Sociedad
11-07-2008
Un árbitro de la liga de fútbol de la Primera División bielorrusa se convirtió en auténtico protagonista de un partido por la alta cantidad de alcohol que corría por sus venas. Aunque parecía que el buen hombre sufría un insoportable dolor de riñones por la curvatura que dibujaba su espalda, lo que en realidad tenía era una borrachera como un piano que le dificultaba mantener la verticalidad.
Y de esa guisa salió a arbitrar el encuentro, hasta que los entrenadores de los equipos contrincantes, el segundo colegiado y hasta los recogepelotas salieron en su ayuda para que dejara de hacer el ridículo. Pero el señor, sin duda cargadito de vodkas, se resistía a abandonar el terreno de juego, convencido de que él podía hacerlo mejor que nadie. Finalmente cedió, y entre aplausos del público, el divertido árbitro se fue al vestuario a darse una buena ducha.
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