La deriva que van tomando ciertos temas es alarmante.
Los poderes se apresuran en firmar contratos para gastar más en material militar, gastar aún más en defensa que nunca.
Mirando siempre al supuesto enemigo Ruso se justifican todas estas inversiones en la industria de la muerte que superan ampliamente las inversiones en vivienda pública.
Parece que unas cosas van a una velocidad y otras a otra.
Entonces parece que todo queda en nada, esos discursos que sedan de verdad tienen muy poco.
Se ha llegado a una situación donde parece que se va derecho hacia el caos, a una especie de guerra no sólo física sino psicológica.
Entonces todo esto tiene consecuencias, es decir, el descrédito delas instituciones es terrible.
Por un lado de habla de que no se va a invertir más en armas y mucho en salud, educación y vivienda y después los datos, que aparecen solapados en muchos casos, demuestran lo contrario, que lo primero es la guerra.
Están habiendo reacciones a estas situaciones insostenibles donde el deterioro de lo público es escandaloso aunque son insuficientes para detener toda esta locura.
Hay un punto de inflexión ahí.
Para transformar situaciones es necesario una fuerza común constante y diaria contra un sistema de poder que no está por lo humano.
Una revolución no violenta que cambie la mentalidad general totalmente, una visión de 360º para evitar la catástrofe.
Confiemos que esta fuerza salga en algún momento y que los pueblos de verdad se hagan protagonistas de su propio destino construyendo un mundo nuevo alejado de la falsedad que se ha generado.
Jesús Antonio Fernández Olmedo