La CIG va por libre y hay que agradecérselo. Con el seguidismo de UGT y CCOO ya es más que suficiente. Y hay que entenderlo, el pesebre es el pesebre. Pero la central nacionalista, fiel a su tradición, no se casa con nadie. Por eso no se corta un pelo al catalogar de rácanos los presupuestos presentados por Fernández Antonio, los menos expansivos desde 1.993. Con un par, de argumentos, claro.