Estudiar la carrera de Medicina fue un sueño que se fue instalando a lo largo de los años en la cabeza de Alejandro Riveiro, sueño que podrá materializarse a partir del próximo mes de octubre con toda seguridad, pues su nota ha sido la más alta de Galicia. Con un 9,95 en la calificación global, en la rama de Ciencias de la Salud, Alejandro supera ampliamente la nota de corte de Medicina y podrá entrar en la Universidad de Santiago de Compostela con la cabeza bien alta. Su expediente se puede adjetivar como brillante: un 10 de nota media en el Bachillerato y un 9,88 como media en las pruebas de selectividad. "En el selectivo lo más importante es el tiempo", explica Alejandro. No dejarse vencer por los nervios y saber calcular el tiempo que le debes dedicar a cada pregunta es lo esencial para poder superar la prueba. "No puedes darle muchas vueltas a cuál de las dos opciones del examen debes elegir", la clave es ahorrar el tiempo. "Además este año hemos tenido suerte, Galicia ha sido una de las comunidades que más tarde ha hecho los exámenes y hemos tenido tiempo para estudiar", afirma. Para los estudiantes de bachillerato esta época es una época crítica, "renuncias a parte de tu vida para preparar el selectivo", en donde se decide buena parte de su futuro, "pero luego puedes disfrutar del verano más largo de tu vida y relajarte". El secreto para poder superar las pruebas de selectividad son "la tranquilidad y la confianza en sí mismo. Al final lo que pintan los profesores no es para tanto", pero hay que saber cómo gestionar el tiempo de estudio y llevar las cosas al día. También considera que "es necesario desconectar y cambiar de mentalidad de vez en cuando. Es importante preocuparse sólo cuando te tienes que preocupar". Como si fuese una premonición, Alejandro Riveiro realizó los exámenes de selectividad en la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela. "No me ha dado tiempo para conocerla, porque estaba concentrado en las pruebas, pero sin embargo me gustó y he de pasar ahí los próximos años de mi vida". El padre de Alejandro es enfermero y en parte su deseo de ejercer la medicina le viene de sangre. "De pequeño a veces mi padre me llevaba al hospital, y yo me perdía en los laboratorios, entre microscopios y muestras de microbios", recuerda. Estas experiencias y la convivencia directa con la profesión fueron formando en la cabeza de Alejandro la ilusión de conocer a fondo la medicina. Al pensar en la Universidad, este futuro médico no duda de definirla como "peligrosa". La percepción que Alejandro tiene es que "los profesores no andan encima de uno tanto como en el Bachillerato", por lo que va a ser importante saber organizarse para poder mantener un expediente tan sobresaliente como el suyo. "Corres el riesgo de que llegues al mes de junio y tengas que decir: ¡papá, mamá: sólo saqué una!".