El Príncipe de Asturias acudió este lunes a la Escuela Naval de Marín, donde presidió la jura de bandera de 64 alumnos y la entrega de reales despachos a 96 oficiales de la Armada. Como es habitual, el acto se celebró coincidiendo con la festividad de la Virgen del Carmen (patrona de la Armada Española), y con la ovación de los familiares y amigos de los alumnos. Felipe de Borbón hizo acto de presencia a las 11.40 horas (estaba previsto el comienzo de la ceremonia a diez minutos antes), fue recibido por los responsables de la escuela y autoridades políticas gallegas (acudió, entre otros, el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño) y procedió a pasar revista al batallón de alumnos. Comenzaron, entonces, los honores de ordenanza, a golpe de "Viva España" desde el buque escuela "Juan Sebastián de Elcano" y de la fragata "Almirante Juan de Borbón". También sonaron, desde estos puntos, las armas. Como se suele hacer en grandes ocasiones, se escucharon hasta 21 tiros. A partir de ahí, sonó el himno español con la incorporación de la bandera al lugar por el que luego pasarían los alumnos, y salió el sol, tras un comienzo de la mañana lluvioso. La misa comenzó con calor y con el príncipe colocado a la derecha del arzobispo castrense, Francisco Pérez González, y otras autoridades como el ministro de Defensa, José Antonio Alonso, o el Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, Sebastián Zaragoza Soto. No faltó, en esta jornada, la Salve Marinera, posterior a la misa, que dio paso al homenaje a los caídos, a los que "murieron con honor" por la patria, colocando una corona. Tras recordar a los que perdieron la vida, los 64 alumnos se prepararon para efectuar el juramento a la bandera, entre ellos una mujer y un hombre tailandés. Uno a uno, fueron desfilando y besando a la bandera, bajo la que pasaron, posteriormente, de tres en tres, manifestando así su compromiso a defender a la patria "aún a costa de la vida". A su paso, gritos emocionados de familiares y amigos, que esperaban el momento desde las gradas habilitadas para la ocasión. No acabó ahí la ceremonia, pues cuatro de los alumnos recibieron condecoraciones por ser el número uno de su promoción. Esto es, recibieron la Cruz del Mérito Naval con Distintivo Blanco, si bien al Alférez de Navío, Marcos Rafael de Sousas Fuchs, que obtuvo las más altas calificaciones en su cuerpo y escala, le fue entregado un premio por parte del presidente de la Xunta. Después comenzó la entrega de los reales despachos, que acreditaron como oficiales a 96 alumnos (entre ellos cuatro mujeres), que a partir de ahora partirán hacia otros destinos, más allá de la Escuela Naval de Marín. También estos, desfilaron bajo la bandera, para despedirse de la escuela. El comandante director de la Escuela Naval Militar de Marín, José Luis Urcelay Verdugo, pronunció el discurso de jura de bandera y entrega de despachos, agradeciendo a Felipe de Borbón su asistencia a "un acto como aquel del 16 de julio de 1987, hace hoy veinte años, en el que recibisteis vuestro despacho de oficial de la Armada de manos de Su Majestad el Rey". Fue también, aseguró, coincidiendo con la "festividad de nuestra patrona", que protege a los navegantes españoles "de las cinco marinas: la Armada, la Mercante, la de pesca, la deportiva y la científica". Después de dirigirse al Príncipe de Asturias y a las autoridades presentes, el comandante dedicó unas palabras a los aspirantes, asegurando que el "juramento o promesa que acabáis de hacer es un compromiso de servicio a la Patria que, aunque alcanza su expresión más sublime en el sacrificio de la propia vida, se demuestra de forma ordinaria en el cumplimiento fiel de nuestras obligaciones". Esto es así, añadió, porque "la obediencia y el cumplimiento del deber constituyen y fundamentan nuestro honor", de ahí que pida a los alumnos que tengan "siempre presente la lealtad". A los oficiales, les recordó que el de hoy es "un hito fundamental en vuestras carreras" y les animó a que "el hábito de estudio, la mentalidad abierta para afrontar el cambio y la inquietud intelectual" sigan dominando "vuestra carrera". Les sugirió, además, escuchar a los "subordinados" y conformar un "equipo eficaz al que todos se sientan orgullosos de pertenecer". Con esto, un "¡Viva España!, ¡Viva el Rey!", el Himno de la Armada (que también cantó el Príncipe) y un desfile final, concluyó la fiesta.