AGENCIAS | Tensa,
muy tensa fue la carrera de Moto2, la que permitió a Alex Márquez
cumplir con su buscado sueño de proclamarse campeón del mundo de la
clase intermedia, lo que venía buscando en los últimos cinco años. Una
agonía que alargó en el paso de las vueltas una vez que la carrera tomó
la fisonomía que aguantaría hasta el final.
Márquez y su
equipo acertaron, el rival era Brad Binder, el que sabían que tenía un
poco más que ellos, no mucho, pero lo suficiente como para considerarle
el hombre a batir. Con esto, las matemáticas eran claras: si ganaba el
sudafricano, un piloto que ha pagado y mucho las carencias de la KTM en
esta campaña (y que ha dado un salto en la segunda parte de la temporada
una vez que la marca austriaca decidió no inventar más y dejar una moto
estable después de decidir no continuar con su proyecto en la clase
intermedia desde 2020), el de Cervera debía acabar segundo.
Una
situación en la que se encontró desde el inicio, eso después de tomar el
liderato en la cuarta vuelta por un fallo de su rival, posición que
perdió cuatro giros después y que supo mantener hasta que se dio la
bandera a cuadros. Colocado
en ese segundo puesto, siempre con Binder en la mirilla, a Márquez sólo
le quedó controlar al segundo de la general, Thomas Luthi.
El suizo fue
escalando puestos para colocarse tercero y por momentos le inquietó,
aunque pronto se vio que no iba a ser capaz de llegar, incluso cuando
durante una parte de la carrera parecía que el líder de la prueba
buscaba acercarle para generar una situación favorable a sus
aspiraciones, lejanas, de alargar el Mundial. Pero este Márquez ha
demostrado que también sabe sufrir, ahora sin fallar, lo que le permitió
ir descontando giros para terminar como campeón del mundo de Moto2.