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José Manuel López García
Mi rincón

Trump y su guerra comercial

03-04-2025

Donald Trump ha encendido la mecha de una guerra comercial global, al imponer aranceles desmesurados a las importaciones de prácticamente todos los países. Con un aumento de la tasa arancelaria con promedio hasta el 22%, la más alta en más de un siglo, el presidente apuesta por una política proteccionista que, lejos de beneficiar a Estados Unidos, podría provocar efectos devastadores en su propia economía. 

La lógica de Trump es simple pero peligrosa, encarecer los productos extranjeros para que la industria nacional se fortalezca. Sin embargo, en un mundo globalizado, el resultado puede ser muy distinto. 

Las represalias de los países afectados, la pérdida de competitividad y el aislamiento económico podrían condenar a EEUU a pagar más, por lo que antes conseguía mejor y más barato o simplemente, a quedarse sin ello. 

La Unión Europea no ha tardado en responder. Ante la subida de aranceles, los países europeos están redirigiendo sus exportaciones a otros mercados más favorables, dentro de estos, algunos ya se perfilan como los grandes beneficiarios de este cambio estratégico.  

Por ejemplo, España, uno de los principales proveedores de productos gourmet a EEUU, ya está buscando alternativas. El aceite de oliva, el jamón ibérico, las aceitunas y los vinos, entre otros productos emblemáticos, podrían encontrar en otros países nuevos consumidores, dispuestos a pagar precios justos, sin barreras arancelarias artificiales. Para Estados Unidos esto significa dos cosas: 

.- Pagar más por lo mismo, al reducirse la oferta de productos importados, los precios dentro del país aumentarán. Los estadounidenses que disfrutan del aceite de oliva español o del queso francés tendrán que pagar mucho más, si es que logran encontrarlos. 

.- Perder acceso a productos exclusivos, hay productos que simplemente no tienen un sustituto de calidad dentro de EEUU. Un jamón ibérico no puede producirse en Kansas, ni un vino de La Rioja puede replicarse en California. La imposición de aranceles podría dejar a los consumidores estadounidenses sin acceso a estos bienes, afectando tanto a minoristas como a restaurantes de lujo.  

La medida no solo golpea a los productos importados, sino también a la propia industria de EEUU. Muchas empresas dependen de materias primas extranjeras para fabricar sus productos. Con aranceles tan altos, los costes de producción aumentarán y, con ello, el precio final para los consumidores. La automoción, la tecnología y la alimentación serán los sectores más afectados. Las fábricas de coches que dependen de piezas europeas, las empresas tecnológicas que requieren componentes asiáticos o los supermercados que importan alimentos de todo el mundo, sufrirán un impacto directo. Por tanto, los consumidores de EEUU, acostumbrados a una gran variedad de productos a precios accesibles, tendrán que elegir entre pagar más o aceptar menor calidad y variedad en lo que compran.  

Algunos economistas advierten, que esta guerra comercial podría llevar a EEUU a una recesión. Con una inflación al alza, consumidores con menor poder adquisitivo y empresas obligadas a recortar gastos (incluyendo despidos), la economía estadounidense podría entrar en una espiral negativa, algo que muchos de los que viven en suelo americano, ya están sopesando como será su futuro inmediato. 

Además, las represalias de otros países podrían perjudicar gravemente a los sectores exportadores de EEUU, como la industria agrícola. Los agricultores, que dependen en gran medida de la exportación de soja, carne y otros productos, ya están viendo cómo sus ventas se desploman en mercados clave como China y la Unión Europea.  

Trump ha declarado la guerra comercial al mundo entero, pero las primeras víctimas de su estrategia podrían ser los propios estadounidenses. Con precios más altos, menos variedad y una posible crisis económica en el horizonte, esta política proteccionista parece más un tiro en el pie que un movimiento estratégico acertado. Mientras Europa y otros países buscan nuevas alianzas comerciales, EEUU se enfrenta a un futuro incierto. La pregunta es, ¿hasta cuando podrá sostenerse esta estrategia antes de que el propio mercado interno exija un cambio?  

La prepotencia de este presidente no tiene límites, se cree el amo del mundo, siempre ha jugado en la política del “yo mando y el resto obedece”, pero el mundo no funciona así, y menos en un sistema globalizado donde todos dependen de todos. Cree que puede doblegar a cualquiera con amenazas, pero en economía, como en la vida, la arrogancia suele ser un mal consejero. Cuando sus seguidores comiencen a darse cuenta de que el “América Primero” de Trump, en realidad significa “América sola y perdida”.

Conchi Basilio


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