EFE | El
actual presidente de Namibia, Hage Geingob, fue confirmado hoy como
vencedor de las elecciones del pasado miércoles, con un 56,3 % de los
votos, y él y su partido, la Organización Popular del Suroeste de África
(SWAPO, siglas en inglés), seguirán gobernando el país otros cinco años
más.
Geingob se impuso con claridad a sus principales
competidores, pero sus niveles de apoyo fueron significativamente
inferiores a los de los comicios de 2014 que le auparon a la
Presidencia, cuando se anotó casi un 87 % del apoyo popular. "Deseo agradecer a los namibios por reelegirme como su
presidente. Me siento humilde y comprometido a servir a la nación
namibiana con más pasión y dedicación, para lograr mejoras tangibles en
la vida de nuestros ciudadanos. Te he oído", declaró Geingob en su
cuenta de Twitter durante la mañana del sábado, horas antes de conocerse
los resultados oficiales.
Por detrás de Geingob quedó
Panduleni Itula (29,4 %), un exdentista y abogado que se presentó de
forma independiente pese a estar afiliado a la SWAPO, y en el tercer
lugar McHenry Venaani (5,3 %), aspirante del Movimiento para la
Democracia y el Progreso. El candidato por el
Movimiento de la Gente sin Tierra (centrado en las reclamaciones contra
el desigual sistema de propiedad del suelo), Bernadus Swartbooi, solo
obtuvo un 2,7 % de los votos, y Esther Muinjangue, la primera candidata
femenina de la historia de Namibia, no logró más que el 1,5 %.
Fieles
a su tradición de estabilidad democrática, los namibios habían votado
pacíficamente y no se registraron grandes incidentes más allá de algunos
problemas técnicos con las máquinas del voto electrónico.
La
SWAPO, por su parte, se aseguró el control del Parlamento para la
próxima legislatura, al anotarse 63 de los 96 escaños que estaban en
juego en los comicios legislativos celebrados el miércoles a la vez que
los presidenciales.Ha caído su apoyo también, ya que en 2014 había logrado 77 asientos de la Asamblea Nacional.
Este
antiguo movimiento anticolonial lleva gobernando Namibia sin
interrupciones desde su independencia de la Sudáfrica del "apartheid",
en 1990. En democracia, SWAPO no había hecho más que
consolidar su poder, pero la imagen de Geingob y de su partido llegaba
desgastada a esta cita electoral y no se descartaba que el presidente
pasara apuros para revalidar el cargo.
Esto se debía
principalmente al descontento por la mala situación económica del país,
rico en recursos como el uranio o los diamantes, en los últimos años.
Desde
2016, al calor del desplome global de los precios de las materias
primas, una Namibia muy dependiente de la minería inició una recesión
que, según las predicciones del FMI, solo empezará a corregirse
tímidamente a finales de este año. El desempleo se
mantiene alrededor del 34 % -con especial incidencia entre una población
joven cada vez más descontenta- y, pese a la importante labor de
reducción de la pobreza que el país realizó desde los años noventa,
Namibia figura aún como una de las naciones más desiguales del planeta,
solo superada por su vecina Sudáfrica.
A ello se suma
que, este año, la grave sequía que atraviesa el sur de África mantiene a
casi un tercio de la población namibia (que suma unos 2,5 millones de
personas, en total) con necesidad de asistencia estatal. El
equipo de Geingob, además, tampoco se ha librado de acusaciones de
corrupción, pese a las promesas del presidente de combatirla.
Este
mismo mes, solo unos días antes de los comicios, dos ministros
dimitieron tras destaparse un escándalo de presuntos sobornos
millonarios por parte de una empresa pesquera islandesa y están siendo
investigados por la Justicia.