Alguien, hace años, me dijo, quizás en un momento de tristeza: “Convéncete, somos de quinta fila en el mundo de la cultura”. En aquellos tiempos que todavía se tenía esperanza.
Aquella conversación, real o imaginaria, al lado de una café, haya sido ayer o mañana o hace veinte años… Aquella conversación, y, me dijo: “Convéncete, en este mundo industrial, el mundo de la cultura, esencialmente, está controlado por tres grandes parámetros o dimensiones, que se mezclan y entremezclan: una, el mundo académico y universitario; segundo, el mundo de la alta industria cultural, publica y privada o publica-privada, las grande entidades, sean editores, sean galerías, etc.; tercero, por los grupos ideológicos, en general ideológicos-filosóficos-sociopolíticos…
Si usted o yo, si tú o yo, me “decía” en esa conversación real o imaginaria, no estás en alguno de esos grandes grupos. Puedes trabajar hasta la saciedad, puedes buscar verdades hasta la saciedad, puedes esforzarte hasta la saciedad. Pero en general, salvo alguna excepción de excepción, y, si no caes en algunos de esos tres grupos, se te cerrarán todas las puertas o casi todas. Es cierto que tendrás alguna presencia en tu región o en tu provincia o en tu comarca, pero nada más. Si además, vives y respiras en provincias, la cosa se complica, porque en ellas, sólo existen cuatro panaderos, y, si ningún panadero te quiere vender pan. Evidentemente, no degustarás pan, a no ser que vayas al pueblo de al lado…
Han pasado los lustros y las décadas de aquella conversación real o imaginaria, al lado de un café o de un té, en una tarde de verano o de invierno. Pero el veredicto se ha cumplido. Esta es la realidad. Es, me seguía diciendo, como las muñecas rusas. Existen esferas de poder territorial, de poder cultural territorial. Y, a algunos se les deja pasar a la escala superior, algunos ni a nivel local, otros se les deja pasar la barrera provincial, otros se le permite regional, otros, muy pocos, en proporción a nivel nacional. Y, ya excepción a nivel internacional. De los internacionales, algunos pasarán a la historia de la cultura humana, y, la mayoría tampoco. Diríamos que la selección de Darwin no es nada, con la selección cultural que se hace, sea justa o equitativa o verídica o moral o no lo sea –cosa que daría para otro capítulo-.
Muchos entienden y aceptan, que si no eres mejor que Shakespeare, Dante o Joyce, los ejemplos en cada actividad pueden ustedes ponerlo. En cada rama, pues existen los grandes nombres. Si no eres al menos igual que ellos o esas voces, pues es lógico, que el nombre y las obras que hagas, es lógico pues sean considerados de quinto nivel. Nadie niega eso. Es más, si alguien no ha leído a esos nombres, no me va a leer a mí. Digo a mí, para que nadie se ofenda. Pero a mí, como yo, existen cientos…
Pero también es cierto y es verdad, y es justo y es equitativo y es racional y es moral y es solidario y humano, que alguien que haya estado trabajando en la creación o autoría o producción cultural, durante cinco o diez o treinta o veinte o cincuenta años… que ha producido una cantidad equis de esos productos culturales, sea matemáticas o sea filosofía o sea ensayo o sea fotografía o sea pintura o sea novela o sea artículos periodísticos o sea… o sea lo que sea. Aunque sepamos que no es, no sea un Dante, ni Calderón, ni Cervantes, ni Dickens, ni… Y, él o ella sepan que no es ninguno de ellos. Creo que la sociedad debe tener una relación de justicia y equidad.
Se pueden abrir multitud de entidades culturales que existen, para los autores y autoras que quieran, donen y regalen y envíen cien o mil obras, para generaciones futuras. Siempre expreso en papel, porque ocupa menos sitio. En papel o en digital o de la forma que sea. Creo que es justo. Creo que es lo menos que se puede hacer, por el mundo de la cultura y de la sociedad y de la administración, a cientos de autores de cada campo o rama, en cada región. Que tengan la mínima esperanza de que sus obras, al menos, una parte apreciable queden para el futuro. Quizás, quizás dentro de dos siglos se apreciarían de otro modo.
Además, sería cultura, cultura de autores y autoras de esa provincia, de esa localidad, de esa región hecha por el presente para el futuro. Siempre se ha dicho en la generación del veintisiete, no sólo están los quince que siempre se citan. Hubo decenas y cientos en provincias de distintos géneros y de distintos especialidades, de distintas artes…
¡De momento, porqué no se hacen diccionarios o directorios permanentes, siempre abiertos a nuevos nombres, sin selecciones previas, virtuales, a nivel provincial y regional y local, para insertar en ellos, una página de tamaño, es decir, quinientas palabras, un curriculum mínimo y algunos enlaces, de distintos géneros y saberes, de distintas artes, de letras, de ciencias, de matemáticas, de fotografía, de filosofía, de…!
¡A qué puerta hay que llamar! ¡Hay quién dice, aquella conversación real o imaginaria que hemos citado, terminó: “los que se dedican a la cultura hoy, están en una situación peor, que los proletarios de Europa en el siglo diecinueve, en 1850”! ¡En fin, ustedes dirán…! ¡Y, ustedes harán lo que quieran… cómo hasta ahora…!
Jmm Caminero