El Gobierno que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias pactaron hace un año
roza la ansiada estabilidad que espera desde entonces gracias a los
presupuestos del Estado, más difíciles de consensuar en cualquier otro
contexto pero que en este momento de pandemia y crisis saldrán adelante
con previsible facilidad. Con las cuentas aprobadas el Ejecutivo podrá así mirar al medio plazo y
tendrá el camino mucho más despejado en su objetivo de agotar la
legislatura, aunque en el corto plazo la situación siga siendo muy
complicada y el reto más inmediato sea el de contener los contagios de
coronavirus y hacer frente a una situación sanitaria y económica muy
delicadas.
El pasado jueves, cuando el pleno del Congreso rechace, como se espera, las
enmiendas a la totalidad del proyecto de ley presupuestario y abra el
camino a su aprobación definitiva en pocas semanas, habrá pasado un año
del pacto que hizo posible el primer Ejecutivo de coalición de la
democracia. Con un abrazo sellaron Sánchez e Iglesias su acuerdo para conformar el
Gobierno, un pacto que llegaba 48 horas después de los comicios del 10
de noviembre...Y 196 días después de las elecciones del 28 de abril,
tras las cuales los mismos protagonistas no fueron capaces de pactar.
Pero si la investidura de Sánchez llegaba en enero, la pandemia irrumpía
en marzo y abortaba muchos de los planes del nuevo Ejecutivo. Sánchez lleva al frente del Gobierno desde junio de 2018 pero no ha
logrado hasta ahora sacar adelante unas cuentas, y siguen prorrogadas
las últimas del Gobierno de Rajoy. Fue precisamente la imposibilidad de sacar adelante los presupuestos lo
que llevó al presidente a convocar las elecciones en 2019.
Ahora el panorama es bien distinto, la crisis provocada por el
coronavirus exige unas cuentas cuanto antes y son más los partidos
dispuestos a negociar que los que plantean vetos y son muchos más los
votos dispuestos a tumbar las enmiendas a la totalidad que los que las
sustentan.
Por eso estas cuentas, que en nada se parecen a las habituales porque
incluyen una importante inyección para la reconstrucción -gracias entre
otras cosas al fondo europeo-, seguirán su curso el jueves.
El Gobierno mantiene su estrategia de negociar a varias bandas. Insiste
en que su preferencia son los partidos que le dieron la investidura a
Sánchez, pero los socialistas siguen apostando por negociar también con
Ciudadanos y ampliar los apoyos aunque a Podemos no le guste. El PNV y Esquerra están en cualquier caso en primera línea de las negociaciones. Los nacionalistas vascos lo hacen con la discreción que les caracteriza.
La negociación, no obstante, no ha empezado con buen pie por la subida
de la fiscalidad del diesel, que el PNV rechaza, pero el Gobierno está
abierto a revisar y discutir con su socio "preferente", como se ha
afanado en llamarlo, para llegar a consensos.
Y ERC ha insistido, por su parte, en su rechazo frontal a que Ciudadanos
esté en el acuerdo presupuestario. Aunque también asume que hay que
dejar tramitar las cuentas para negociarlas en las enmiendas parciales. Aunque la aprobación de las cuentas pueda dar al Gobierno esa
estabilidad que espera para tratar de agotar la legislatura, son muchos
otros los frentes políticos abiertos con la oposición. El último y más sonoro, el de la reforma educativa, conocida como Ley
Celáa, que no incluirá el castellano como lengua vehicular en la
enseñanza, gracias a una enmienda pactada por PSOE, Unidas Podemos y
ERC.
En el PP entienden que pactos como éste están dentro de las prebendas
que el Gobierno pacta con sus socios de investidura -en este caso ERC- a
cambio del apoyo presupuestario. Los populares se resisten, por otra parte, a llegar a un acuerdo sobre la renovación del Consejo General del Poder Judicial. El Gobierno prometió aparcar la reforma que han promovido los partidos
de la coalición para cambiar el sistema de renovación si los populares
se avenían a negociar, pero el partido de Casado sigue poniendo como
condición que Podemos no esté en este proceso. Y no ha habido avances en
los últimos días.
Lo que ya nadie duda es que si los presupuestos -como parece que así
será- acaban saliendo adelante a principios de año, no se esperan
elecciones generales a la vista durante un largo periodo, y Sánchez
puede incluso aspirar a agotar la legislatura.Y eso es algo que ha entendido también el principal partido de la oposición.
Desde que Pablo Casado le diera la espalda a Vox en el debate de la
moción de censura presentada por ese partido, el partido ha continuado
con este viaje a una posición más moderada que según recalcan en Génova
no tiene vuelta atrás. Aún a costa de perder a quienes no entiendan el "divorcio" con el
partido de Santiago Abascal, la estrategia del PP mira al largo plazo y
busca ampliar la base electoral. Cuentan, a priori, con tiempo para intentarlo. Porque un año después el
pacto del abrazo sigue, aparentemente, más vigente que nunca. Y tiene
para rato. EFE