EFE | El Gobierno ha vuelto a lograr el apoyo a la prórroga del estado de
alarma, pero Pedro Sánchez ha comprobado este miércoles en el Congreso
cómo varios de los socios que hicieron posible su investidura se alejan
de él por pactar de nuevo con Ciudadanos para sacar adelante esta
votación.
La quinta prórroga del estado de alarma -hasta las 00.00 horas del 7 de
junio- va a salir adelante como lo hizo la cuarta,
gracias a los votos favorables del partido naranja y del PNV. Pero eleva la distancia de Sánchez con un partido que fue clave en su
investidura, ERC, con otra formación que hasta ahora había sido
incondicional en su apoyo al Ejecutivo en esta crisis, Compromís y con
otros partidos de la izquierda parlamentaria.
No sólo los portavoces de ambas formaciones, Gabriel Rufián y Joan
Baldoví, sino también otros como el de Más País, Íñigo Errejon, que sí
que apoya la prórroga, o los de Bildu y BNG, que se abstienen, han
coincidido en advertir a Sánchez de los peligros de acercarse a
Ciudadanos en lugar de afianzar sus alianzas más tradicionales.
Sánchez, que ha instado a todos a apoyar la prórroga para "no derrochar"
lo conseguido estas semanas de confinamiento, ha recalcado que
Ciudadanos no es su socio de Gobierno y ha subrayado que mantiene todos
sus compromisos de investidura.
Así se lo ha dicho a todos pero en especial a ERC, al que ha prometido
seguir buscando para dialogar a lo largo de esta legislatura, que según
ha subrayado durará cuatro años. Sánchez ha llegado a este debate con un discurso muy similar al de otras
prórrogas, insistiendo en que el estado de alarma es el único
instrumento constitucional posible para seguir limitando la movilidad.
Pero también ha sido más incisivo que en ocasiones anteriores en sus
advertencias sobre los riesgos que se correrían si no se aprueba esta
prorroga para que la desescalada sea ordenada, y la "irresponsabilidad"
en la que incurrirían los partidos si ocurriera.
Ha insistido en pedir el apoyo a estos "últimos metros del estado de
alarma" e incluso ha sugerido en su réplica a Baldoví que se está
"planteando la última prórroga" para abordar con "máxima eficacia la
desescalada", pero también ha dado por hecho que habrá algún rebrote.
"Nadie tiene derecho a derrochar lo que hemos conseguido entre todos
estas semanas de confinamiento", ha sentenciado Sánchez, quien también
ha pedido disculpas por los errores de su Gobierno al tiempo que ha
dicho disculpar los errores de otros dirigentes políticos.
A todos ellos, de todas las administraciones y partidos, a todos los que
tienen responsabilidades públicas en esta crisis, les ha transmitido su
reconocimiento y les ha dado las gracias, además de defender que se ha
avanzado en la cogobernanza y que a medida que avance la desescalada las
comunidades recuperarán su "plena capacidad de decisión".
Pero también ha subrayado que durante todo este tiempo se ha mantenido
la "corresponsabilidad" de las comunidades autónomas en el ejercicio de
sus competencias, porque el decreto del 14 de marzo por el que se aprobó
la alarma no relevaba a los consejeros de las comunidades de "ninguna
de sus funciones", y mantenían la gestión de los servicios sanitarios.
Unidad es lo que ha vuelto a pedir Sánchez en este debate en el que ha
arremetido sobre todo contra el líder del PP, Pablo Casado, por
"dimitir" de su responsabilidad de Estado como máximo responsable de la
oposición y "abrazar" a la ultraderecha y ha vuelto a felicitar a
Ciudadanos por demostrar que sus diez escaños son más "útiles" que los
89 de los populares.
Casado, por su parte, ha considerado que Sánchez está "como pollo sin
cabeza" y es una "irresponsabilidad" apoyarle, mientras que el líder de
Vox, Santiago Abascal, ha advertido al presidente de que su partido no
descansará hasta que se haga "justicia" por la muerte de miles de
españoles y la "ruina de millones".
En esta ocasión, no obstante, los reproches más duros para Sánchez han venido de sus hasta ahora socios. Gabriel Rufián ha acusado a Sánchez de "llevarse por delante, quizá de
forma irremediable, el espíritu de la investidura". Un espíritu que, ha
dicho, no sólo era "palanca para el progresismo" sino también "un dique
de contención al fascismo".
Joan Baldoví, por su parte, ha acusado al Gobierno de faltar el respeto a
los valencianos por no acceder a aumentar su financiación y pactar con
quienes les niegan "el pan y la sal" y "blanquean a la ultraderecha", en
alusión a Cs. Discursos parecidos han hecho otros portavoces de la izquierda, mientras
el portavoz adjunto de Ciudadanos, Edmundo Bal, defendía su posición
mientras advertía de que con el partido naranja el Gobierno no ha ganado
un socio de Gobierno sino un partido de Estado que ha optado por votar
pensando en el interés general.
Todo en un debate no exento de momentos de tensión -como el cruce de
reproches vivido en la portavoz socialista, Adriana Lastra, y el
diputado del PP José Luis Echániz- en el que Sánchez ha finalizado
pidiendo a todos que votasen pensando en su responsabilidad "moral" como
representantes públicos.