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Internacional

GUERRA EN UCRANIA

Ucrania: resumen de una historia impresentable

23-12-2025 19:31:47
Vladimir Putin.

REDACCIÓN | José Ramón Llera Rodríguez nos da esta visión de la guerra en Ucrania, un resumen que hay que tener presente. 

La vieja y nueva URSS.La actual situación bélica que vive Europa es continuidad de la Primera Guerra Mundial, guerra que comenzó el 28 de julio de 1914, hace ya ¡111 años!, y de la que muy pocos se han molestado en informarse, y de estos la mayoría ni se acuerda, junto con los que ni saben qué ocurrió. 

La Rusia imperial entró en esta guerra cuando la gobernaba el zar Nicolás II, hasta el año 1917, fecha de su abdicación, al haberse producido la Revolución de febrero de 1917 y quedar gobernada por un gobierno provisional. El 7 de noviembre de ese año, los bolcheviques/comunistas se hicieron con el poder en Rusia. 

A partir de este momento comienza la historia de guerras y relaciones políticas entre Rusia y Europa, siendo el último escenario bélico el protagonizado por la invasión rusa de Ucrania, dirigida por Vladimir Putin, el Stalin revivido.  

En 1922 firmaron la Rusia Soviética y la República Alemana de Weimar los Tratados de Rapallo, que restablecieron las relaciones bilaterales con el fin de superar el aislamiento internacional al que les sometían las potencias aliadas que participaron en la guerra, en los planos político, diplomático y económico, y que les permitió superar las dificultades tras la guerra. 

Los Tratados de Rapallo fueron sustituidos por los acuerdos Molotov (ruso) y Ribbentrop (alemán) el 23 de agosto de 1939, o dicho de otra manera, por Hitler y Stalin. Consistían en un pacto de no agresión y reparto de Europa Oriental. En el caso de Rusia, supuso la recuperación de estados que formaban parte del Imperio Ruso y que con la Primera Guerra Mundial había perdido. 

La Segunda Guerra Mundial comenzó el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por la Alemania de Hitler. El 22 de junio de 1941, Rusia entró en la guerra porque Hitler rompió el pacto secreto de no agresión que habían firmado para repartirse Polonia e invadió Rusia. 

El punto de inflexión de la guerra en el frente soviético lo marcó la derrota de Alemania en la Batalla de Stalingrado, en los años 1942-43. A partir de ese momento el avance soviético fue imparable y culminó con la victoria en la Batalla de Berlín. Como consecuencia de ello, la URSS propició la creación de la RDA en el año 1949. Doce años más tarde, en agosto de 1961, se construyó el Muro de Berlín, que dividía la histórica capital alemana con el fin de evitar la huida de alemanes desde la parte soviética hacia la occidental. 

El 14 de mayo de 1955 nace el Pacto de Varsovia, constituido por los países comunistas del este de Europa, nacidos a la sombra de la Unión Soviética en su avance hacia Alemania durante la guerra. El 11 de marzo de 1985 el PCUS designa secretario general a Mijaíl Gorbachov y, en julio de ese mismo año, jefe de Estado de la URSS. 

El programa de gobierno que presenta a los rusos y a los países del Pacto de Varsovia está basado en la política que, según él, pretendió implantar Lenin y que no pudo llevar a cabo por su muerte, basada en el principio de la llamada “democracia comunista”: que el Partido lo sepa todo. Ni que decir tiene que la base de este proceso es la política del Partido: cuanta más democracia socialista haya, más socialismo tendremos. 

Sin embargo, las convulsiones políticas y sociales que provocaron sus iniciativas, destinadas a eliminar el poder que tenía el establishment burocrático desde la muerte de Stalin, provocaron el desgobierno en la URSS, circunstancia que aprovecharon los países sujetos al dominio soviético para librarse de él. Ello fue el detonante de la caída del Muro de Berlín en 1989, la desaparición de los países comunistas del este de Europa, la unificación de las dos Alemanias el 3 de octubre de 1990 y la disolución del Pacto de Varsovia en 1991. 

El 25 de diciembre de 1991, el aparato burocrático de raíces estalinistas de la URSS, verdadero establishment en ese momento, obligó a Gorbachov a dimitir, disolviéndose la Unión Soviética al día siguiente. Boris Yeltsin lideró la transición de Rusia hacia la pseudodemocracia que preconizó Gorbachov, siguiendo doctrinas leninistas, y que el establishment adaptó inmediatamente a la doctrina estalinista.  

