La exigencia de una fotocopia del DNI o del pasaporte ha dado al traste con el trabajo que hasta ahora habían realizado los recaudadores de votos. Iban con la pasta por delante, diez euros el sufragio. Además de prevaricar, ahora tendrán que falsificar un documento público. La cosa se les complica y si los cachan pueden acabar entre rejas. Por lo menos que no les salga gratis.