La filosofía de Arthur Schopenhauer destaca por su estilo claro y a la vez exigente, desvelando la naturaleza de la realidad y del ser humano. Su vida transcurrió desde el año 1788 hasta 1860, en el que falleció a la edad de 72 años. Su principal obra escrita es El mundo como voluntad y representación, un tratado filosófico de 1.198 páginas en el que explica su filosofía. Desde sus análisis los fenómenos no son más que objetivaciones de la voluntad única, que subyace al mundo como una incognoscible cosa en sí. Es un pensador irracionalista, en el sentido de que defiende que el mundo es una representación de una Voluntad ciega, es decir, irracional. Está convencido de que la realidad fundamental en todo ser vivo es la Voluntad de vivir, concebida como un principio universal. En su filosofía la razón humana está al servicio de la Voluntad, que se impone sobre la reflexión racional. Schopenhauer conocía bien la filosofía india, la asumió y reinterpretó desde su radical pesimismo. El fenómeno es representación, pero considerada como ilusión y sueño (el velo de Maya de la filosofía india); lo que se oculta detrás es la Voluntad infinita que es irracional. En su afán de que se comprendiera perfectamente su filosofía escribe: “Establezco, pues, primeramente, la voluntad como cosa en sí, toda originaria; en segundo lugar, su mera sensibilización u objetivación, el cuerpo; y en tercer término, el conocimiento, como mera función de una parte del cuerpo.” Expresa de este modo que no cree en la otra vida y que también es un pensador ateo. Además, rechaza la idea del alma de la mente que supuestamente perviviría después de la muerte.
Considera que el intelecto depende del cerebro y, por tanto, perece con el cuerpo. Establece que no hay una mente personal que sobreviva a la muerte, ni juicio individual, ni providencia divina. Es la negación de la inmortalidad del alma del platonismo y cristianismo. De todas formas, esto no quiere decir que Schopenhauer sea un materialista vulgar. La Voluntad es para él la realidad última y no la materia. Y esta Voluntad no es Dios, porque no es consciente, ni buena y no escucha plegarias. Por ello, su filosofía critica duramente el teísmo. Su posición puede definirse como un ateísmo metafísico con resonancias místicas orientales: niega a Dios y el alma, pero afirma una realidad impersonal que se manifiesta en todos los seres: es la Voluntad. Esta es el fundamento de todos los fenómenos, desde la materia inorgánica hasta la vida consciente. Sostiene un claro irracionalismo, ya que la Voluntad es simple, insaciable y carece de sentido, porque no tiene ninguna finalidad. Y la insatisfacción produce dolor. Como consecuencia, la felicidad es imposible.
El medio de liberarnos del dolor es la belleza. La contemplación estética nos libera momentáneamente. También sostiene que la música es el arte que más nos impresiona. Es la expresión más profunda de la armonía de las esferas o de la filosofía, ya que es sublime. Establece una separación total entre la Voluntad y la inteligencia. Schopenhauer escribe que “La Voluntad, por el contrario, es lo primario, el prius del organismo, aquello por lo que éste se condiciona.” En cuanto a su ética, la fundamenta en la compasión frente al dolor y al sufrimiento de los seres racionales y de los animales. Porque frente al egoísmo natural y a la razón abstracta, la compasión surge cuando el sujeto reconoce en el otro la misma Voluntad de vivir que lo constituye. Su ética no establece deberes racionales universales, sino que afirma la necesidad de una experiencia moral afectiva e inmediata, capaz de revelar la unidad profunda de todos los seres.
Otro de sus grandes libros es Parerga y Paralipómena. Es una de las obras más influyentes y accesibles de Schopenhauer, publicada en 1851, cuando el filósofo ya había sido durante décadas ignorado. Este libro le dio por fin fama y lectores: fue algo por lo que siempre luchó, y en sus últimos diez años de vida ya fue leído y admirado a nivel mundial. Parerga significa “trabajos al margen” y Paralipómena quiere decir “añadidos posteriores”. Se trata de una extensa colección de escritos breves y aforismos de tono más irónico y literario, centrados en el arte de vivir. El estilo de este libro es claro, mordaz y frecuentemente provocador. Es una puerta de entrada a su filosofía pesimista. En el libro de Luis Fernando Moreno Claros titulado Arthur Schopenhauer Una biografía, el autor a lo largo de 477 páginas explica, de forma magistral, innumerables detalles de la vida personal de este gran filósofo y de su familia, así como del ambiente cultural y filosófico en el que transcurrió la existencia de Schopenhauer. Es un libro imperdible, como se dice actualmente.
Schopenhauer es pesimista porque identifica la realidad última con una Voluntad ciega e insaciable, que genera deseo constante y, por tanto, sufrimiento. La satisfacción es breve y el dolor estructural. Vivir es oscilar entre carencia y hastío; por eso el sufrimiento domina la existencia. Él mismo dijo que nunca se aburrió. Ver video
José Manuel López García