EFE | La Conferencia Episcopal elige este martes a su nuevo presidente, en
sustitución de Ricardo Blázquez, y entre cuyos favoritos en las
quinielas se sitúa el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José
Omella.
Después de seis años en el cargo, Blázquez se ha despedido este lunes
con un discurso muy neutro en el que ha advertido a los obispos de que
las elecciones no son "un reparto de poder".
"Las elecciones no son oportunidad de acumular prestigio,
sino ocasión para mostrar disponibilidad al servicio", ha destacado el
presidente de la CEE, quien ha dado las gracias por la confianza
depositada en él durante estos últimos años.
Sin embargo, quienes conocen el funcionamiento de esta institución
sí opinan que en las votaciones de mañana se podrán ver las dos
tendencias más arraigadas en la CEE; una más conservadora y otra más
próxima a los postulados del papa Francisco.
El director del semanario Vida Nueva, José Beltrán, explica a Efe las claves de estas elecciones.
"La inercia es votar a aquellos hombres que cuentan con un respaldo
mayoritario de Roma, es decir, los cardenales". En este sentido, sobre
la mesa estarían dos nombres clave como lo son el cardenal Juan José
Omella, arzobispo de Barcelona, y el cardenal Antonio Cañizares,
arzobispo de Valencia.
Ninguno de los dos ha presentado una candidatura como tal, sino que más bien "les han presentado".
Beltrán destaca que entre los méritos del cardenal Omella (73 años)
están su complicidad con el papa Francisco. "El papa ha depositado en él
mucha confianza y tiene una relación estrecha", explica.
Por otro lado, el arzobispo de Barcelona es un hombre que ha
demostrado "una gran capacidad de diálogo y de esa cultura del encuentro
que promueve Roma ante un tema tan complejo como el de la crisis
catalana".
"Eso es valorado por los obispos en un momento en el que la Iglesia
se juega mucho en su relación con la sociedad y los poderes públicos",
explica este experto, que recuerda que el Gobierno ha anunciado una
batería de medidas como la ley de la eutanasia, una ley educativa que
pone en jaque a la escuela concertada y la asignatura de Religión, la
fiscalidad o la memoria histórica.
"Aquí Omella demuestra ser una persona con un gran capacidad
diplomática, de negociación y con una simpatía que gana en el trato
personal", explica.
Por su parte, el cardenal Cañizares (74 años) -indica Beltrán- ha
expresado en sus círculos más cercanos su deseo de ponerse al servicio
como presidente de la CEE, como broche de su carrera.
Ha sido el único en conceder una entrevista en la última semana -al
periódico "Religión Digital"- en la que ha asegurado que no le apetecía
para nada ser presidente, "pero si los obispos me votan, aceptaré".
"Tiene a su favor su probada capacidad negociadora con un Gobierno
socialista, como lo hizo con María Teresa Fernández de la Vega cuando se
pactó el sistema de financiación de la X de la Iglesia y también en
cuanto a las leyes educativas. Es un aval que lleva por bandera con una
actitud e impronta muy distinta a la de Omella", destaca.
Tanto Omella como Cañizares superan ya los 70 años y están muy
cercanos a los 75, edad a la que deben presentar su renuncia ante el
papa como establece el Derecho Canónico.
Entre los más jóvenes, Beltrán sitúa en las quinielas al arzobispo de
Oviedo, Jesús Sanz (65 años), al obispo de Bilbao, Mario Iceta (54
años), o al obispo de Getafe, Ginés García Beltrán (58 años).
Algunas fuentes consultadas por Efe sitúan a Sanz como el candidato
del expresidente de la CEE Antonio María Rouco Varela, que sigue
teniendo una gran influencia en esta institución porque ha sido clave
para la elección de muchos obispos que están ahora en la Plenaria.