PORTUGAL / AKIRA NUÑEZ | A medida que Portugal se aproxima al final de 2025, tres grandes temas dominan el debate público: la transformación tecnológica, el impacto del cambio climático y las condiciones laborales.
Estos ejes se han convertido en prioridades tanto para el Gobierno como para la sociedad civil.
En el ámbito tecnológico, el país avanza en la expansión del 5G, la digitalización de servicios públicos y el impulso a la innovación empresarial.
Al mismo tiempo, crece la preocupación por la brecha digital y por la necesidad de garantizar que estos avances lleguen también a zonas rurales y a colectivos vulnerables.
En materia climática, Portugal continúa reforzando su apuesta por las energías renovables, mientras enfrenta retos como la gestión del agua, la prevención de incendios y la adaptación a fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes.
Por último, el mundo del trabajo sigue siendo un foco de tensión social. Las recientes protestas laborales y los debates sobre reformas reflejan un malestar creciente ante la precariedad y la pérdida de derechos percibida por amplios sectores de la población.
Estos tres temas tecnología, clima y trabajo marcarán previsiblemente la agenda política y social portuguesa durante el invierno y a lo largo de 2026, con implicaciones directas para la relación con Galicia y el conjunto de la península ibérica y el conjunto de la península ibérica.
La economía bajo presión
Por otro lado, Portugal afronta el cierre de 2025 con señales mixtas en su economía. Mientras sectores como el turismo y la tecnología mantienen un buen ritmo, el aumento del coste de vida y la presión sobre salarios y vivienda continúan siendo una preocupación central para miles de familias.
En las últimas semanas, el debate económico se ha intensificado en torno a la capacidad del país para sostener el crecimiento sin profundizar las desigualdades sociales.
Expertos señalan que, aunque la inflación ha mostrado signos de desaceleración, los precios de bienes esenciales y de la vivienda siguen en niveles elevados, especialmente en las grandes áreas urbanas.
El Gobierno prepara ya el terreno para 2026, con especial atención a políticas de empleo, transición energética y digitalización.
En este contexto, Portugal busca mantener la confianza de los mercados sin perder de vista el impacto social de las decisiones económicas.
Para regiones como Galicia y el norte de Portugal, estrechamente conectadas a nivel comercial y laboral, la evolución económica portuguesa será clave en los próximos meses, especialmente en sectores como servicios, logística y movilidad transfronteriza.