El Confidencial
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Lucas Ricoy
José Manuel López García
Jesús Antonio Fernández Olmedo
Mi columna

Demografías

17-09-2026

Al igual que ocurre con el fenómeno migratorio (que es en sí mismo un determinante de la evolución demográfica) o el clima (del cual ya hablé en este otro artículo) la demografía abarca un conjunto de problemas de tal dimensión, que resulta enormemente difícil aprehenderla en toda su complejidad. En cualquier caso, esa complejidad hace de ella algo, al mismo tiempo, atractivo e intrigante. 

Uno de los primeros focos de preocupación por el declive demográfico no ha sido tan reciente como, en un principio, pudiéramos imaginar. Las dos fechas de la plena y definitiva irrupción de la Modernidad en Europa (1870 y 1871) marcan el inicio del debate sobre este asunto. Para entender su relevancia y significado, es necesario remitirse a lo que ambas fechas implicaron en y para las reflexiones de los autores que pusieron este asunto sobre el tapete; por un lado, la reorientación de las mujeres de entornos urbanos hacia un mayor énfasis en su propio desarrollo y promoción humana y laboral; por otro, el trauma surgido en la sociedad francesa a raíz de la guerra franco-prusiana y la capitulación aceptada a regañadientes por ésta. Ello derivó en una reflexión orientada a promover el crecimiento demográfico. La debilidad francesa -según autores como Leroy-Beaulieu, que inspiran a otros posteriores como Sauvy o Chesnais- no era solo achacable a una más débil industrialización (ya sabemos que una buena parte de Francia siguió siendo agrícola y rural) sino a la incapacidad de Francia para seguirle el ritmo a Alemania en su crecimiento demográfico. Al vecino se le miraba, en este aspecto y también en otros, con indisimulada envidia. 

Lo cierto es que la demografía -más bien las teorías acerca de la demografía- tienen mucho de proyección ideológica. Y esto tampoco es algo “tan de ahora”; estaba presente, de hecho, en la visión de la polis ideal de los clásicos griegos (con Platón y Aristóteles a la cabeza, como no podía ser de otro modo). Para ellos, la concepción debía ser estimulada o disuadida según las necesidades de la ciudad. La idea de la polis como un “reducto demográfico planificado” inspiraba sus puntos de vista. En consecuencia, el infanticidio ni se cuestionaba -si era necesario practicarlo, se practicaba-. En nuestra mentalidad actual puede parecer (y debe parecerlo) un horror tirar al bebé por el desagüe, pero en aquella época ni formaba parte del debate público. Hubo que esperar a personajes como Macrina para que a esta visión se le diera la vuelta como consecuencia de la impronta cristiana que empezó a permear a la sociedad romana. De todo ello nos habla el historiador Tom Holland en su obra Dominio. 

Antes de la irrupción del capitalismo, mercantilistas y fisiócratas manifestaron posiciones antagónicas sobre el crecimiento demográfico. Los primeros, paradójicamente, demostraron ser auténticos precursores del modelo de “ciudad ganadora” del que, precisamente, hablaba en este otro artículo publicado en este mismo medio. Una visión expresada por autores como William Temple para quien, cuando la población es escasa, los ciudadanos pueden ganarse la vida con facilidad -lo que los lleva a ser perezosos, afirmaba-. Con alta densidad demográfica, las personas tienen que trabajar más para poder vivir, lo que predispone a la actividad productiva. Los beneficios de la alta densidad también fueron defendidos por William Petty, admirador de la aplicación de ese modelo en los actuales Países Bajos (obvia decir que bien acompañada por la correspondiente red fluvial interior, ese gran catalizador del desarrollo económico). Otros autores mercantilistas irían más allá, defendiendo el modelo de alta densidad con salarios de subsistencia. Sí, hay mentes que planifican la penuria deliberadamente. 

Por su parte los fisiócratas partieron de otra visión radicalmente distinta: la de la producción agrícola como base y sustento del resto de la economía. Que aumentara la población debía ir acompañado del correspondiente aumento en la producción alimentaria. En cualquier caso, no era de recibo aumentar población a expensas de sacrificar el nivel de vida de los ciudadanos. Mejor menos, pero bien alimentados. 

Hoy en día aquellos enfoques tienen su eco en visiones más contemporáneas (desarrolladas, fundamentalmente, en la segunda mitad del siglo XX). Simplificando, unas serían más optimistas -y masivas- y otras más pesimistas -y elitistas-. Entre las primeras se encuentra parte de lo que podemos denominar como mundo anglosajón. Entre otros muchos ejemplos, podemos incluir a J.M. Keynes, para quien -recogiendo las aspiraciones fisiócratas- debía moldearse deliberadamente la ley y la costumbre para lograr la densidad de población óptima». Por supuesto, entre esos recursos debía contemplarse la eugenesia. 

La visión optimista ha venido, con relativa frecuencia, del lado de autores galos (recordemos la huella dejada por las rencillas con Alemania). Por ejemplo, del ya citado Alfred Sauvy, para quien, si una pirámide poblacional ve truncado su proceso de rejuvenecimiento, sufrirá perjuicios considerables en empleo, educación o jubilaciones a largo plazo, aunque a corto no se perciban. Un proceso así provoca muchos problemas estructurales e impone cargas suplementarias, al soportar cada ciudadano mayores costes por los servicios públicos. De todas estas visiones y enfoques nos habla en profundidad Jesús Sánchez Barricarte en sus investigaciones

Lo cierto es que de la perplejidad que genera constatar el descenso de la tasa de fecundidad en amplias áreas del globo surge la necesidad de entender qué está pasando. Desde el arte rupestre, este tipo de preguntas nos han estado acompañando como especie. Así que, más allá de la disquisiciones sobre si el reemplazo poblacional está asegurado o no (un asunto que desborda los límites de este artículo) es evidente que, al hablar de demografía, y al dar explicaciones de sus antecedentes y consecuentes, se filtra una profunda visión de lo que somos y lo que deberíamos aspirar a ser. 

Escojan la suya.

Lucas Ricoy


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