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José Manuel López García
Ernesto González Valdés
Sociedad

CULTURA | RELATO

El hombre que cumplió sus sueños

04-11-2020 16:07:32

ÁNGEL VARELA | No te imaginas Javier lo que yo daría por poder ver con mis ojos todo lo que han visto los tuyos. Ahora que has emprendido tu último viaje, creo que puedes irte con la satisfacción del deber cumplido, con la certeza de que has disfrutado plenamente de una vida bien vivida. Con todas las aventuras que has disfrutado, resulta inevitable recordar aquellas palabras del androide Roy Batty en Blade Runner: “Yo he visto cosas que no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser”.

Emboscado en tu eterna adolescencia, herido de literatura y vida, nos inoculaste en el alma el amor por la aventura y nos recordaste también lo que decía Borges: “Todos los hombres son el fruto de los libros que han leído, de las mujeres que han amado y de los viajes que han hecho”.

Leyendo tu excepcional Trilogía sobre África tuve que atornillarme al sillón de mi casa para no salir volando hacia allí. En cada una de las páginas que escribiste, además de una insaciable curiosidad intelectual, se percibía un inmenso sentimiento de gratitud por tener la oportunidad de disfrutar de la belleza del mundo, por tener la capacidad no sólo de deleitarse con la contemplación de lugares únicos, sino también de poder sentirlos.

Sabías muy bien que, aunque un paisaje permanezca inmutable, una mirada no se repite jamás. Y la tuya ha sido una mirada sabiamente reposada sobre infinidad de lecturas, forjada en los sueños que nos cautivan de jóvenes y ya no nos abandonan nunca. Porque tú, Javier, además de curtido periodista e intrépido viajero, eras un eterno adolescente embutido en setenta y seis años de experiencias irrepetibles.

Ya desde muy joven te pusiste el mundo por montera y tu biografía se despeñó por un sinfín de aventuras y sueños que, la mayoría de los mortales, sólo pueden imaginar a través del bálsamo del cine y la literatura. No tuve la suerte de conocerte personalmente, pero viéndote en televisión o leyendo algunas de las entrevistas que te hacían en los periódicos, camuflado en tu entrañable imagen de abuelo travieso, siempre tuve la certeza de que eras un hombre bueno en el más amplio sentido de la palabra.

Es cierto que te has ido, pero nos queda el ejemplo de tu vida y el gran consuelo de tus libros. Y también la certeza de que, a pesar del dolor y de la tremenda incertidumbre de estos tiempos, merece siempre la pena luchar a cara de perro por nuestros sueños y que el mundo, bello y cruel en su inmensidad, siempre estará ahí esperándonos para iluminar nuestra existencia con cada nuevo viaje.





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