EFE | Solo el 10 por ciento de los mayores se atreve a denunciar el maltrato
que sufre, en la mayoría de los casos por parte de las personas
encargadas de sus cuidados. La vergüenza, pero también la sensación de
desprotección y la vulnerabilidad, favorecen que ese fenómeno permanezca
oculto entre las paredes de sus domicilios.
El más común es el psicológico, explica a Efe el doctor de Atención
Primaria Miguel Ángel Acosta. "Es el maltrato que hace sentir al
paciente mayor que no sirve para nada, que no vale la pena o que incluso
es normal que esté con dolor o con deterioro mental, cuando realmente
no es lo normal". Pero también es frecuente el maltrato por omisión. "Es
una negligencia, no se le trata adecuadamente, no se pasa tiempo con él,
no se está atento a sus necesidades", añade el profesional sanitario.
El 7 por ciento de las personas mayores sufre maltrato, pero solo uno
de cada diez da el paso de denunciarlo, según estimaciones de
asociaciones de mayores ya que se desconoce el dato real.
¿Por qué lo hacen?
"Principalmente por miedo a las consecuencias que pueda tener la
denuncia y también por vergüenza", apunta Acosta. "Ser maltratado por un
familiar genera un sentimiento de desprotección y de vergüenza bastante
importante, cómo voy a decir que mi hijo, que es lo que más quiero, o
que mi marido me está maltratando. Las personas mayores tienden a
justificar mucho el maltrato", asegura.
El perfil del
mayor víctima de abusos o maltrato es el de una mujer viuda y el lugar
donde se realizan es dentro del domicilio, explica el doctor.
Reconoce que es complicado desde las consultas detectar estas
situaciones porque los apenas cinco minutos de media que dedican por
paciente, no permite crear "un clima de confianza con él, ni el tiempo
necesario tanto para poder preguntar o para explorar adecuadamente a
cada uno de los pacientes", que suelen ser entre 40 y 60 por día.
"Uno de los problemas es que hay muchas enfermedades que pueden cursar
con los mismos síntomas. Por ejemplo, una depresión en un anciano, que
es muy frecuente debido al abuso, es raro que llegue un paciente y te
diga: 'estoy triste y deprimido' -como puede pasar en otras etapas-",
cuenta. Pero en los consultorios se detectan muchos
de los casos. La pista la dan un cambio de hábitos, mayores que se
muestran más cohibidos, que dejan de ir a sus actividades normales o que
pierden el apetito de forma brusca, por ejemplo. Una vez detectado, el
médico evalúa el "riesgo inminente para el paciente con la intención de
ayudarle a que lo reconozca y poder protegerle, para establecer los
medios sociales y médicos necesarios".
¿Cómo se actúa?
Ante una sospecha de agresión física en un centro sanitario, los
médicos hacen un parte de lesiones que se manda al juzgado, pero si no
hay una denuncia por parte del afectado, "ese parte no va a ningún
lado", alerta el doctor. Por eso es necesario, que el
mayor reconozca que sufre maltrato o abusos, para coordinar la
actuación médica con los trabajadores sociales y analizar qué opciones
se pueden ofrecer, cómo sacarle de su domicilio, conseguir un centro de
día para que vaya un par de días a la semana y sacarle parcialmente del
entorno donde está recibiendo el abuso, cuenta el facultativo.
Desde la Unión Democrática de Pensionistas (UDP), una de las
asociaciones de mayores, Javier Álvarez Souto cree que faltan recursos
económicos y protocolos de actuación inmediata y advierte de que si no
se identifican los casos difícilmente pueden actuar jueces y fiscales.
"La fiscalía puede ordenar separación e ingreso en una residencia, pero
si no hay plaza, no ingresa y se quedan en casa. Hay fiscales que nos
han dicho: le he tenido que enviar a su casa y pedirle a la guardia
civil que los vigile porque no hay alternativa. Esa falta de recursos es
lo fundamental, lo que habría que solventar, no más leyes", asevera el
coordinador del programa de la UDP sobre malos tratos y abusos a
personas mayores.
