EFE | El sambo quiere ser olímpico y, para ello, cuenta con un
inmejorable valedor, el presidente ruso Vladímir Putin, que practica ese
deporte desde la adolescencia.
"Putin y yo nos conocimos durante una competición de sambo...y
después entrenamos juntos. Le servía de sparring. El presidente aún
sigue saliendo al tartán. Está en buena forma y tiene técnica", comentó a
Efe Vasili Shestakov, presidente de la Federación Internacional de
Sambo (FIAS).
El sambo, el acrónimo en ruso de "Autodefensa (defensa personal) Sin
Armas", se ha beneficiado en los últimos años de la explosión vivida por
las Artes Marciales Mixtas (MMA), que tiene en el Ultimate Fighting
Championship (UFC) uno de los espectáculos deportivos más seguidos del
mundo. De hecho, el sambo es la mejor cantera del MMA, como demostró el
actual campeón mundial, el ruso Khabib Nurmagomédov, que inició su
andadura en ese deporte y a quien las técnicas del sambo le sirvieron
para derrotar con facilidad a la antaño gran estrella del circo de la
UFC, Conor McGregor.
"Antes se debatía quién era el más fuerte, si el judoka, el karateka,
el boxeador o el luchador. Ahora, está claro que el sambo es el método
más eficaz de preparación de un luchador", comentó Shestakov.
Creado por las autoridades soviéticas en 1938 como un arte marcial
híbrido destinado a mejorar la capacidad de los agentes del precursor
del KGB y de las unidades especiales del Ejército rojo, el sambo cuenta
ya con varios millones de practicantes en todo el mundo.
En los últimos europeos y mundiales el número de países
participantes se acercó al centenar y el sambo gana adeptos a marchas
forzadas en Europa -el último europeo se disputó en mayo en la ciudad
española de Gijón- y Asia, donde se celebrará el Mundial del 8 al 10 de
noviembre.
El sambo -el único deporte internacional donde la lengua franca es el
ruso, aunque un español, Fernando Compte fundó la Federación
Internacional de Sambo en 1984- le está ganando terreno a las otras
cuatro formas principales de la lucha libre competitiva, especialmente a
la lucha clásica, ya que la grecorromana y el judo están muy asentadas.
"Es verdad que nos hemos topado últimamente con obstáculos por parte
de los deportes que se sienten invadidos por el sambo, ya que ahora sus
deportistas lo que están haciendo es emigrar hacia nuestro deporte",
señaló a Efe Omar Lopera, presidente de la Unión Panamericana de Sambo,
durante el Mundial juvenil en Taskent.
Shestakov destaca que la FIAS ya ha dado el primer gran paso para que
el sambo sea un deporte olímpico al recibir en noviembre de 2018 el
reconocimiento provisional por parte del Comité Olímpico Internacional
(COI).
"Todos los deportes pasan por ese procedimiento. Tenemos tres años
para que el sambo reciba el reconocimiento de manera permanente",
explicó y destacó que entre los "deberes" de su federación figura
elaborar una estrategia de desarrollo del sambo en el mundo, proyectos
sociales y científicos, y la cooperación con la Agencia Mundial
Antidopaje.
Reconoce que, habida cuenta de que los programa olímpicos para Tokio
2020 -el comité organizador incluyó el kárate- y París 2024 están
"cerrados", el próximo objetivo ahora es acudir a la capital francesa
como deporte de exhibición y entrar en la Universiada y en los Juegos
Panamericanos.
"Y después en los Juegos de Los Ángeles 2028 ya esperamos ser deporte olímpico", resaltó. Tanto la FIAS como Lopera creen que, además del tirón de la MMA, la
ventaja del sambo con respecto a otros deportes es que es mucho más
atractivo y dinámico. "El sambo tiene muchas cosas que son atractivas para el espectador.
Para empezar, es como un pentatlón de deportes de combate. Se utilizan
técnicas de la lucha, el judo, el boxeo o el taekwondo, lo que hace que
sea un deporte muy rico y no es nunca monótono. Tiene un sólo asalto de 5
minutos para los hombres y cuatro para las mujeres. El sambo lo tiene
todo, es un espectáculo", explica Lopera.
En su opinión, el sambo "tiene todas las opciones de ser un deporte
olímpico", pero advierte que son muchos los deportes que "hacen fila"
para entrar en los programas olímpicos, por lo que el resto "es la parte
política que hay que hacer dentro del COI, que es grande".
Al respecto, Shestakov destaca que, aunque se suele decir que la
política está al margen del deporte, "mucho depende de cómo se pongan de
acuerdo los jefes de Estado".
Para ello, cuenta con el magnetismo de Putin y con el hecho de que,
según explica, en el sambo no hay espacio para las rivalidades
políticas, ya que sus practicantes son "una gran familia". "Mi mayor sueño es ser olímpica. Tengo la certeza de que ocurrirá",
comentó a Efe en Taskent la venezolana María Guedes, de 20 años, cuya
hermana mayor del mismo nombre es campeona mundial de sambo.