A lo largo de la historia del pensamiento, Aristóteles ha sido uno de los pilares fundamentales de la ciencia y la filosofía. Fue filósofo y científico a la vez. Imaginar su presencia en el mundo actual permite reflexionar sobre el origen del conocimiento científico. En vida del estagirita ciencia y filosofía estaban todavía unidas. Si en la actualidad pudiéramos entrevistar a Aristóteles, algo obviamente imposible, ya que falleció en el año 322 a. C., probablemente lo primero que llamaría la atención es su insistencia en observar la naturaleza de forma directa. Es algo que él realizó de una manera incansable en su tiempo. Ante la pregunta sobre qué es la ciencia, contestaría que es el conocimiento de las causas y principios de las cosas. De hecho, estaba convencido de que la felicidad plena o auténtica está en la dedicación al saber, la investigación y la creatividad, ya que es la vida mejor para el ser humano. Su vida que transcurrió desde el año 384 a. C. hasta el 322 a. C, fue extraordinariamente productiva. Investigó, enseñó y escribió en múltiples campos: metafísica, ética, zoología, política, lógica, física, etc. Aunque se ha perdido la mitad de lo que escribió, lo que se conserva equivale aproximadamente a unos 2 millones de palabras que es equivalente a unas 3.000 o 4.000 páginas dependiendo de la edición y el formato de publicación. Considerando las obras perdidas escribió a lo largo de su existencia unas 5 o 6 millones de palabras, o lo que es lo mismo, entre 8.000 o 12.000 páginas aproximadamente.
Al preguntarle por la ciencia moderna, en esta entrevista imaginaria, mostraría, sin duda, admiración por su precisión, aunque quizá criticaría su tendencia a separarse de la filosofía. Seguramente se sorprendería con disciplinas como la física cuántica o la genética actuales, pero intentaría encajarlas en su esquema de las cuatro causas: material, formal, eficiente y final. También defendería la importancia de la lógica como herramienta indispensable para la ciencia y el saber, recordando que sin razonamiento riguroso no puede haber conocimiento verdadero. La hipotética entrevista revelaría a un filósofo curioso, crítico y dispuesto a aprender, pero también firme en sus principios. Es posible que dejara de afirmar el fijismo de las especies, si se le explicaran en el curso de la entrevista las pruebas reales y empíricas de que no es cierta y aceptaría la evolución.
Desde su perspectiva, insistiría en que el objetivo de la ciencia no solo es describir fenómenos, sino comprender por qué ocurren. Además, compararía la ciencia moderna con su propio enfoque y destacaría avances clave como el uso del método experimental. Criticaría la fragmentación de la ciencia actual en múltiples disciplinas sin integración.
Probablemente, Aristóteles en esta imaginaria entrevista vería la biología evolutiva como una forma compleja de explicar la finalidad en la naturaleza, aunque reformularía su planteamiento acerca del propósito.
Admiraría la ciencia actual, pero realizaría una crítica profunda de la misma, en cuanto a sus objetivos y fines en una sociedad consumista e injusta en la que solo manda el poder del dinero. Si Aristóteles dispusiera de microscopios, bases de datos y herramientas digitales las utilizaría para ampliar su capacidad de observación. Es probable que integrara ciencia y filosofía. Aprovecharía la inteligencia artificial para organizar información, aunque insistiría en que el juicio humano sigue siendo esencial e insustituible.
Su enfoque sería interdisciplinario, conectando física, biología, ética y política. En cierta forma, representaría el ideal del científico total, algo menos frecuente en la actualidad. En el Liceo Aristóteles enseñaba caminando con sus discípulos o en las aulas mientras discutían ideas. Un día típico incluiría observaciones de la naturaleza, debates sobre lógica y recopilación de datos sobre animales y plantas. Era, sin duda, un espacio de aprendizaje activo, donde la curiosidad guiaba el conocimiento.
Trasladado a un laboratorio moderno, Aristóteles quedaría impresionado por la precisión de los instrumentos y la especialización de los investigadores. De todos modos, cuestionaría la excesiva división del saber e insistiría en la necesidad de una visión global del saber. Recordaría a los científicos actuales que no se debe perder el sentido profundo de la investigación en relación con el bienestar humano.
Aristóteles observaría el mundo actual con una mezcla de asombro y cautela. Admiraría profundamente el desarrollo de las ciencias y la tecnología. Diría que la vida contemporánea parece orientada más hacia la eficacia y la producción que a la eudaimonía o felicidad, o lo que es lo mismo, hacia el florecimiento y plenitud de la existencia. Criticaría el ritmo acelerado del siglo XXI, argumentando que impide la deliberación prudente y la formación del carácter. La hiperconectividad le parecería paradójica: nunca ha habido tanta comunicación, pero no necesariamente más amistad verdadera, que para él exige tiempo, virtud o bondad y reciprocidad. También advertiría de que una sociedad excesivamente centrada en lo material corre el riesgo de olvidar el cultivo o desarrollo de las virtudes éticas e intelectuales. Insistiría en que el progreso técnico y tecnológico debe subordinarse a un fin más alto: vivir bien, no solo vivir rápido. Ver video
José Manuel López García