El filósofo y teólogo jesuita Ignacio Ellacuría nació en España en 1930 y murió asesinado en San Salvador el 16 de noviembre de 1989 junto con otros jesuitas en el contexto de la guerra civil salvadoreña. Su filosofía es una de las síntesis más originales y profundas y comprende su metafísica, teología, planteamientos acerca de la liberación de la injusticia y también su compromiso político en el ámbito del pensamiento contemporáneo hispánico. Ellacuría estudió humanidades y filosofía en Ecuador y posteriormente teología en la ciudad de Innsbruck en Austria, donde recibió la influencia de Karl Rahner. Si bien el acontecimiento decisivo para su formación intelectual fue el encuentro con el filósofo español Xavier Zubiri, de quien llegó a ser discípulo directo y también con el paso de los años uno de sus principales intérpretes. Entre 1962 y 1965 realizó el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid con la dirección de Zubiri. Su tesis doctoral se tituló La principialidad de la esencia en Xavier Zubiri, una investigación monumental acerca de la metafísica zubiriana que supone todo un hito.
Zubiri realiza una crítica radical de la separación entre inteligencia y realidad, que es lo característico de la tradición filosófica occidental. Según Zubiri, la filosofía moderna ha logificado la inteligencia y entificado la realidad. Reduciendo de esta forma el conocimiento a conceptos abstractos alejados de la experiencia real. Ellacuría consideró que estos planteamientos zubirianos debían ser aplicados en el análisis de la historia, la política y la liberación social. Sirviendo para el avance en la lucha contra la injusticia social en el mundo. Ellacuría insistía en que la realidad humana es esencialmente histórica y social y por esta razón es necesaria una praxis transformadora de la realidad para suprimir la pobreza y garantizar los derechos individuales de todas las personas. La obra más importante de Ellacuría, publicada póstumamente, es Filosofía de la realidad histórica. Sostiene que la realidad no es estática, sino dinámica. Es un proceso abierto en el que los seres humanos participan de forma activa. La verdad no consiste en una contemplación pasiva del mundo real, sino en la transformación hacia maneras más justas de convivencia. Algunos de sus libros son: Teología política, Conversión de la Iglesia al Reino de Dios, Escritos filosóficos y Escritos políticos. Escribió también numerosos artículos publicados en la revista Estudios Centroamericanos. En todos ellos muestra la necesidad de pensar filosóficamente en la liberación de los pueblos oprimidos de América Latina.
No se limitó a denunciar las injusticias sociales, ya que además fundamentó filosóficamente la necesidad de la liberación. Desde su enfoque, la filosofía debía hacerse cargo de la realidad. Consideraba que el pensamiento no puede permanecer neutral ante la pobreza, la violencia y la opresión. Existe una responsabilidad ética y filosófica frente a la pobreza y la opresión.
Ellacuría defendía una civilización basada en la solidaridad. Estaba en contra de la lógica consumista, algo que se entiende porque se contrapone a la existente civilización de la pobreza. Para él era prioritaria la satisfacción universal de las necesidades básicas y la eliminación de la pobreza. La organización social tiene que estar orientada al bien común y no a la simple acumulación. De este modo, se puede hacer desaparecer la pobreza. Desarrolló lo que él denominó la historización de los conceptos. Estaba convencido de que muchas ideas abstractas pueden convertirse en conceptos vacíos, si no se aplican de verdad en los contextos históricos concretos. Se refería a ideas como libertad, justicia, bienestar, etc.
La influencia de Ellacuría en Hispanoamérica ha sido enorme. En España, su recepción ha crecido notablemente desde los años noventa del siglo XX. Universidades como la de Deusto, Granada o la Complutense han promovido investigaciones sobre su relación con Zubiri y sobre su filosofía política. Es un representante del pensamiento cristiano crítico. Supo aplicar su reflexión filosófica rigurosa a la liberación humana.
En cuanto a su teología estaba convencido de que la fe cristiana exige, sin ninguna duda, una opción preferencial por los pobres. La Iglesia, establece Ellacuría, debe transformar sus estructuras con el fin de ponerse al servicio de la justicia. Desde su análisis, considera que creer en Dios implica necesariamente trabajar por la liberación real de los pueblos oprimidos por la injusticia. Es en la historia concreta donde Dios se hace presente y, siguiendo en esta cuestión el planteamiento zubiriano, Ellacuría reafirma que es ahí donde debe leerse el sentido del Evangelio.
Ellacuría probablemente consideraría la sociedad digital del siglo XXI como una nueva forma de realidad histórica atravesada por profundas contradicciones. Vería en internet y las redes sociales una posibilidad de comunicación global beneficiosa, pero también percibiría que pueden servir tanto a la liberación como a la manipulación. También denunciaría que la era digital, lejos de eliminar las injusticias, muchas veces las amplifica por medio de una concentración de poder tecnológico, vigilancia masiva y desigualdad en el acceso a la información. Para él la técnica y la tecnología tienen que ser instrumentos de liberación y no de explotación comercial sin más. La civilización del poder que se manifiesta en los conflictos geopolíticos debe ser sustituida por una civilización de la justicia.
José Manuel López García