JAVIER DÍAZ | El economista Antón Costas (San Pedro de Matamá, Vigo, 1949), que
presidió el influyente Círculo de Economía entre 2013 y 2017 y ahora
preside su Fundación, es en estos tiempos de pandemia uno de los
'oráculos' económicos de referencia para intentar saber qué panorama
económico y social aguarda a España tras la crisis de la covid-19.
Analiza esta crisis desde el bagaje que da haber vivido muchas otras
anteriormente, teniendo muy presente siempre su impacto social y con la
convicción de que, si España gasta en lo prioritario, y gasta bien,
insiste, superará también este choque económico.
Pregunta.- Ahora que toda España ya está como mínimo en fase 1 y se ha
anunciado también una fecha para el regreso del turismo extranjero,
¿cómo valora el ritmo de la desescalada en España?
Respuesta.- La estrategia de salida, por etapas, y los ritmos me parecen
sensatos y prudentes. No podemos olvidar que tenemos detrás una
herencia de 30.000 personas fallecidas y de muchas más hospitalizadas.
Creo que no se puede poner en riesgo todo ese esfuerzo por un
apresuramiento no prudente de la apertura (económica), sabiendo que a
partir de ahora tenemos que combinar todo esto con el empleo y la
economía.
P.- Hace unos meses, cuando la pandemia empezaba apenas a asomar, se
especulaba con una recuperación en V. ¿Se atreve a ponerle forma a la
recuperación?
R.- Un economista sensato y honesto, a esta pregunta, tiene que
responder con un depende. Hacer un pronóstico implica conocer qué va a
pasar con la evolución del virus, aunque hace algún tiempo ya dije que
lo más sensato es una recuperación en forma de raíz cuadrada. También
será un elemento muy importante el comportamiento de los consumidores y
que las medidas de política económica sean adecuadas y eficaces para
generar confianza en el medio plazo.
P.- ¿Qué cree que pasará con los ERTE?
R.- Ahora el empleo debe ser la vara de medir de todas las políticas y
de todas las relaciones laborales. Tenemos que lograr preservar el
empleo que hemos conseguido mantener con los ERTE y que no se nos
traslade ahora en forma de despidos, y tenemos que aprovechar el
compromiso público con el empleo que han sido los ERTE para prorrogarlo
en una especie de creación de un fondo nacional para el pleno empleo. Y también me da la impresión de que el ingreso mínimo vital puede ser
un buen instrumento para acompañar esta flexibilidad en la salida de los
ERTE.
P.- ¿Cuánto tiempo puede aguantar el Estado sosteniendo la economía española si a la vez la reactivación no es fuerte?
R.- En este momento, el Gobierno debe hacer tres cosas: gastar para
mantener los ERTE; gastar para prolongarlos y gastar para invertir en
sanidad, en educación y en ciencia. Y gastar bien, que es lo que nos
salvará a medio plazo. No tienes otra alternativa a corto plazo. Y si
hay un rebrote del coronavirus en octubre, tendrá que seguir gastando,
porque es la única forma de evitar que el cielo se nos venga encima.
P.- ¿Y cuándo cree que se debe abrir del debate sobre la consolidación fiscal o la contención del gasto?
R.- Si las cosas van bien, a partir de 2022, aunque en 2021 el Gobierno
debe marcar una hoja de ruta hacia el retorno hacia el equilibrio
presupuestario, pero no puede apurar, de la misma forma que no puede
apurar ahora en abrir la economía.
A diferencia de 2010, hay la convicción de que el retorno total al
equilibrio financiero debe hacerse de forma gradual, porque como quieras
hacerlo de forma violenta, no solo creas rabia en la población, sino
que amputas la capacidad de crecimiento de la economía.
P.- Pero la deuda seguirá creciendo...
R.- Hoy lo importante no es la magnitud de la deuda que tengamos, que
será equivalente a un 115 % del PIB, es inevitable, sino la carga del
servicio de la deuda, y es menor que cuando España tenía una deuda del
70 o el 80 %, porque los tipos de interés están prácticamente a cero. No
deberíamos preocuparnos hoy, en 2020 y en 2021, por la magnitud de la
deuda, sino por volver al crecimiento.
P.- ¿Cómo cree que estará España dentro de un año, tanto en lo económico como en lo social?
R.- Si no tenemos la desgracia de un repunte (de la pandemia) en forma
de pico, yo creo que tenemos un escenario que no es para ponernos a
bailar de alegría, pero sí manejable tanto en términos sociales, como
económico-empresariales como financieros.
P.- ¿Entonces no estamos tan mal?
R.- En peores plazas hemos toreado que las de ahora. En los años
setenta, con la reconversión industrial, los españoles teníamos el
sentimiento de que el cielo se nos venía encima. Todo el naval se venía
abajo, también Sagunto, el textil y la metalurgia catalanas...
Ahora tenemos más capacidades y recursos. Somos la única economía
occidental que en los últimos 15 años ha tenido superávit permanente por
balanza de cuenta corriente, que no es solo el turismo, y eso no lo
teníamos en los setenta y los ochenta. Somos una economía competitiva,
más de lo que creemos.
P.- ¿De qué forma saldrá España de la crisis?
R.- En lo económico, vamos a salir con viento de cola, con petróleo más
barato, y me gustaría pensar que vamos a salir con mayor cohesión, con
un clima laboral y empresarial más consciente de que tenemos que salir
juntos y construir un nuevo contrato social, donde la empresa mire más
allá de la rentabilidad.
P.- ¿Qué cambios acelerados por esta crisis pueden consolidarse?
R.- La digitalización va a beneficiar muchísimo, porque opera en favor
de llevar los puestos de trabajo donde vive la gente y da una respuesta a
lo que hemos llamado la España vacía. Y la orientación hacia la
economía verde también genera empleo donde vive la gente.
P.- ¿Pueden consolidarse también prácticas precarias?
R.- Espero que no, porque ahora somos muy conscientes de que vivimos un
poco mejor gracias a unos trabajadores esenciales que ahora ya sabemos
quiénes son. Habrá que mejorar sus condiciones laborales y sus salarios.
Tratarlos como en el siglo pasado a los mineros, que tenían un
sobresueldo porque su trabajo tenía un plus de riesgo. Habrá que
compensarles.
P.- Veo entonces que es un optimista acérrimo ante la crisis...
R.- Tengo motivos para ver con una cierta esperanza que el 2022 y el
2021 sean mejor que lo que fue el 2019. Espero no ser un optimista
tonto. Vale la pena un optimismo de la voluntad.
La nueva normalidad no tiene que ser peor que la anterior, pero habrá que hacer las cosas bien y con mucho esfuerzo. EFE