LOGROÑO | "No se nos olvidarán en la vida los primeros quince días de la pandemia
en la UCI. Ingresaban los pacientes en un número exagerado. Hacíamos
todo lo posible pero, por mucho que lo intentáramos, fallecían en una
cantidad muy grande. Hasta seis en 24 horas. Fueron situaciones muy
duras y de mucha tristeza".
Este es uno de los recuerdos que la supervisora de Enfermería de la UCI
del Hospital San Pedro de Logroño, Pilar Espinosa, ha contado a Efe al
cumplirse este martes el primer aniversario de la detección del primer
caso de covid-19 en La Rioja, que fue una de las comunidades en las que
más pronto se produjeron brotes de esta enfermedad.
Una visita de un equipo de Efe en este aniversario a la UCI, al Servicio
de Urgencias y al Laboratorio de Microbiología el Hospital San Pedro de
Logroño -centro de referencia de La Rioja- muestra que la covid-19,
tras doce meses, sigue muy presente y ya ha costado 725 vidas.
La manera de trabajar se ha adaptado a la evolución de la pandemia, hay
camas de UCI en áreas quirúrgicas y los equipos de protección individual
(EPI) se han incorporado a la indumentaria habitual del personal
sanitario, que soporta una importante carga emocional y siente
"impotencia" e "indignación" cuando observa a alguien que no cumple con
las medidas anti-COVID-19.
Porque son conscientes de que "esto no ha terminado" y, a los que "no
cumplen", les aconsejan que "se den una vuelta por el hospital y vean lo
que es nuestro día a día".
"La sensación que hay ahora es la de decir: no puedo ir a mi puesto de
trabajo porque ya no puedo más, pero sacas fuerzas, vuelves e intentas
que eso no se transmita al paciente, sino que te vea en condiciones
óptimas para darle ánimo, que bastante tiene ya él".
Tras este año, esa es la sensación que tienen muchos sanitarios, según
Espinosa, porque "la carga física es importante, pero te recuperas con
los días libres, pero la emocional está pesando muchísimo. Es una carga
horrorosa la que estamos sobrellevando".
Esta enfermera, que este mes de marzo se jubilará tras una larga
trayectoria profesional, fue una de las que atendió a la primera
paciente covid que ingresó en la UCI riojana.
"Me acuerdo perfectamente: una mujer que llegó con poca clínica y que se
recuperó", pero, frente a ella, han fallecido muchas personas, que ha
sido lo peor de este año de pandemia, en el que "no hemos perdido el
contacto con el paciente, no ha sido el ideal porque casi no nos
distinguen", pero, por ejemplo, "al entrar, nos presentamos para que
sepan quién le atiende".
"Lo mejor de este año ha sido el equipo que hemos estado trabajando,
cansados, pero con entusiasmo y ganas para continuar con el cuidado del
paciente como se ha hecho siempre, a pesar de la carga de trabajo".
Una vez más, insiste en que el personal sanitario no son héroes, es su
profesión y su vocación, aunque hay algunos que tienen que hacer un
esfuerzo para venir a trabajar porque "no pueden más emocionalmente",
pero continúan en su puesto porque "saben que los pacientes y sus
compañeros les necesitan".
Silvia Cuadra era enfermera del Servicio de Urgencias del Hospital San
Pedro cuando empezó la pandemia, primeros días que vivió con "miedo e
incertidumbre", sin saber lo que se avecinaba, "nos parecía un poco
surrealista todo".
"Recuerdo miedo. No sabía si podía tocar o no tocar, cuántas mascarillas
ponerme... Ello se trasladaba al llegar a casa, miedo a que te abracen
tus hijos... un horror", asegura, pero a lo largo de este año la forma
de trabajar se ha ido adaptando a la pandemia, con una normalización a
la hora de atender a los pacientes.
Lo peor, ha dicho, han sido las condiciones de los pacientes, "están
solos, no tienes opción de tocarlos, no te ven cuando les sonríes...", y
los momentos "duros de colapsos" vividos en Urgencias por la gran
cantidad de pacientes que acudían.
Lo mejor, los EPI, "sin lugar a dudas", según Cuadra, ya supervisora de
Enfermería en Urgencias de este hospital logroñés. "Estaremos
eternamente agradecidos a las empresas riojanas que se reinventaron para
que no nos falten los equipos de protección. Nos dieron la vida".
