Tranquila, bien despierta y sin llorar, atenta a todo en los brazos de su madre, la Princesa de Asturias, fue bautizada este domingo en el Palacio de la Zarzuela la Infanta Sofía de Todos los Santos. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, administró el sacramento a la segunda hija de Don Felipe y Doña Letizia y octava nieta de los Reyes, en una ceremonia privada que se celebró en los jardines de la residencia real. En el momento en que el oficiante derramó sobre la cabeza de la niña, que lleva el nombre de su abuela paterna, la Reina, el agua del río Jordán en la histórica pila de Santo Domingo de Guzmán, los nietos mayores de Don Juan Carlos y Doña Sofía abandonaron su lugar para acercase y poder ver más de cerca la ceremonia. Mientras, la primogénita de Don Felipe y Doña Letizia, la Infanta Leonor, iba de un lado a otro del jardín fijándose en todo. El altar donde se encontraba monseñor Rouco Varela y los oficiantes fue uno de los lugares predilectos de Leonor, que tuvo que ser rescatada en más de una ocasión tanto por su padre, el Príncipe, como por su abuelas, la Reina y Paloma Rocasolano, y su cuidadora. . El único nieto de los Reyes que permaneció en casi todo momento en su lugar fue el hijo mayor de la Infanta Cristina, Juan. Felipe Juan Froilán Marichalar y Borbón, muy consciente de ser el nieto mayor de Don Juan Carlos y Doña Sofía, permaneció serio y atento durante el bautizo de su prima más pequeña. La Infanta Elena, que estuvo junto a la Princesa de Asturias y acompañada por su hija Victoria Federica, tuvo detalles muy cariñosos tanto con Doña Letizia, como con su sobrina. La ceremonia comenzó pasadas las 19.45 horas y terminó casi una hora después cuando el coro de las religiosas Hijas de Santa María de Jesús, de la localidad madrileña de Galapagar, entonaron una nana expresamente compuesta para la niña, acompañándose de guitarras y castañuelas. Doña Letizia, que tuvo durante todo el acto a su hija en brazos, la estrechó con ternura y le acarició al tiempo que tuvo que atender a su hija mayor que, un par de veces, intentó ocupar el lugar de su hermana. Una imagen de Cristo Crucificado y la de la Virgen de la Ermita presidieron el bautismo, en el que el arzobispo castrense, Francisco Pérez, y otros cuatro concelebrantes asistieron a Rouco Varela, quien, como despedida, se refirió a las palabras de Cristo cuando dijo: dejad que los niños se acerquen a mi, en alusión al protagonismo que esta tarde tuvieron los nietos más pequeños de los Reyes. En el momento del bautismo, la Princesa de Asturias, sostuvo a la niña, acompañada del Príncipe y de los padrinos, la abuela materna Paloma Rocasolano, y el príncipe de Vidin, Konstantín de Bulgaria, hijo del rey Simeón, que fue primer ministro de ese país. Los Reyes siguieron el oficio religioso desde la primera fila de sillas colocadas en el lado del Evangelio, junto a los Príncipes de Asturias y sus dos hijas, y los Duques de Lugo y de Palma. En el lado de la Epístola estaba la familia de la Princesa de Asturias. Sus padres, Jesús y Paloma; sus abuelos, Menchu, Enriqueta y Francisco -bisabuelos de Sofía- y su hermana Telma, además de otros invitados, como la única sobrina de Doña Letizia, Carla. La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega representó al Ejecutivo, junto al ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que siguieron el acto también desde el lado de la Epístola, mientras que la familia del Rey y la Reina ocuparon el lado contrario. Entre los representantes de las altas instituciones del Estado que asistieron al bautizo real estaban también los presidentes Congreso, Manuel Marín; del Senado, Javier Rojo; del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, y del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Francisco Hernando, así como el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Al igual que en el bautismo de su hija mayor, entre los invitados estaba el equipo médico que atendió a Doña Letizia en el alumbramiento de la Infanta Sofía, el pasado 29 de abril en una clínica madrileña, con el ginecólogo Luis Ignacio Recasens al frente. El resto de los invitados, como los altos cargos de la Casa del Rey, el decano de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza, el Conde de Elda, y amigos de los Príncipes estuvieron también en la ceremonia. Como ya sucedió el 14 de enero de 2006 cuando recibió el bautismo la primogénita de Don Felipe y Doña Letizia, se cumplió con las tradiciones de la Familia Real española de utilizar la pila reservada para los príncipes e infantes de España desde el siglo XIX y en la que fueron bautizados los tres hijos de los Reyes; de acristianar a la niña con agua del río Jordán y de vestirla con el faldón familiar. Faldón que utilizó su abuelo, el Rey, hace 69 años, y después sus hijos, el Príncipe y las Infantas, y sus descendientes. Rouco vertió el agua traída desde Tierra Santa con la concha de plata sobredorada de la capilla del Palacio Real que se utiliza siempre en los bautizos de la Familia Real. Una vez terminada la misa, los Príncipes, ella con Sofía en brazos y él con Leonor, se acercaron hasta la imagen de la Virgen de la Ermita del Palacio de la Zarzuela para ofrecerle a la niña. Tanto al inicio como al término del oficio religioso, los Príncipes y los Reyes saludaron a los oficiantes y a las religiosas del coro antes de pasar a disfrutar de un vino al que seguirá una cena con los familiares más allegados. Antes del bautizo, la Familia Real y la de la Princesa de Asturias posaron en el salón de audiencias del Palacio para el álbum familiar. Doña Letizia llamó la atención de los periodistas sobre los ojos de la Infanta Sofía en su segunda aparición pública tras la salida de la clínica el pasado 4 de mayo. La Princesa comentó que la niña pesaba más que su hermana y que reclama más atención, mientras que Don Felipe indicó que al nacer se parecía más a Leonor que ahora.