EFE | Con el avance en la desescalada, algunos padres y madres tienen que
volver a sus puestos de trabajo de forma presencial mientras sus hijos
siguen sin poder acudir a las aulas, una situación complicada para
muchas familias que no pueden permitirse pagar a un cuidador y se ven
obligadas a recurrir a los abuelos, con el riesgo que supone por la
pandemia del coronavirus.
Silvia (nombre ficticio), casada y con un niño de cuatro años, denuncia a
Efe las presiones a la que se está siendo sometida su pareja para
volver a la oficina. Él ha estado realizando, sin problemas, su trabajo
en casa durante el estado de alarma pero ahora ha sido "llamado a filas"
sin darle ninguna alternativa.
"Le han dicho que tienen que volver sí o sí. Yo puedo seguir trabajando
en casa pero, si ya era complicado estando los dos, ahora no podré
atender yo sola a mi hijo", cuenta. Se pregunta además "¿con quién se van a quedar los niños?" si todos los
padres vuelven al trabajo presencial mientras las aulas permanecen
cerradas en la mayoría de los casos.
En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, a partir del próximo lunes
coincidiendo con el paso a la fase 2 de la desescalada podrán volver a
clase los alumnos de Educación Primaria que necesiten refuerzo. Sin embargo, la reincorporación a las clases presenciales en las
escuelas infantiles tendrá lugar cuando la Comunidad entre en la fase 3.
Será "de manera voluntaria y siempre que se cumplan todas las garantías
sanitarias" en aquellos casos en los que los progenitores deban trabajar
fuera de casa, según ha explicado el Gobierno regional. ERTE, despido, la obligación de solicitar la excedencia sin salario o
las vacaciones son algunas de las presiones que denuncian a Efe
trabajadores por parte de sus empresas cuando han expuesto las
dificultades para conciliar la vida familiar y laboral en la vuelta a
las oficinas.
En algunos casos, los superiores han llegado a decir frases como "que se
encargue tu mujer" cuando los hombres han planteado las dificultades
para cuidar de sus hijos. El marido de Paloma es trabajador esencial y no ha dejado su puesto durante el confinamiento. Ha sido ella quien ha estado compaginando su trabajo con el cuidado de
los niños y, dentro de las dificultades, espera "seguir así" porque si
no, asegura que no sabrá qué hacer.
Los abuelos han tenido un papel fundamental en el cuidado de los niños,
desde llevarlos y recogerlos del colegio, a quedarse las tardes con
ellos. Pero ahora Paloma, si tiene que volver a su puesto, no los dejará a su
cargo por miedo al contagio debido a los riesgos que todavía existen en
la pandemia del coronavirus. "Si les pasa algo, no me lo podría perdonar", dice.
En muchos casos, además, las familias no pueden permitirse pagar a un
cuidador, por lo que confían en seguir teniendo la opción de
teletrabajar hasta que sea posible la vuelta a las aulas.
Todo ello pese a los "malabares" que algunos padres y madres están
haciendo para poder compaginar su trabajo en casa con la atención a los
niños, sobre todo los más pequeños, según cuenta Paqui, que tiene dos
hijas de dos y cuatro años.
"Estoy en una videoconferencia mientras tengo que estar atenta a las
manualidades o explicarles cómo se hacen las cosas. Encima no se
concentran, no es su espacio, y yo no tengo nociones sobre cómo hay que
enseñar ciertas cosas", reconoce.
En algunos casos hay miedo sobre la vuelta de los niños a los colegios
porque los menores "no entienden de distancias de seguridad", señala
Iván, profesor en la Escuela Infantil La Bola de Cristal, en el distrito
madrileño de Moncloa-Aravaca. "Con niños de tan poca edad no se puede garantizar la distancia de
seguridad. Además, se puede ver dañada la parte emocional de los niños
ya que su vuelta a la normalidad se hará con mamparas, mascarilla y toda
clase de reglas que serán complicadas de explicar y de entender",
añade.
Carolina, con un ERTE al igual que su marido y un niño de dos años,
asegura que no tiene miedo de que su hijo vuelva a las aulas y aboga por
que tenga contacto con otro niños de su edad y continúe desarrollándose
dentro de la "extraña nueva normalidad". Paqui, en cambio, sí tiene reticencias: "Ya no es el miedo al
coronavirus, es cómo se van a adaptar los niños a una realidad tan
extraña que, sí para nosotros es en muchos casos incomprensible, para
ellos mucho más".