Las empresas de fuera lo tienen claro, Galicia es un chollo. Nos deslumbran con cuatro abalorios y después se lo llevan calentito. Lo hicieron con el sector energético, la obra pública, las cadenas de radio y ahora las autopistas. Y aquí nos quedamos con cara de parvos pero sin aprender la lección. Se comenta ya que el ilustre Salgado pretende repartir las nuevas emisoras entre las cadenas estatales, ésas que han incumplido todos los requisitos que figuraban en las bases del pliego de adjudicación. Ni han creado un nuevo empleo, ni han montado las emisoras donde les fueron adjudicadas, ni hacen las horas de producción propia a las que se comprometieron ni emiten un minuto en gallego salvo si se lo pagan. Es decir, han cometido fraude, han estafado a los gallegos y la Xunta mira para otro lado y no reclama la devolución de esas frecuencias tal y como estipula la ley. Y ahora encima las quiere premiar con nuevas adjudicaciones. La cosa acabará en los tribunales, seguro, se lo garantizo.