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José Manuel López García
Mi columna

Lecciones suizas

07-04-2026

Suiza se irá construyendo como Estado federal con la constante participación política de unidades territoriales de larga tradición: los cantones y las comunas municipales. A lo largo de este proceso, su característica más peculiar será el disponer de un sistema de democracia directa basado en la participación política activa de sus ciudadanos. 

Suiza es el segundo Estado federal más antiguo del mundo después de Estados Unidos. Esa ya larga “tradición” -que es fuente de sabiduría contrastada con la realidad- con el paso del tiempo ha fortalecido la idea (y la realidad) de una autoridad central capaz de contrarrestar y superponerse, cuando así se hace necesario, al poder de los cantones. Estos, de hecho, pierden a partir de la Constitución de 1848 su derecho a independizarse de la Confederación Helvética. 

En general, la existencia de contrapesos ha sido una constante en la historia de la confederación -que recordemos, es realmente una federación al tener en la cúspide un poder que negocia, pero finalmente se superpone a las tentaciones centrífugas -. Ello ha permitido un equilibrio que se hilvana de manera constante con una gran dosis de diálogo, de negociación y de “conllevancia”. Esta idea del equilibrio dinámico, de poderes que se contrarrestan mutuamente, fue ampliamente desarrollada por la arquitectura institucional norteamericana, dando lugar al concepto de “check and balance”. 

Desde la perspectiva que permite el análisis distante, ambos países han demostrado compartir un cierto “espíritu del momento”. ¿Influenciados, quizás, por la impronta religiosa? Algunos expertos sostienen que sí. La desconfianza en un poder totalizador llegó a Estados Unidos con los peregrinos del Mayflower. Esa mentalidad defendía que el poder siempre era preferible que estuviera repartido y no concentrado. Quizás esa concepción se deba -apuntan esos mismos expertos- a una visión pesimista de la condición humana. Ya saben, aquello de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. 

Al igual que en Suiza, Estados Unidos también tuvo en su momento que dilucidar qué camino seguir en la disyuntiva entre confederación y federación. Y al igual que en su contraparte europea, el país norteamericano decidió ir por la vía de la federación, como así quedó refrendado con la Constitución de 1789. Las tensiones entre estados y gobierno federal posteriores quedarían definitivamente resueltas al final de la Guerra de Secesión

El sistema político suizo ha sido escrupuloso a la hora de delimitar con claridad las atribuciones y competencias de cada instancia del poder territorial. Ejército, protección civil, política monetaria, agricultura, vivienda, régimen impositivo y Seguridad Social son competencias de la autoridad central de la confederación, aunque sus decisiones deben de tener en cuenta los intereses de los cantones. Al mismo tiempo, hay una delimitación clara de cuáles son las competencias de los diferentes cantones: educación, sanidad, cultura y una parte de la recaudación impositiva. Esto nos deriva a una constante presente en un cierto número de países (como Gran Bretaña y países escandinavos): la presencia de dos niveles de autoridad competencial en lo esencial, con la consiguiente simplificación burocrática y administrativa. 

En cualquier caso, las dos últimas décadas han sido testigos de un replanteamiento político inspirado en las directrices emanadas de la Unión Europea -articuladas alrededor del denominado “rediseño de la gobernanza multinivel”. Esa “inspiración” ha ido en la línea de reducir cantones, agrupando a estos en 7 mancomunidades o regiones. El proceso de recentralización política ha sido progresivo y patente. Muchos suizos consideran que hay una serie de problemas concernientes a la nación entera que no se pueden delegar en los cantones o en las comunas. Proceso parecido se ha venido observando en Italia o Alemania, impulsados desde los propios poderes ejecutivo y legislativo. Un motivo de reflexión para las élites políticas españolas. 

Al mismo tiempo -y sin que sea contradictorio- si hay algo realmente particular de Suiza es la amplia autonomía que se concede a los concejos para que puedan gestionar competencias estatales. Ello tiene una fundamentación en la mentalidad suiza de sentirse perteneciente en primer lugar -y muy por encima de cualquier otra consideración- a tu comuna de residencia. La vecindad define la identidad política (y humana, por inclusión); eres de tú concejo mucho antes que de tu cantón o de tu Estado-nación. 

Una característica de esta miniaturización de la convivencia es que una parte de esos concejos no sobrepasan los 1000 habitantes y solo el 4% superan los 10.000. Por supuesto, todo esto genera sus contrapartidas, que bien podemos ver reflejadas en la -real- capacidad de actuación de muchos ayuntamientos de Galicia. La fusión de Oza y Cesuras es, sin duda, un ejemplo a seguir. Al repasar la población de muchos ayuntamientos gallegos, cuesta creer que puedan gestionarse ciertos procesos a una escala tan pequeña. Veamos algunos ejemplos de población censada (censo 2022): Vilariño de Conso 505, A Teixeira, 345, Pontedeva, 479. La diferencia es bien clara: lo que allí se ha llevado a cabo desde una sistemática política de redimensionamiento, aquí no pasa de excepciones que confirman la regla.  

Un último apunte: si hay algo que da vigor a la democracia Suiza es la institución del referéndum. Mediante el mismo, los ciudadanos pueden revocar tanto una disposición legal aprobada por la asamblea federal cómo necesariamente refrendar (o no, si no es aprobada) una decisión parlamentaria que concierna a normas constitucionales o de derecho internacional. Esta figura ha sido objeto de controversia entre los que la defienden -porque diversifica los medios de participación del ciudadano- y quienes la critican porque ralentiza el proceso político y da demasiado poder a los cantones pequeños, más reacios a cualquier tipo de cambio. 

En cualquier caso, Suiza es un país con una arquitectura institucional engrasada, racional y claramente orientada a la eficiencia y el servicio público.

Lucas Ricoy


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