EFE | La muerte de los 176 ocupantes del avión ucraniano que Irán derribó por
error este mes fue igual de absurda y cruel que la reservada al chivo
expiatorio, que servía para saldar deudas en el antiguo Oriente Medio.
La tradición, de origen hebraico, consistía en el holocausto de un
joven macho cabrío para expiar los pecados, en este caso purgar el que
habría cometido Estados Unidos por asesinar en Irak al héroe nacional
iraní, el general Qasem Suleimaní.
También en este caso, la intención del sacrificio y la elección de
las víctimas habrían sido puramente aleatorias, no intencionadas.
Pero el ahorro de víctimas posteriores era el efecto que se
buscaba con el rito que se practicaba en la región; que la sangre
derramada aligerara las cuentas pendientes entre las partes.
Y hay quien piensa que el accidente aleja la posibilidad de que Irán recurra a más violencia para vengar a su héroe nacional.
La paradoja de la desescalada
"Paradójicamente este incidente ha contribuido a una cierta
desescalada", dice a Efe el general de brigada Salvador Sánchez Tapia,
analista de Oriente Medio en el centro de estudios Global Affairs and
Strategic Studies, de la Universidad de Navarra.
"Irán deberá medir bien cualquier uso futuro de la fuerza militar, no
sólo para evitar escalar en la provocación y conceder un 'casus belli' a
EE. UU., sino también para evitar nuevos casos como éste, que
desestabiliza internamente al país", apunta el experto.
El especialista recuerda que "el derribo del avión (ucraniano) ha
desatado una ola de protestas contra el régimen, y ha tenido un impacto
negativo para la causa iraní en el exterior".
"Irán no puede permitirse el lujo de otro incidente similar, que
podría desestabilizar el régimen desde dentro, y aislar, todavía más, a
Irán en el exterior", agrega Sánchez Tapia.
La equivocación que condujo al derribo del aparato "no impide una
represalia pero la complica", concluye, después de considerar que las
víctimas fueron chivos expiatorios "colaterales".
De la tensión a la negociación
Aparte de rebajar la tensión militar, el error ha devuelto al plano de la negociación el debate entre Irán y Occidente. Tras el derribo, Alemania, Francia y Gran Bretaña se retiraban del
acuerdo nuclear iraní alegando que a raíz del asesinato de Suleimaní
Irán se había liberado del compromiso de limitar su producción de
uranio, esencial para elaborar armas atómicas.
El presidente norteamericano, Donald Trump, ya había anunciado en
2018 la retirada de su país de ese acuerdo, con la intención de partir
otra vez de cero y aplicar criterios mas restrictivos.
La concatenación de acontecimientos regionales y las sanciones adoptadas en su contra conducen a Irán hacia ese escenario.
Para Javier Jordán, profesor en Ciencia Política de la Universidad de Granada, "ese es el objetivo de Estados Unidos".
No obstante, duda de que "la estrategia de confrontación logre sentar
a Irán ante un acuerdo mucho más exigente que el anterior".
Experto en Estudios Estratégicos y de Seguridad, Jordán también duda
de que "la desgracia del avión vaya a afectar al enfrentamiento por
debajo del umbral del conflicto con Estados Unidos e Irán".
Y no descarta operaciones armadas contra intereses norteamericanos
por parte de aliados iraníes y grupos guerrilleros que el general
Suleimaní cultivó entre los colectivos chiíes de países vecinos de la
región como Irak, Siria y El Líbano.
El académico califica el derribo accidental del aparato ucraniano por parte de misiles iraníes de "represalia amarga".
Efectos solo temporales
El filósofo y antropólogo francés René Girard centró buena parte de
su trabajo en el estudio de los rituales de sacrificio de inocentes en
diferentes culturas a lo largo de la historia.
En su obra "El Sacrificio", se aproxima a la tradición hebraica del
chivo expiatorio, en la que enmarca la crucifixión de Cristo, que según
la tradición cristiana sirvió para salvar a la humanidad.
Girard hace algunas observaciones.
"Las comunidades salvadas por chivos expiatorios son incapaces de
reconocer en la violencia que las protege la violencia que las amenaza",
anota, tras subrayar que "cada vez que una comunidad es salvada por un
mecanismo de chivo expiatorio, se regocija".
"Pero enseguida se angustia -advierte-, al constatar que los efectos
del crimen son temporales y la comunidad corre el riesgo de recaer en
las rivalidades de las que acaba de escapar".