El filósofo John Locke, que desarrolló el empirismo moderno en su libro Ensayo sobre el entendimiento humano, poseía una gran biblioteca particular. Sus tesis fundamentales son las siguientes: la negación de las ideas innatas; la afirmación de que todas las ideas proceden de la experiencia; y que se divide en sensación y reflexión. Muchos problemas metafísicos, desde su perspectiva empirista son insolubles porque exceden las capacidades cognoscitivas humanas. Existen unos límites del conocimiento. Este planteamiento sigue vigente en pleno siglo XXI. El extraordinario avance de las ciencias no es suficiente, por ejemplo, para saber lo que existía antes del origen del universo y para otras cuestiones. Para Locke, sus libros eran instrumentos de investigación y conocimiento. Fue un lector sistemático. Releía muchos textos, especialmente los filosóficos y teológicos, y subrayaba pasajes clave. También escribía anotaciones en los márgenes. En determinados cuadernos, extraía ideas de sus lecturas, las cuales le servían para escribir, aportando sus propias ideas y comentando diversos aspectos de otras teorías.
Locke no copia ni compila: filtra, contrasta y reelabora, utilizando su raciocinio y la experiencia de la que dispone. Para este gran pensador, la lectura le era útil para pensar mejor, no para acumular erudición. La biblioteca de Locke fue extensa, trabajada y utilizada a lo largo de toda su existencia. Su biblioteca constaba de unos 3.600 volúmenes, lo que para finales del siglo XVII constituía una cantidad muy considerable.
Falleció en 1704, y sus obras escritas marcaron una época, si se piensa en la epistemología y en el ámbito de la filosofía política. El liberalismo político recibió un impulso decisivo gracias a sus escritos. El carácter interdisciplinar y práctico de su pensamiento se refleja en sus escritos y publicaciones. La amistad intelectual entre Locke y Newton fue la expresión de una convergencia profunda entre dos poderosas mentes en cuestiones filosóficas, científicas y religiosas. Compartieron círculos intelectuales comunes, en torno a la Royal Society y a figuras como Edmund Halley. Mantuvieron una interacción de colaboración, intercambio epistolar y apoyo intelectual, especialmente durante la década de 1690. Locke mostró un gran interés por la obra científica de Newton y contribuyó activamente a su difusión. Incluso animó a Newton a publicar ciertos trabajos y medió para suavizar su carácter retraído y desconfiado. Los Principia Mathematica de Newton, publicados en 1687, fueron alabados por Locke, lo que contribuyó a la consolidación del prestigio científico de su amigo.
En cuanto a la religión ambos rechazaban el dogmatismo religioso y estaban a favor de una interpretación racional del cristianismo. Les interesaba depurar la fe de supersticiones y de disputas metafísicas innecesarias.
Estaban de acuerdo en que la alianza entre la filosofía y la ciencia estaba basada en el progreso del conocimiento que exige rigor empírico, prudencia teórica y libertad intelectual.
Locke mantuvo una actitud claramente crítica y de rechazo del panteísmo de Spinoza, aunque también es cierto que no escribió una refutación sistemática y directa de la filosofía spinoziana. Sus posiciones o planteamientos resultan incompatibles con el sistema filosófico de Spinoza. La actitud panteísta era considerada por Locke como una concepción que se alejaba del cristianismo, ya que disolvía la noción de Dios como ser personal, libre y creador. Locke desconfiaba profundamente de los sistemas metafísicos racionalistas excesivamente abstractos y deductivos, ya que no se fundamentaban en la experiencia.
El origen del conocimiento está en lo observable o en lo empírico. Veía en el panteísmo de Spinoza un ateísmo encubierto, debido a la desaparición de la distinción entre Dios y el mundo. Además, se debilitaba el fundamento real de la ética y de la responsabilidad humana.
El núcleo de la crítica lockeana al racionalismo de Leibniz se encuentra en el rechazo de las ideas innatas. En el racionalismo leibniziano la mente no es una tabula rasa, sino que contiene disposiciones, inclinaciones y principios innatos que la experiencia despierta. Locke considera que este planteamiento es innecesario y confuso. En realidad, argumenta que todo contenido mental procede de la experiencia, tanto externa como interna.
El creador del empirismo moderno mantuvo una actitud crítica contra el ocasionalismo de Malebranche, aunque no refutó de una forma sistemática su racionalismo. Para Locke, pensar que sólo Dios es causa real de los acontecimientos implica un abandono injustificado del sentido común y de la experiencia ordinaria. Insiste en que no tenemos acceso directo a las operaciones internas de Dios. El ocasionalismo le parece un claro ejemplo de pretensión metafísica ingenua. Existen las causas naturales y también una autonomía de la experiencia humana.
En lo relativo al cartesianismo, Locke critica la excesiva confianza en la razón de Descartes como fuente autónoma del conocimiento. Sostiene que la razón no produce o crea contenidos por sí misma, sino que opera sobre los materiales que recibe de la experiencia. Sin los datos empíricos, la razón carece de contenido. Locke valoraba el derecho natural de Grocio y Pufendorf como fundamentales para su liberalismo político, aunque con algunas matizaciones. De hecho, las ideas del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad provienen del iusnaturalismo. Ver video
José Manuel López García