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José Manuel López García
Punto de Vista

Filosofía de Manuel Sacristán

06-03-2026

El filósofo Manuel Sacristán nació en 1925 y falleció en 1985. Fue filósofo, profesor y traductor. Defendió la filosofía como herramienta clave para transformar la sociedad. Destacó también por difundir el marxismo y la filosofía analítica en España. Es uno de los pensadores más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Además de ser profesor universitario, desarrolló una intensa labor como editor y traductor de más de noventa textos de diversos autores, entre los que se pueden destacar Quine, Marx, Engels, Gramsci, entre otros. Estaba convencido de que su compromiso de intervenir en el debate ideológico de su tiempo era absolutamente necesario. En cuanto a su obra como autor, destacan su libro Introducción a la lógica y al análisis formal y Filosofía y metodología de las ciencias sociales, junto con otras obras. 

La filosofía de Sacristán se caracteriza, ante todo, por su defensa del rigor racional y por su rechazo tanto del irracionalismo como del dogmatismo doctrinal. A diferencia de muchos marxistas de su época, no entendía el marxismo como un sistema cerrado ni como una metafísica de la historia, sino como una tradición crítica sometida constantemente al examen de la razón, la ciencia y la experiencia histórica. En este sentido, su pensamiento se sitúa en la línea de un marxismo crítico, autocrítico y científicamente informado.  

Otro aspecto fundamental de su pensamiento es su profunda reflexión sobre la ciencia y la racionalidad. Como lógico y filósofo de la ciencia, Sacristán sostenía que la filosofía debía mantener un diálogo con las ciencias empíricas. Rechazaba la separación radical entre ciencias y humanidades, y sostenía que una teoría social rigurosa debe fundamentarse en conocimientos científicos sólidos. Este planteamiento lo situó en una posición singular dentro del panorama filosófico español, que durante décadas estuvo dominado por corrientes más especulativas o historicistas. Se interesó por cuestiones ecológicas, tecnológicas y civilizatorias en sus últimos años, anticipando debates que en el siglo XXI resultan centrales, como los límites del crecimiento, la crisis ecológica y la relación entre el progreso técnico y la emancipación humana. En cuanto a la ética, Sacristán desarrolló una filosofía marcada por la idea de responsabilidad intelectual. Decía que el filósofo no debía ser un productor de sistemas abstractos, sino un intelectual comprometido con la verdad y con la transformación racional de la sociedad. Esta ética del intelectual implicaba austeridad conceptual, honestidad teórica y rechazo del oportunismo ideológico. 

Si bien yo considero que los filósofos pueden ser creadores de sistemas y a la vez estar comprometidos con su tiempo y realidad. El estilo de escritura de Sacristán es sobrio, preciso y extremadamente riguroso, reflejando una exigente concepción moral del trabajo filosófico. 

Desde el punto de vista metodológico, Sacristán defendía una filosofía que integrara análisis lógico, conocimiento científico y reflexión histórica. Rechazaba tanto el relativismo como el cientificismo dogmático, proponiendo una racionalidad crítica que reconociera la complejidad de los fenómenos sociales. Esta posición le permitió tender relaciones entre tradiciones filosóficas que en España solían estar separadas: la filosofía analítica, el marxismo y la teoría crítica.  

En el ámbito universitario, su enseñanza de la lógica y de la metodología científica contribuyó a modernizar los estudios filosóficos en España, introduciendo estándares de rigor poco habituales en el contexto de la época. Muchos de sus alumnos destacaron posteriormente en filosofía, sociología y teoría política, lo que demuestra la amplitud de su influencia formativa.  

En la tesis doctoral de Manuel Sacristán, titulada Las ideas gnoseológicas de Heidegger, realizó una investigación exhaustiva sobre la filosofía fenomenológica y existencial de este filósofo alemán de manera magistral. Analiza las interpretaciones de Heidegger sobre el ser, la técnica y la gnoseología, el pensamiento científico y la ontología. Escribe Sacristán en una parte de la conclusión de su tesis: “Verdaderamente parece ser seria aspiración de Heidegger el que su pensamiento no sea entendido como incompatible con el científico.  

”En cuanto a la polémica pública a finales de los años sesenta del siglo XX entre Manuel Sacristán y Gustavo Bueno, fue muy positiva porque aclaró numerosas cuestiones en relación con la función de la filosofía en el saber y en la realidad. Sacristán publicó el ensayo Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores en 1968 y Bueno respondió con el libro El papel de la filosofía en el conjunto del saber en 1970. Bueno discutió la concepción de la filosofía de Sacristán, ya que la reducía excesivamente a un papel metodológico y auxiliar respecto de las ciencias. Bueno, en cambio, sostenía que la filosofía posee un campo propio: la crítica y organización sistemática de los saberes. Por eso rechazaba su subordinación a la ciencia y defendía su función como saber de segundo grado, capaz de analizar los conceptos y los conflictos entre disciplinas.  

También es cierto que ambos desarrollaron una filosofía materialista y críticamente orientada. Sacristán desarrolló un marxismo analítico y crítico, más cercano a la lógica y la filosofía de la ciencia. Rechazaron el idealismo y ambos tomaron la filosofía de Marx como referencia fundamental, aunque la interpretaron de manera diferente. Cuestionaron la metafísica y buscaron una filosofía más rigurosa, vinculada al conocimiento real. De todas formas, es evidente que la historia de la filosofía está repleta de metafísica. Ver video

José Manuel López García


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