Como consecuencia de ello, en el año 1999 llega al poder en Rusia Vladimir Putin, personaje que, como vemos, aplica los mismos principios para gobernar Rusia que José Stalin. Su trayectoria se mimetiza con la de este: en el tiempo que lleva gobernando, bien directamente o por personas interpuestas, cualquiera que se oponga a su dictadura es condenado a prisión en el Gulag o muerto. 

Según Gorbachov, y también para Putin y Stalin, la historia de Rusia es una parte orgánica de la gran historia europea. Rusos, ucranianos, bielorrusos, moldavos, lituanos, letones, estonios, carelios y otros pueblos de Rusia han escrito parte de esa historia. Ninguna de estas naciones ha firmado el Pacto de Varsovia. 

Para aclarar algunas dudas, Andrei Sájarov declaró poco antes de morir: por lo que se refiere a Europa, me parece oportuna la propuesta de crear una franja de 150 a 200 km de ancho que separe a las fuerzas de la OTAN y del Pacto de Varsovia. 


El comienzo de la nueva era en la vieja Europa 

Es un hecho irrefutable que quien desprecia las lecciones de la historia se ve obligado a repetirla. Y eso le está pasando a Europa. 

Sus ciudadanos y las llamadas clases dirigentes, tanto en el plano político como económico y social, desde la Segunda Guerra Mundial emprendieron el camino del olvido al despreciar el pasado y construyeron una sociedad basada en la opulencia que generaron las políticas de un desenfrenado capitalismo nada más acabar la referida guerra. 

Las generaciones nacidas a partir de 1970 mejoraron el desastre heredado cuando alcanzaron el estatus de clases dirigentes, que en síntesis es figurar y cobrar, con el inestimable apoyo del pueblo, imbuido por el espejismo de la opulencia creada durante estos 80 años. Hoy la vieja Europa se encuentra sin un lugar en el mundo y, lo que es peor, con ciudadanos y clases dirigentes sin saber qué camino tomar. 

Como todos sabemos, la Segunda Guerra Mundial la inició el Partido Nazi alemán, dirigido por Adolf Hitler y apoyado fundamentalmente por industriales y capitalistas alemanes. Los mismos que protagonizaron el llamado milagro alemán y que, como buenos creyentes, imitaron sin ninguna mala conciencia las clases dirigentes de la vieja y vapuleada Europa. 

La pregunta que los ciudadanos y esa clase dirigente nos tenemos que hacer es: ¿qué políticas se estuvieron aplicando durante estos últimos 80 años destinadas a evitar que un nuevo conflicto militar se produjese? Ninguna. 

Solo, exclusivamente, pensar en los grandes beneficios económicos de los capitalistas europeos y en la mejora de los beneficios sociales por parte de los ciudadanos de a pie, que son los que votan, en un nivel desconocido que dio lugar a bautizar este tiempo como el Estado del Bienestar. 

Hasta tal punto es así que la gran metamorfosis sufrida en Rusia no afectó lo más mínimo a las políticas diseñadas tras la Segunda Guerra Mundial: ni cuando subió Gorbachov al poder, ni cuando el borracho de Boris Yeltsin y su banda lo derrocaron, ni cuando ascendió a la presidencia el funcionario del KGB Vladimir Putin, ni siquiera cuando invadió la península de Crimea. 

Pero cuando Europa y su clase dirigente, apoyada incondicionalmente por sus ciudadanos, convencidos de que viven en el paraíso de Jauja, rizaron el rizo de la imbecilidad, fue cuando Rusia —sería conveniente empezar a definirla como la URSS para darnos cuenta de con quién estamos tratando— comenzó las maniobras de distracción previas a la invasión definitiva de Ucrania. 

En este momento, estos políticos europeos que se consideran los más listos del mundo se están empezando a dar cuenta de que los grandes beneficios del capitalismo alemán, y por extensión del europeo, así como el Estado del Bienestar, están asentados en un edificio con cimientos de barro. 

Los europarlamentarios están muy preocupados porque los ríos de lobbistas que les han estado regando durante años pueden reducir su caudal o, aún peor, secarse, y solo disfrutarán de los suculentos sueldos que perciben por sus canonjías.





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