Mayores pobres, sube el riesgo de sufrirlo
Souto plantea que para reducir los malos tratos en España hay que
evitar que las personas mayores con una dependencia muy grave estén
totalmente aisladas. "Están en manos de los
cuidadores, que son familiares e incluso con una relación que se ha
deteriorado mucho o que nunca ha habido y están atendiéndola porque no
tienen otro remedio. Esas situaciones son las que se deben evitar y se
puede evitar".
¿Cómo?, dotando de recursos la Ley de Dependencia y los
servicios sociales, apunta. Para este experto, la
soledad, la vulnerabilidad y la fragilidad de los mayores posibilitan
ese maltrato, en el que también inciden factores claves, "como el género
-las mujeres tienen más riesgo- y las rentas; en las personas con
rentas más bajas es donde más se dan los malos tratos entre personas
mayores".
"El estrés de los cuidadores, ser persona
mayor pobre o familiares que les están atendiendo sin recursos son un
caldo de cultivo de una situación de aislamiento y de una carga de
cuidado excesiva o muy alta; todo eso favorece el maltrato", argumenta
el responsable de la organización de mayores. Para el
doctor Acosta, en estas situaciones hay que trabajar tanto con el
maltratado como el maltratador.
"Con la persona mayor asegurar un
control periódico para poder ir evaluando de forma regular no sólo el
abuso, sino todo el resto de situación clínica y personal y poder
ofrecerle las ayudas", Respecto al maltratador, el
especialista médico explica que muchos casos se asocian "con situaciones
estresantes, consumo de sustancias, antecedentes previos de maltrato o
violencia en cualquier otro entorno".
No es normal quitar la voz a los mayores
Los expertos coinciden en la importancia de concienciar a la sociedad
de que no es normal que un hijo abuse del padre financieramente o que le
haga sentir de menos sólo por tener más años. Tampoco lo es que en un
banco o frente a un médico, no se le deje hablar y lo haga en su nombre
la persona que le acompaña. "Eso es un mal trato", apunta el
representante de los mayores. "Hace falta más concienciación a la sociedad sobre la necesidad de reivindicar lo que son sus derechos", añade.
La investigadora en gerontología Pura Díaz-Beiga cree que los
estereotipos sobre los mayores y las imágenes negativas sobre el
envejecimiento pueden en ocasiones originar el maltrato. "Cuando preguntas a la gente qué piensan sobre los mayores, responden
que son personas que están aisladas, enfermas, frágiles, deprimidas, que
se vuelven difíciles de tratar, que son rígidas y que se vuelven como
niños; son estereotipos negativos, que van calando en la sociedad, en
adultos, jóvenes e incluso en mayores que interiorizan ese tipo de ideas
y les hace comportarse de acuerdo a esas experiencias", indica a Efe
Díaz-Beiga, de Matia Instituto Gerontológico.
"Tratar
a una persona mayor como un niño, llamarle con diminutivos, en voz alta
o con frases cortas, seguramente no es maltrato, pero no es el trato
que corresponde a una persona que tiene una trayectoria determinada",
señala la investigadora, que opina que los mayores piden respeto y ser
tratados como a cualquier persona. La experta en
envejecimiento opina que es necesario "incorporar una cultura que sitúe
la trayectoria vital y el envejecimiento como algo valioso, como una
ganancia social".
"Hay que tratar la vejez en toda su
complejidad, no solo que hay personas que mueren solas o que tienen
ciertos problemas, también que hay mayores que cuidan a sus nietos, que
tiene un papel de contribución social apoyando a sus hijos, que aportan
mucho al voluntariado o que tienen un legado cultural enorme a trasmitir
a generaciones jóvenes", concluye la investigadora.