Reconoce que muchos compañeros sanitarios necesitan medicación para
controlar lo que viven porque "hemos soportado muchísimo", no solo la
carga física, sino la emocional. "Un día nuevo de trabajo y no quieres
venir porque no sabes lo qué va a pasar. Te acuerdas de un paciente y no
puedes dormir...".
Por ello, "no queremos que nos den aplausos; lo que queremos es que nos
dejen trabajar, que nos respeten" y que se cumplan las medidas
anti-COVID-19 porque es "dramático" ver que hay personas que no son
conscientes de la situación "con todo lo que nosotros llevamos a la
espalda....", por lo que les invitaría a dar una vuelta por el hospital y
enseñarles lo que los sanitarios viven día a día.
"No se puede vivir con miedo, pero sí con precauciones. Sabemos que el
virus está ahí, hay que convivir con él con precauciones", insiste
Silvia Cuadra, para quien "la vacuna hay que ponérsela sí o sí. Es una
esperanza".
El Laboratorio de Microbiología del Hospital San Pedro vivió el inicio
de la pandemia como "un aterrizaje forzoso. Íbamos a salto de mata,
poniendo en marcha técnicas de PCR mientras aumentaban los casos.
Pasamos de hacer una media de 150 PCR diarias antes de la covid-19 a
casi 2.000 después".
El responsable de este laboratorio, el médico especialista en
Microbiología José Manuel Azcona, relata que recuerda las primeras
noches hasta las dos y la tres de la mañana trabajando con "una
sensación un poco de pesadilla, de surrealismo", pero "sin miedo porque
las pandemias forman parte de nuestro trabajo, aunque nunca piensas que
te va a tocar".
La Rioja, en la cuidad de Haro, fue una de las primeras regiones en las
que se detectaron brotes de covid-19, lo que "nos permitió calibrar que
la situación era más importante de lo que pensábamos al principio y
adelantarnos un par de semanas a otros hospitales a la hora de comprar
material".
"Buscamos proveedores a la desesperada" para que no faltaran
existencias, lo que se ha logrado durante todo el último año; y "el
miedo era a fallar, a poder quedarnos sin fungibles".
Su equipo tiene ahora "una sensación de tranquilidad, no por la
pandemia, que sigue ahí, sino desde el punto de vista del trabajo", gran
parte de él ya automatizado y con una rutina diaria normalizada.
Este Laboratorio de Microbiología, donde el trabajo es "duro", se ha
equipado con más robots para asumir la gran carga de trabajo añadida por
la covid-19; y se ha elaborado un protocolo del transporte del virus,
que ha dado "tranquilidad".
"La parte emocional la hemos normalizado. No sé si es bueno o malo, si
sé si es sano o no sano... veremos los costes más adelante", según
Azcona, quien cita "los ratos de ansiedad e incertidumbre" que han
pasado.
"Cuando resistes -afirma- y pasa otro día y ves que has podido con ello,
lo malo se queda atrás", por lo que resalta como positivo "lo aprendido
con el equipo multidisciplinar, con el codo con codo y con apoyarnos
los unos a los otros".
A ello ha sumado "la capacidad para que, cuando piensas que estás en el
límite y ya no puedes más, al día siguiente, vuelta a levantar y a
seguir", asegura este microbiólogo, quien, ante la pregunta de si teme
una cuarta ola, responde "ver y esperar", pero insiste en mantener todas
las medidas que evitan la propagación del virus porque "esto no ha
terminado, queda camino por recorrer".
La pandemia ha generado una situación "compleja" y lo importante es "no
fallar porque hay muchas vidas en juego", defiende el director gerente
del Servicio Riojano de Salud (Seris), Alberto Lafuente, especialista en
Anestesiología y con experiencia de gestión en catástrofes de otros
países, como Haití.
Su equipo de colaboradores es "muy potente", han logrado superar la
"incertidumbre" inicial de hace un año y conseguir la plasticidad del
sistema público sanitario de La Rioja para adaptarse a la pandemia, por
lo que de las 17 plazas de UCI iniciales de marzo de 2020 se han
logrado, en los momentos de mayor incidencia, hasta 86 al ocupar áreas
quirúrgicas y otros espacios, que, poco a poco, se van recuperando para
otras patologías que no son covid.
"Cuando se habla de la posibilidad de una cuarta ola, el personal
sanitario se derrumba psicológicamente al pensar 'otra vez voy a pasar
por las mismas circunstancias'", por lo que pide corresponsabilidad a
los ciudadanos para cumplir las medidas vigentes. EFE