Internacional
18-07-2008
Sudáfrica celebra el 90 aniversario de Nelson Mandela, un símbolo de la reconciliación en un país sumido en las dudas y la nostalgia por su liderazgo. Los periódicos publicaron suplementos y llenaron sus páginas de tributos hacia un hombre considerado el padre de la Sudáfrica moderna. Las cadenas de radio le rindieron tributo durante todo el día. "Nos dio la libertad. Si no fuera por él, no estaríamos donde estamos. Gracias a él, ahora podemos caminar libremente. Puedo ir al colegio que quiera y encontrar un trabajo", dijo la estudiante Barbara Phofo, de 20 años, en Johanesburgo.
En una muestra de lo respetado que es, el periódico Beeld, publicado en afrikaans, la lengua de los blancos a cuyo derrocamiento dedicó su vida, dedicó 12 páginas de tributos e historias sobre el ex presidente.
Tras seis meses de celebraciones internacionales, el frágil Mandela pasó el día de su cumpleaños con familiares y amigos en la casa de su infancia en Qunu, desde donde pidió a los ricos de la mayor economía africana que compartan su riqueza con las legiones de pobres que lo siguen pasando mal, 14 años después del fin del dominio blanco.
"Hay muchas personas en Sudáfrica que son ricos y que pueden compartir esas riquezas con quienes no son tan afortunados y no han podido vencer a la pobreza", dijo Mandela, con una de sus vistosas camisas. "La pobreza ha oprimido a nuestro pueblo. Si eres pobre, probablemente no vivas mucho", dijo, sentado junto a su tercera esposa, Graça, viuda del ex presidente mozambiqueño Samora Machel, con quien se casó hace ahora 10 años.
Sus nietos le rodearon para desearle feliz cumpleaños y darle un beso. Mandela dijo que deseaba haber pasado más tiempo con su familia durante su vida, dedicada a combatir el apartheid, incluidos 27 años en la cárcel. "Pero no me arrepiento", dijo.
Esperanzas perdidas
Tras la euforia desatada cuando se convirtió en presidente en 1994 y usó su ejemplo inspirador para unir al país y evitar una potencial guerra civil, muchos creen que la promesa que simbolizó se ha esfumado.
El amor y el respeto por Mandela se ha incrementado incluso en la década posterior a su marcha del poder, en 1999. Sincero e inflexible, se dedicó a hacer campaña por los derechos humanos, desde la represión política al sida.
Muchos tributos expresaron nostalgia por su etapa en el gobierno y esperanzas por que permanezca como un espíritu guía durante mucho tiempo.
"Mi deseo es que disfrutes muchos años más de buena salud y que continuemos beneficiándonos de tu sabiduría y ejemplo", dijo Ahmed Kathrada, ex compañero preso con Mandela en la isla de Robben.
"Mi deseo sería que vivieras para siempre, que los líderes futuros puedan ser como tú", dijo Delaine Kirsten en una calle de Johanesburgo.
El sucesor de Mandela, Thabo Mbeki, ha sido muy criticado por no lograr estrechar la brecha entre ricos y pobres, que está generando inquietud laboral, y al que afecta también una crisis energética que amenaza con dañar la economía.
Desmond Tutu, otro activista contra el apartheid y también laureado con el Premio Nobel, dijo: "Hemos sido bendecidos. Se ha convertido en el estadista más admirado del mundo, un icono del perdón y la reconciliación, un coloso moral".
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