EFE | En España hay actualmente 1.066 seminaristas mayores que aspiran a ser
sacerdotes católicos, que son un 16,5% menos que hace 10 años, según ha
informado el arzobispo de Urgell, Joan Enric Vives, que es el
presidente de la comisión para el Clero y los Seminarios de la
Conferencia Episcopal Española (CEE). Vives dedica su carta dominical de hoy, titulada "Un seminarista es un
milagro de la gracia", a hablar de la necesidad de seminaristas que
tiene la iglesia española, con motivo de la celebración del Día del
Seminario.
En su escrito dominical, informa de que en España "tenemos 1.066
seminaristas mayores, con un total de 215 nuevos ingresos (que son siete
menos que el curso anterior) y fueron ordenados 126 nuevos sacerdotes
el curso pasado", y detalla que en su diócesis del Urgell han sumado
nuevo seminarista desde febrero y ahora son cinco. El arzobispo,
que también es el copríncipe de Andorra, pide "orar por las vocaciones
al ministerio" y destaca la incorporación "generosa" de 215 nuevos
seminaristas en España "a pesar de la pandemia, el confinamiento, y
todas las restricciones culturales y la persecución que queráis".
"Son
un milagro de la gracia de Dios, más poderosa que nuestras debilidades y
las actitudes hostiles", señala el arzobispo pirenaico, que reconoce
que necesitan más "pastores misioneros". "Ciertamente sigue valiendo la pena ser sacerdote de Jesucristo, y la
sociedad lo sigue necesitando en tantos campos que superan la dimensión
puramente espiritual y religiosa. Oremos por los seminaristas, por sus
formadores y profesores, por su proceso de maduración", concluye Vives.
Según
la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios, el número de
seminaristas mayores en el curso 2011/12 era de 1.278, un número que fue
creciendo hasta el curso 2014/15, cuando sumaron el máximo de esta
década, con 1.357 seminaristas, lo que propició que al año siguiente se
ordenaran 150 sacerdotes, el máximo en los últimos diez años. Desde
el año 2014, el número de aspirantes al sacerdocio católico se ha ido
reduciendo paulatinamente (1.300 en 2015; 1.247 en 2016; 1.263 en 2017;
1.203 en 2018; 1.128 en 2019 y 1.066 en 2020).
En cuanto al total de seminaristas menores en el curso 2020-2021 es
de 827 -465 menos que en 2010, una reducción del 36 %-, de los que 227
han ingresado este año, mientras que 25 seminaristas del seminario menor
han pasado al mayor. El objetivo de la jornada del Seminario,
organizada por la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios de la
CEE, que se celebra desde el año 1935, es suscitar vocaciones
sacerdotales mediante la sensibilización, y está dirigida a toda la
sociedad, y en particular a las comunidades cristianas.
También el
obispo de Girona, Francesc Pardo, dedica su carta dominical de hoy al
Día del Seminario y lo titula con una expresiva exclamación:
"¡Necesitamos capellanes!". "Todos somos conscientes de que
necesitamos curas. Lo soy yo, y lo es el consejo episcopal en el momento
de hacer nombramientos para las parroquias y otras misiones", escribe
el obispo gerundense, que informa de que hay presbíteros que tienen que
atender varias parroquias al mismo tiempo, hasta doce o más, lo que hace
que el rector "no puede dedicar más tiempo, ni ofrecer cada domingo la
Eucaristía".
Pardo, que también hace alusión a la media de edad de los sacerdotes
de su diócesis, explica que en sus visitas pastorales los fieles le
dicen: "¡Necesitamos un cura!". "Quizás a menudo sólo se le quiere
para asegurar algunas celebraciones o reuniones, pero lo cierto es que
la presencia frecuente, la acción y las iniciativas de un cura en la
parroquia son fundamentales para asegurar su misión", añade el obispo,
que revela que incluso algún ayuntamiento le pedido "un cura para el
bien del pueblo".
Monseñor Pardo se lamenta: "No tengo más curas,
en nuestro equipo juegan todos, hasta los más mayores y lesionados, y no
tengo banquillo de reserva". "Desearía que todos imagináramos el
futuro de nuestras comunidades parroquiales. Dentro de unos cuantos
años, sin curas ¿podrán continuar vivas?. Sin sacerdotes no sólo
debilita y empobrece nuestra Iglesia, sino que se produce un vacío
notable en la vida social, cultural, de fraternidad de nuestros pueblos,
villas y ciudades", concluye el obispo de Girona.