EFE | Aunque
la apertura oficial no será hasta el próximo lunes, el secretario general de la
ONU, António Guterres, dará este domingo el pistoletazo de salida a la cumbre
del clima o COP25 que se celebrará en Madrid y que urgirá a redoblar
esfuerzos en una nueva fase de acción frente al grave problema de la
crisis climática.
Esta cumbre mundial en Madrid, bajo presidencia chilena, es de especial
relevancia porque supone el último paso antes de la implementación del
Acuerdo de París en 2020, que exige a los países compromisos más
ambiciosos de reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero,
y marcará el inicio de una carrera entre países para presentar
contribuciones más contundentes contra la crisis climática.
En un entorno mundial con más presión social que nunca
para la defensa climática, Guterres ofrecerá este domingo una rueda de
prensa, y lo hará en el recinto madrileño de convenciones de Ifema,
adonde acudirá este sábado el presidente del Gobierno en funciones,
Pedro Sánchez, junto con al ministra en funciones para la Transición
Ecológica, Teresa Ribera, para visitar las instalaciones que albergan la
cumbre, de más de 100.000 metros cuadrados.
La
abultada presencia de jefes de Estado y de Gobierno y de responsables de
organismos multilaterales, que rondará el medio centenar, y a los que
el rey ofrecerá el lunes por la tarde una recepción en el Palacio Real,
confirma el alto nivel de la conferencia, a pesar de haberse organizado
en un tiempo récord. La sede de la misma se trasladó a
última hora a Madrid debido a la severa crisis interna en Chile, que
hizo que se suspendiera en el último momento en ese país andino, en
donde estaba previsto que se celebrara inicialmente.
De hecho, su presidente, Sebastián Piñera, no podrá venir a Madrid para
poder ocuparse de su intensa agenda política, aunque la presidencia de
la COP25 la seguirá ostentando Chile. Entre los
asistentes habrá una quincena de primeros ministros europeos, incluido
el francés Édouard Philippe, y otros muchos altos cargos institucionales
como la nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen,
el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli y la presidenta de
la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi.
Asimismo, el presidente de Argentina, Mauricio Macri, y el de Costa
Rica, Carlos Alvarado, entre otros, además de los máximos representantes
de instituciones internacionales como la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos o el Banco Interamericano de
Desarrollo. Asimismo, el expresidente estadounidense Al Gore ofrecerá una conferencia en un acto fuera del recinto de la cumbre.
Los esfuerzos 'titánicos' de organización a contrarreloj para organizar
esta cumbre además de las tensiones geopolíticas y la decisión de
Estados Unidos de iniciar la retirada del país del Acuerdo de París como
anunció recientemente su presidente Donald Trump, son algunas de las
particularidades de esta peculiar cita climática.
A
ello se añade una presión social más efervescente que nunca,
especialmente de los jóvenes, inspirados por las protestas de la popular
activista Greta Thunberg, que está de camino a España tras un largo
viaje con transportes sostenibles para exigir una vez más a los
gobiernos que tomen en consideración las recomendaciones de los informes
científicos que advierten de la grave crisis de no limitar a 1,5 grados
el aumento de la temperatura del planeta.
Todo
apunta a que esta conferencia en Madrid acabará siendo de transición,
más que de grandes objetivos, con vistas a allanar con las negociaciones
el camino hacia la COP26 que se celebrará en Glasgow (Reino Unido) en
2020. El objetivo principal de la cumbre en Madrid
será propiciar una mayor ambición en la acción contra la crisis
climática que lo permee todo; es decir, que no pivote solo sobre los
gobiernos centrales, sino que involucre a empresas, regiones, y a la
sociedad en su conjunto.
Entre los escollos
pendientes está la redacción del artículo 6 relativo a los mercados de
carbono. Es preferible "un no acuerdo, antes que un mal acuerdo", aunque
en cualquier caso, la implementación del Acuerdo de París seguirá
adelante pase lo que pase, según fuentes de la presidencia de la COP25.