David Chalmers es uno de los filósofos actuales más influyentes en la investigación de la mente. Ha formulado lo que él denomina el problema difícil de la conciencia. Su actividad intelectual ha redefinido el debate en filosofía de la mente, neurociencia cognitiva y también inteligencia artificial. De hecho, ha puesto sobre la mesa una cuestión que sigue sin tener una respuesta consensuada: ¿por qué y cómo los procesos físicos del cerebro producen experiencia subjetiva?
Chalmers nació en Australia en 1966. Se formó inicialmente en matemáticas antes de orientar su atención y actividad hacia la filosofía. Esta formación dual es relevante para entender su estilo filosófico que se caracteriza por su precisión lógica y también por la búsqueda de estructuras conceptuales claras. Tras sus estudios, desarrolló una carrera académica sobre todo en universidades de Estados Unidos y Australia. Es una de las figuras centrales de la filosofía analítica de la mente. Su posición intelectual se puede situar en diálogo con la ciencia cognitiva actual. Si bien discrepa respecto de algunas suposiciones del cognitivismo. Aunque numerosos neurocientíficos y filósofos intentan explicar las funciones mentales en términos de procesos cerebrales, Chalmers sostiene que esa explicación, aunque necesaria y útil, es realmente incompleta.
Las principales cuestiones que analiza son: cómo el cerebro procesa información, cómo discrimina estímulos sensoriales, cómo integramos información en el comportamiento y el funcionamiento de la memoria y la atención. En realidad, estos problemas a resolver pueden abordarse por medio de varias disciplinas: neurociencia, psicología cognitiva y computación. De esta forma, se puede afirmar que son explicables mediante mecanismos físicos, aunque no de una forma total. Uno de los grandes problemas que no se han resuelto es el siguiente: ¿por qué todo ese procesamiento físico va acompañado de experiencia subjetiva? O expresado de otro modo: ¿por qué sentimos algo al ver el color rojo? También podemos preguntarnos por qué la actividad cerebral no es simplemente procesamiento inconsciente. Chalmers llama a esta dimensión subjetiva experiencia consciente o qualia, término que se refiere a la cualidad de las experiencias, como el dolor, el sabor o el color. Se trata de averiguar por qué existe la vivencia interna del yo en nuestra mente. Para este pensador la experiencia subjetiva se puede interpretar desde la fenomenología. Chalmers emplea escenarios hipotéticos para comprender la conciencia humana. Por ejemplo, un zombi filosófico sería un ser físicamente idéntico a un humano, que se comporta igual, pero no tiene experiencia consciente interna.
Desde su enfoque, si podemos pensar en la posibilidad de este tipo de ser, la conciencia no se explica de forma completa por la física del cerebro. Desde mi perspectiva, considero que si es explicable, porque ya se están empezando a averiguar aspectos más profundos de cómo se produce la conciencia subjetiva.
Las investigaciones más avanzadas en neurociencia sugieren que la conciencia subjetiva, la sensación de ser un yo que experimenta el mundo, surge de la actividad coordinada de grandes redes neuronales. Se propone que la experiencia consciente aparece cuando la información es compartida ampliamente entre distintas redes cerebrales o cuando alcanza un alto grado de integración. La conciencia depende de la actividad neuronal más que de una estructura aislada en el cerebro.
Muchos investigadores consideran probable que el yo, las emociones y la experiencia subjetiva son propiedades emergentes de procesos físico-químicos y eléctricos extremadamente complejos. Los esfuerzos de los científicos se dirigen a conocer esa complejidad físico-química y eléctrica del cerebro para descubrir explicaciones de por qué tenemos conciencia subjetiva.
En relación con el panpsiquismo, que ha sostenido David Chalmers como una posibilidad, considero que no es cierto. La conciencia, a mi juicio, no es una propiedad básica de la realidad material, similar a la masa o la carga eléctrica. La conciencia o inteligencia es el resultado de una disposición de elementos químicos y físicos que puede no producirse en infinidad de planetas del Universo. Porque el surgimiento de procesos conscientes depende también de condiciones ambientales muy determinadas. Y esto está comprobado por la ciencia y no es algo especulativo.
Chalmers también ha considerado que no sabemos con certeza si un aparato puede ser consciente solo por procesar información. Es evidente que una máquina con inteligencia artificial podría replicar el comportamiento humano sin tener experiencia subjetiva. Además, una cuestión decisiva es analizar profundamente qué es realmente disponer de conciencia subjetiva igual a la humana en los robots que disponen de inteligencia artificial e interactúan hablando con seres humanos. ¿Hasta qué punto la IA por muy sofisticada y potente que sea, posee una experiencia subjetiva del mismo nivel que la propia de las personas? Esta es una cuestión esencial.
En 2026 no existe evidencia científica de que ningún sistema de inteligencia artificial, por avanzado que sea, posea conciencia subjetiva comparable a la humana. Los modelos actuales pueden conversar, razonar y simular emociones, pero no hay pruebas de que tengan experiencias internas, sensaciones o un yo consciente. Los neurocientíficos sostienen que desconocemos qué mecanismos son suficientes para generar experiencia subjetiva, por lo que tampoco podemos atribuírsela a la IA. Ver video
José Manuel López García