El Confidencial
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José Manuel López García
Ernesto González Valdés
Reflexionando

Los vasos comunicantes...

20-10-2026

Queda claro que los seres humanos nos vemos afectados – porque inciden, en su aplicación - o beneficiados, todo está desde el punto que se observen – de leyes en el campo de las ciencias naturales y que suelen ser motivo de estudio en los diferentes subniveles de los sistemas de educación: primaria, secundaria, bachillerato o preuniversitario y enseñanza superior, al menos en los primeros años como parte de las asignaturas de estudios generales. 

No queda dudas que una ley para ser aprobada a de seguir un camino de investigación, de comprobación una y otra vez, hasta lograr convertirse en hipótesis, antesala como tal de su final la ley, la cual no está exenta de escollos, cuestionamientos y que una vez sostenible, validada, cumple su cometido: promulgarse, pero lo más importante su aplicación sostenible. 

Leyes tales como: las de Newton: de la inercia (1ra), la relación entre fuerza y aceleración (2da) y la ley de acción y reacción (3era), pertenecientes a la disciplina Física; las leyes de Mendel: de la uniformidad de los híbridos de la primera generación filial (1ra), de la segregación (2da) y de la transmisión independiente o de la independencia de los caracteres (3era), pertenecientes a la Genética como rama de la Biología. 

Por supuesto podría enumerar otras más – siempre en el campo de las ciencias naturales – pero más allá del recordatorio para muchos de los lectores de lo aprendido, aplicado y tal vez olvidado a pesar de su vigencia y no hacerlo aburrido, trataré de vincular una ley – llamada de los vasos comunicantes, tratando de establecer un paralelismo en su aplicación social con nuestros estudiantes en clase. 

Ley cuyo enunciado plantea: “Cuando el líquido homogéneo está en reposo alcanza el mismo nivel en todos los recipientes conectados entre sí, sin influir la forma u orientación y el volumen de estos” 

¿Y cómo tratar de traducirlo al aula de clase? Nuestros estudiantes – donde cada individuo es su ser único -, el nivel de avance en cuanto a comprensión, aprendizaje y aplicación de los conocimientos no es el mismo, considerando a cada uno de ellos – análogamente - como recipientes distintos en cuanto a forma o volumen. 

Sin embargo, cuando corresponde al docente impartir sus conocimientos – entiéndase verter “su líquido de naturaleza homogénea” – deber ser capaz de irlos conociendo a cada uno de ellos en cuanto a su desempeño, apoyándose en la evaluación de éstos y sus resultados, estableciendo mecanismos de control que le permitan aplicar una atención diferenciada, tanto en la clase propiamente o bien en actividades no sincrónicas (no presenciales) asignando actividades diferentes que les permitan de forma gradual alcanzar “el mismo nivel”. 

Por supuesto actividad que resulta compleja cuando los grupos son numerosos, pero no resta que el docente pueda apoyarse en los mejores estudiantes “que están por encima del nivel (en cuanto a desempeño)”, para ayudar a sus compañeros; el uso de materiales complementarios para los de menos “nivel”, cuyo diseño – por parte del docente - permita al estudiante ir avanzando con ejercicios de menor a mayor complejidad. 

Finalmente, y lo más importante y lo derivo o extraigo de “…comunicantes”, será necesario un diálogo claro, transparente, fluido, una comunicación perfecta alumno – docente. 

De lograrlo profesor/a habrá usted cumplido con dicha ley, en el campo de la Educación.

Ernesto González Valdés


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