EFE | El
acuerdo europeo ha supuesto un alivio y un revulsivo para el Gobierno
de coalición, que ahora tiene que afrontar el mayor de los retos, la
aprobación de unos presupuestos que den estabilidad a la legislatura, y
hacerlo salvando tensiones y con políticas que ambos partidos, PSOE y
Unidas Podemos, puedan defender como suyas.
Cuando se cumple un año de la investidura fallida, en la que la falta de
entendimiento entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias llevó a una
repetición electoral, el Ejecutivo parece vivir un momento dulce a
cuenta del acuerdo europeo, que le permite seguir con su hoja de ruta,
sin recortes a la vista y con más holgura para elaborar sus cuentas.
La relación entre el jefe del Ejecutivo y el vicepresidente se
vio fortalecida ante la adversidad de la pandemia, según remarcan desde
el Gobierno, y ambos viven un momento de confianza mutua, e incluso se
han esmerado las últimas semanas en llevar a un segundo plano los
desencuentros.
Pero, una vez alcanzado el vital acuerdo europeo, las
diferencias han acabado saltando a cuenta de la monarquía, la reforma
laboral y lo más inmediato: los presupuestos.
El objetivo del Gobierno es presentarlos en septiembre y, ante
la inestabilidad parlamentaria, parece buscar una estrategia de
geometría variable, a pesar de que el partido pequeño de la coalición
tira para que el pacto llegue sí o sí por la izquierda.
Sin embargo, los socialistas no quieren cerrar la puerta a
ningún eventual apoyo y, además de mirar hacia Ciudadanos, la portavoz
del Gobierno, María Jesús Montero, ha llamado al PP a jugar un "papel
fundamental" en ese presupuesto "de la recuperación".
Un ofrecimiento que Iglesias censuró abiertamente con unas
palabras que ha aprovechado el PP, por boca de su secretario general,
Teodoro García Egea, para pedir a ambos que "se sienten y consensúen",
porque "España no se puede permitir peleas en el Consejo de Ministros".
Si semanas atrás Unidas Podemos no cerraba la puerta a un pacto
con Ciudadanos como "plan B" ante el distanciamiento de ERC, ahora los
de Iglesias quieren evitar a toda costa tragarse el sapo de pactar con
Inés Arrimadas, pese a que la portavoz del Gobierno les sigue animado a
vencer sus diferencias ideológicas.
Pero Unidas Podemos se desangra en las urnas y, con las
elecciones catalanas a la vista, busca acentuar su perfil de izquierdas,
y más ahora que entiende que las ayudas europeas permiten elaborar unos
presupuestos de izquierdas, expansivos.
Ciudadanos ya ha entreabierto la puerta a negociar, pues ha
propuesto una mesa de trabajo con la oposición, empresas y sindicatos
para preparar unos presupuestos "moderados, razonables" y acordar las
reformas necesarias para emplear adecuadamente los nuevos fondos
europeos.
Y, entre los de Iglesias, hay preocupación y dudas sobre el
camino que quiera emprender el PSOE, pero también conciencia de que se
avecinan semanas cruciales, pues superar por fin las cuentas de 2018
dejaría muy encarrilada la legislatura.
De otro lado, los cambios en la reforma laboral parecen llamados
a convertirse en uno de los grandes escollos entre Unidas Podemos y el
PSOE, aunque la Unión Europea no haya condicionado, a recortes ni a
cambios en el sistema laboral o de pensiones, las trasferencias de
140.000 millones de euros, 72.000 de ellos en ayudas directas.
Iglesias ya ha avisado de que no está dispuesto a aparcar la
derogación de la reforma laboral, recogida en el acuerdo de legislatura
con el PSOE, aunque desde su formación auguran que la vicepresidenta
económica, Nadia Calviño, pondrá reparos.
Sin aclarar si esos cambios siguen en su hoja de ruta, el
presidente del Gobierno ha recordado que todos los países miembros
tienen que negociar con la Comisión las medidas y reformas que hacen y
seguir sus recomendaciones. Y, en principio, la Comisión no parece
partidaria a que se dé ese paso.
Pero el presidente ha recordado que la agenda española está
"alineada" con la de la Comisión. "Europa ahora es nuestra casa, y su
visión es la visión de este Gobierno", ha dicho Pedro Sánchez hoy mismo.
Quizás, por sabidas, generan menos polémica las diferencias
entre socialistas y Unidas Podemos a cuenta del modelo de Estado: el
vicepresidente segundo ya ve en el "horizonte" la república, mientras
sus socios de Gobierno llaman al respeto a la Constitución y a las
instituciones del Estado, pese a censurar las supuestas actividades
corruptas del rey Juan Carlos.
Más bache supuso para Iglesias no encontrar apoyo en el PSOE
ante su llamada a normalizar las críticas o los insultos a periodistas,
aunque los dos partidos del Gobierno evitaron juntos que el
vicepresidente tuviese que comparecer en el Congreso para dar
explicaciones sobre el llamado caso Dina, en el que ha perdido la
condición de perjudicado y podría acabar siendo investigado. Los próximos meses se conforman decisivos para un Gobierno joven que
pudo haber nacido hace un año en aquella sesión de investidura fallida,
en la que los socialistas decían cerrar la puerta definitiva a una
coalición que al final se formó, aunque en enero, y que ahora vive un
momento clave. ¿Logrará sacar adelante los presupuestos?