MADRID | El PSOE y Unidas Podemos han acentuado sus diferencias,
que se han extendido desde el Gobierno al trabajo de los grupos
parlamentarios en el Congreso, en un marco en el que los dos partidos se
preparan para las elecciones catalanas con estrategias bien distintas.
La coalición de Pablo Iglesias se muestra satisfecha con el hecho de
que, tras un año de gobierno conjunto, se haya normalizado ya la
escenificación de las disputas entre ambas formaciones.
Podemos, como partido minoritario de la coalición, entiende que la
expresión de esas tensiones le permite mantener su visibilidad y su
terreno, y la dirección ve como un éxito que también el PSOE exhiba sus
posiciones, como ha sucedido esta semana a cuenta de la equiparación del
expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont con los exiliados
republicanos.
Expresadas a un paso de las elecciones catalanas que serán el 14 de
febrero si los tribunales no acaban por avalar su aplazamiento, las
palabras del vicepresidente segundo del Gobierno fueron ampliamente
contestadas por los socialistas.
Y en esta ocasión no solo respondieron los barones territoriales más
críticos con las alianzas del PSOE con independentistas. También
expresaron su malestar las ministras Carmen Calvo, María Jesús Montero e
Isabel Celaá, incluso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, marcó
distancias ayer con su vicepresidente.
"El sacrificio del exilio y de la resistencia de ayer son la base de
nuestra democracia de hoy", reivindicó Sánchez en referencia al
"verdadero exilio", y no a la huida de Puigdemont.
En el contexto de la precampaña catalana se enmarca la reivindicación de
Sánchez del liderazgo del PSOE en el terreno progresista frente a
quienes -asegura el presidente- no llevan "al paraíso prometido" y están
en la barricada. Los comunes ya han expresado sus críticas al ministro de Sanidad,
Salvador Illa, por compaginar su puesto con el de candidato del PSC a la
Generalitat y, partidarios de una alianza de izquierdas que incluya a
ERC, los de Pablo Iglesias avisan de que el "efecto Illa" puede dejar el
Gobierno en manos de JxCat.
Con una agenda independiente a la de los socialistas, la formación de
Iglesias se dispone a mantener e intensificar su estrategia de
confrontación en el Gobierno porque entiende que solo así logra que el
PSOE modifique sus posiciones y lo que considera una tendencia natural a
aliarse con la derecha.
"En política no hay que fiarse de casi nadie", ha llegado a asegurar en
una entrevista en La Sexta el propio Iglesias, que advierte que el
Gobierno no se basa una confianza mutua entre los líderes de ambos
partidos sino "en una correlación de fuerzas y un acuerdo de gobierno
que debe cumplirse".
En ese contexto enmarca Podemos lo que considera su última victoria: que
finalmente el texto remitido por el Gobierno a Bruselas sobre la
reforma de las pensiones no incluya un incremento de los años necesarios
para la cotización, de 25 a 35, un aumento que el ministro de la
Seguridad Social, José Luis Escrivá, niega haber planteado.
Esta misma semana la marcha de Illa provocará que haya una remodelación
del Ejecutivo, pero Unidas Podemos asegura que no le afectará, pues en
la coalición entienden que son ellos, y no los socialistas, quienes
deciden sobre sus cinco ministerios.
Y descartan no solo cualquier cambio en la parte morada del Ejecutivo
sino también una ruptura con los socialistas, pues Podemos entiende que
su papel esta legislatura es presionar en el Ejecutivo para que se
cumpla el programa de Gobierno. El PSOE, por su parte, tiene asumido que lo que considera "ataques
improcedentes" de Podemos se seguirán sucediendo, sin que ello pueda
poner en peligro al Gobierno de coalición.
Y si en el ámbito parlamentario la última gran disputa entre los socios
de Gobierno la propició la enmienda de Unidas Podemos a los presupuestos
para prohibir los desahucios, esta semana ha sido el PSOE quien ha
generado un "gran malestar" en Unidas Podemos al registrar en solitario
una proposición de ley que ambos estaban negociando.
Los dos grupos parlamentarios llevaban meses hablando sobre la ley de
Igualdad de Trato, pero Unidas Podemos puso trabas, y el PSOE decidió ir
en solitario debido a que el acuerdo contemplaba registrarla en el cupo
del primer trimestre del año.
La anticipación del PSOE y la reivindicación del trabajo del fallecido
socialista Pedro Zerolo por impulsar esa medida molestaron en Unidas
Podemos, que, no obstante, sigue con su agenda propia: no dudó en pedir
rápidamente la dimisión del Jemad tras conocerse que se había vacunado
ni en criticar la reforma que el Ministerio de Sanidad prepara para
promover que los abortos hasta la novena semana de gestación sean por
métodos farmacológicos.
Si fueron notorias las diferencias entre los socios en su primer año de
Gobierno, la agenda electoral con que se inicia el segundo evita que,
por el momento, sobre la mesa haya cualquier posibilidad de tregua. EFE