad, agua, calefacción, seguros, teléfono, transporte, impuestos, medicamentos y otros gastos que aparecen sin pedir permiso. Y cuando llegan los años, tampoco desaparecen las necesidades de salud ni los pequeños imprevistos que pueden desbaratar un presupuesto cuidadosamente calculado. 

La legislación establece que las pensiones contributivas se revaloricen anualmente tomando como referencia la media de las tasas interanuales del IPC de los doce meses previos a diciembre del año anterior. Así se determinó, por ejemplo, la subida general del 2,7% aplicada a principio del 2026. 

El problema no está en que exista una fórmula. El problema está en preguntarse si esa fórmula refleja suficientemente la realidad de quienes tienen menos margen económico. 

Porque una media es eso: una media. Pero la vida de una persona con una pensión pequeña no se desarrolla en una hoja de cálculo. Si buena parte de sus ingresos se destinan a gastos esenciales, cualquier incremento de los precios pesa mucho más que sobre quien dispone de un colchón económico. 

Y hay algo más que no debería olvidarse. La cifra de revalorización se aplica sobre la pensión bruta. Después, dependiendo de las circunstancias y de la cuantía percibida, existe una retención fiscal. Por tanto, no siempre todo el incremento anunciado se traduce en la misma cantidad disponible para gastar. Mentiras piadosas. 

Imaginemos una pensión de 1.000 euros y una hipotética subida del 3%. Son 30 euros brutos más al mes. Treinta euros que pueden parecer una cantidad apreciable sobre el papel, pero que falta el descuento fiscal. En la practica desaparece y no alcanza para el pan diario de cada día del mes. Seguido viene la compra, factura de la luz, un medicamento, todos los gastos derivados de una casa o cualquier imprevisto inesperado. 

Y mientras tanto, la inflación puede seguir cambiando. El dato de agosto no permite saber todavía cuál será la referencia definitiva para enero del 2027. Faltan meses por contabilizar y nadie debería presentar hoy como definitiva una cifra que aún no lo es. Pero precisamente por todo esto y teniendo en cuenta que la situación tiene visos de no tener un final a corto plazo.  

Los precios continúan aumentando y para el 2027 seguirán por el mismo camino. Lo más adecuado sería un calculo real al IPC, no un promedio del año que ya ha acabado. 

No se trata de pedir privilegios. Se trata de hablar de suficiencia y de dignidad. 

Quien ha trabajado durante décadas no debería llegar a la jubilación para descubrir que debe elegir entre llenar la cesta de la compra, mantener la casa caliente, pagar la vivienda o afrontar un gasto médico. Y tampoco debería confundirse una subida nominal con una mejora real. Si los ingresos aumentan, pero los precios de aquello que resulta imprescindible aumentan igual o más, la capacidad de compra no mejora en absoluto. 

Por eso, cuando llegue el momento de fijar la revalorización de las pensiones para 2027, sería bueno mirar algo más que el porcentaje que aparecerá en los titulares. Habría que mirar también la cesta de la compra, las facturas, la vivienda y las necesidades reales de quienes tienen menos recursos. 

Porque vivir no puede convertirse en un lujo reservado a quienes tienen suficiente dinero para permitírselo. Y una pensión pequeña no debería condenar a nadie a vivir permanentemente haciendo cuentas para sobrevivir. 

Porque la pensión es un derecho adquirido, después de décadas de trabajo.

Conchi Basilio


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