EFE | La Seguridad Social acumulará una deuda de 85.350,6 millones de euros
con el Estado este año, una vez se contabilicen los dos préstamos
concedidos en los últimos meses, por valor de 30.330 millones, para
hacer frente al pago de las pensiones y de las nuevas prestaciones
puestas en marcha, como la de autónomos o el ingreso mínimo vital.
Los presupuestos de 2018, prorrogados en 2019 y 2020, contemplaban un
préstamo con el objetivo de garantizar el pago puntual de las pensiones
por valor de 13.830 millones de euros, cuya concesión volvió a ser
aprobada por el Gobierno el pasado 14 de abril, aunque aún no está
contabilizada como deuda en las cuentas de la Tesorería General de la
Seguridad Social.
Tampoco está computado todavía como deuda el segundo préstamo de 16.500
millones concedido por el Estado el 26 de mayo para evitar tensiones de
liquidez al sistema, tras las medidas excepcionales tomadas para hacer
frente a los efectos de la pandemia de la COVID-19. Entre ellas, la prestación extraordinaria para autónomos, que exime del
pago de las cuotas a la Seguridad Social, la exoneración de cotizaciones
por ERTE por fuerza mayor y la mayor flexibilidad en los aplazamientos
para empresas y autónomos.
A ello se suman las pagas extraordinarias de junio y noviembre de las
pensiones, que suponen sendas nóminas de unos 20.000 millones. El ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escriva,
reconocía esta semana en rueda de prensa que la liquidez provista hasta
el momento "probablemente no será suficiente para la situación que vamos
a abordar este año".
Además de estos préstamos, el Gobierno ha aprobado créditos
extraordinarios por valor de casi 15.000 millones, transferencias que no
forman parte de la deuda de la Seguridad Social sino de su asignación
presupuestaria. Se trata de un crédito de 14.002 millones de euros para mantener el
equilibrio de las cuentas frente al aumento del gasto, otro de 500
millones para financiar el ingreso mínimo vital y dos suplementos de
crédito por valor de 371 millones para el pago de las prestaciones no
contributivas, complementos a mínimos o prestaciones familiares.
Los préstamos de 2020 se suman a los concedidos en 2019 (13.830
millones), 2018 (13.830 millones) y 2017 (10.192 millones), todos sin
intereses, a diez años y destinados a afrontar las pagas extra de los
pensionistas. Los préstamos del Estado a la Seguridad Social no son ninguna novedad,
ya que en los años 90 concedió distintos préstamos por una cuantía total
de 17.168,6 millones, que sumados a los 37.852 millones de los
utilizados en los tres últimos años y a los 30.330 millones concedidos
para este, totalizan 85.350,6 millones de deuda.
La mayor parte de la deuda generada en el siglo pasado corresponde a
préstamos para financiar el déficit de la Seguridad Social que se
instrumentalizaron entre 1994 y 1999, que no devengaban intereses y que
debían reembolsarse a diez años vista, plazos que han sido siempre
renovados.
Estos préstamos del siglo pasado fueron consecuencia de la falta de
financiación del área no contributiva, según el Informe sobre el
Desarrollo del Pacto de Toledo.
El Gobierno decidió entonces financiar a la Seguridad Social vía
préstamos en lugar de instrumentar las transferencias necesarias, con el
objetivo de no incrementar el déficit del Estado. Además de estos dos tipos de préstamos, el Gobierno había concedido
previamente, entre 1992 y 1994, un total de 3.372,4 millones de euros
para financiar las obligaciones pendientes del Insalud.
A cierre de 2019, la Seguridad Social contaba con un déficit de 16.700
millones de euros y con apenas 2.150 millones en su fondo de reserva.
A juicio de Escrivá es necesario reclasificar los ingresos y gastos de
la Seguridad Social para que tengan "una visión más fiel del componente
contributivo", partiendo de un acuerdo en el Pacto de Toledo y del
primer punto del borrador del acuerdo alcanzado hace un año. "En cuanto consigamos acuerdo en el Pacto de Toledo será el momento de
reflejarlo desde el punto de vista presupuestario y de relaciones
financieras entre la Seguridad Social y la Administración General del
Estado", dejaba claro esta semana el ministro, partidario de que el
Estado asuma en sus presupuestos el coste de las prestaciones no
contributivas.
En la misma línea, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ya
contemplaba el pasado febrero la posibilidad de que "el Estado asuma un
mayor déficit y descargue a la Seguridad Social de algunos gastos".