REDACCIÓN | Hay partidos que deciden un campeonato y otros que marcan una época. Bajo el soleado cielo de Nueva Jersey, en el escenario reservado para la batalla final, España y Argentina se citaban para disputar el duelo que el fútbol llevaba décadas esperando. Frente a frente, la campeona del mundo en 2010 y vigente reina de Europa; y la tricampeona mundial, defensora del título, y actual dominadora de América.
Dos estilos distintos que comparten el gusto por el buen juego y cuya receta del éxito tiene como ingrediente principal el talento de sus futbolistas. España llegaba al partido definitivo en clara línea ascendente, tras rozar la excelencia en la semifinal frente a Francia, y con la ambición de repetir la hazaña lograda en Sudáfrica dieciséis años atrás.
Los de Luis de la Fuente entraron en el partido con la misma identidad que los había llevado hasta allí. Desde el inicio quedaron claras las intenciones de ambas selecciones: una España dominadora, que hizo del balón su principal arma, y una Argentina replegada, a la espera de aprovechar cualquier imprecisión española.
En el minuto 5, una combinación en el vértice del área entre Dani Olmo y Lamine Yamal dio lugar a la primera ocasión de peligro de la final, aunque el disparo del extremo español fue desviado por Lisandro Martínez y terminó en las manos de Emiliano Martínez. España avisaba. Leer más