PARÍS | No
hay ningún sondeo que no augure la victoria de Emmanuel Macron en las
presidenciales del mes próximo, pero la dinámica observada en los
últimos días muestra que su triunfo no será tan aplastante como se
auguraba hace unas semanas, ante el empuje de la ultraderechista Marine
Le Pen.
A diez días de la primera vuelta, han comenzado a aparecer signos
inquietantes para el todavía presidente. Ocupado en la escena
internacional, Macron tardó en entrar en campaña y ahora lo hace de
forma precipitada, con actos en contacto con los electores como el que
mantuvo hoy en Fouras, en el oeste del país, con escaso
seguimiento, tanto en el lugar como a través de las redes sociales. El presidente-candidato apuntó al perfil extremista de su principal
rival: "Nunca he trivializado con el Frente Nacional", dijo Macron,
rescatando el antiguo nombre del partido de Le Pen que la actual líder
borró para mostrar un rostro menos ultra.
Macron tuvo que salir del Elíseo en busca de los electores. Ya no le
vale con presentarse como el mejor garante contra las graves crisis que
atravesaba el país, desde la pandemia a la guerra de Ucrania, que le
situaron por encima del 30 % de las intenciones de voto en la primera
vuelta del próximo 10 de abril.
"Ucrania le hacía la campaña al presidente. Ahora las cosas han
cambiado. A la gente le preocupa más su bolsillo que lo que sucede en
Ucrania. El poder adquisitivo se ha convertido en el tema central. El
presidente tendrá que hacer campaña", señala a Efe el polítólogo de la
Fundación Jaurès, Guilles Finchelstein.
Con el combustible por encima de los 2 euros el litro, las facturas
de la luz cada vez más altas y los precios de los alimentos desbocados
en los supermercados, los electores reclaman a un líder que se ocupe de
sus problemas cotidianos. Un terreno que Le Pen viene labrando desde hace semanas para ocultar
las divisiones internas en la extrema derecha y su cercanía al
presidente ruso, Vladimir Putin.
En pocos días, Macron ha visto que sus intenciones de voto apuntan
más al 25 % mientras que las de su principal rival se asientan por
encima del 20 %. Peor aun para el presidente, la líder ultraderechista ha visto como
las distancias en la segunda vuelta, que tendrá lugar el 24 de abril, se
reducen. Si Macron dobló en votos a Le Pen en la segunda vuelta de 2017, los
últimos sondeos le otorgan apenas una renta de 5 puntos, la mitad de los
que tenía hace una semana.
Le Pen modera su imagen
La candidata ultra logró moderar su imagen, en buena medida por la
aparición de Éric Zemmour, un candidato que encarna propuestas más
radicales sobre la inmigración, lo que permite a Le Pen abordar otros
asuntos, sobre todo el que más preocupa a los franceses, la pérdida de
poder adquisitivo.
En ese terreno, Macron se coloca a la defensiva, porque solo un 15 %
de los franceses perciben que su poder adquisitivo ha mejorado en los
últimos 5 años, aunque las estadísticas indican que el progreso en ese
terreno es superior.
Los franceses son duros juzgando el balance de sus gobernantes y
prefieren apostar por un programa de futuro ilusionante. Por eso aparece
un fantasma que aterra al presidente: ningún inquilino del Elíseo ha
logrado renovar su cargo cuando acumulaba la jefatura del Estado y la
del Gobierno.
Sus propuestas electorales para un nuevo mandato no han logrado
ilusionar, son percibidas como "más de lo mismo", sobre todo su idea de
retrasar la edad de jubilación o de condicionar el ingreso mínimo vital a
la prestación de algunas horas de actividad. Macron tiene aun por delante algunos días para dar la vuelta a esa
dinámica, aunque ahora gozará de menos exposición mediática, porque la
ley francesa impone el mismo tiempo de antena a los doce los candidatos.
Por ese motivo, ninguna televisión emitirá el mitin que el presidente
tendrá el próximo sábado en las afueras de París, el único evento de
masas previsto antes de la primera vuelta por el candidato a la
reelección.
El presidente tiene, además, otra piedra en su zapato: el informe del
Senado que apunta a que gastó demasiado dinero en asesores externos,
sobre todo en el estadounidense Mckinsey, que sus rivales consideran un
"escándalo de estado" que muestra la auténtica cara de Macron, la de un
liberal implacable desconectado del pueblo. EFE