EFE | La crisis económica causada por la pandemia del coronavirus puede ser
una oportunidad para que el sector financiero español lave su imagen,
recupere la confianza de sus clientes y mejore una reputación muy dañada
desde hace años. La larga lista de escándalos que han ensuciado la imagen del sector e
incluso han llevado a la cárcel a algunos directivos, algo impensable
hace no tanto, han sido un lastre que desde hace años pesa y mucho en la
reputación del sector financiero español.
La salida a bolsa de Bankia, las tarjetas "black", la caída del Banco
Popular o el "caso Villarejo", que ha llegado a salpicar al expresidente
del BBVA Francisco González, han sido sólo algunos de sus escándalos
más sonados. Sin olvidar, eso sí, las prácticas comerciales poco transparentes o
directamente abusivas cometidas por algunas entidades, como las
cláusulas suelo, los elevados intereses de las tarjetas "revolving", o
las ventas a particulares sin apenas cultura financiera de productos tan
complicados de entender que casi no eran adecuados ni para inversores
profesionales, entre ellos las participaciones preferentes.
La banca quiere dejar atrás todo aquello y tras la gran inyección de
capital público y la consecuente reconversión, el sistema bancario
español goza ahora de buena salud, con ratios de solvencia y capital
adecuados y con la liquidez necesaria para poner en el mercado el
crédito que se demande. Así las cosas, la crisis del coronavirus ha cogido a la banca mejor
pertrechada y consciente de que es el momento de arrimar el hombro y
desde que se congeló la actividad económica, no pasa un día sin que
algún banco anuncie alguna iniciativa solidaria, o una aportación a
algún fondo, moratorias hipotecarias y todo tipo de aplazamientos de
pagos y adelanto de cobros de pensiones.
De esta manera, la banca no solo mejora su imagen, sino que pone en
valor su papel como canalizador de liquidez en forma de crédito hacia la
economía real: familias y empresas, sobre todo pymes, que conforman la
inmensa mayoría del tejido empresarial español. Y son precisamente estas empresas, pequeñas y medianas, comercios de
todo tipo, bares, restaurantes, talleres, peluquerías, panaderías,
librerías y sus proveedores, las que tienen que seguir funcionando para
que la gente pueda gastar su dinero, engrasando así los engranajes de la
economía.
Todo ese esfuerzo de la banca por "sanear" su imagen puede venirse abajo
de inmediato si se producen nuevas denuncias de mala praxis con sus
clientes. Algunas plataformas de pymes acusan a sucursales bancarias de pedir
garantías adicionales cuando solicitan los préstamos ICO covid-19 y
otros clientes aseguran que los bancos les exigen contratar
conjuntamente otros productos.
Todo ello, ha provocado que la Comisión Nacional de los Mercados y la
Competencia (CNMC) abra recientemente una investigación por posibles
conductas anticompetitivas de la banca, con la venta de productos
vinculados a los créditos con aval del Estado. De momento, Bankinter inicia mañana la ronda de presentación de
resultados de la banca correspondientes al primer trimestre de 2020, que
podrían reflejar un beneficio ordinario similar al del mismo periodo de
2019, pero también, según algunos expertos consultados, pueden verse
mermados si deciden empezar a dotar provisiones para atenuar el futuro
impacto del coronavirus.